No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada dia es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento.
MARIO BENEDETTI
@lafm#ApoyoDoñaSegunda#DoñaSegunda
Todos a comprar dónde Doña Segunda. No olviden la chicha que venden al frente y pedir la factura para la declaración de renta.
"Querer al otro cuando está en la abundancia es fácil. El verdadero reto es quererlo cuando tiene la vida enredada y muy pocas ganas de seguir, cuando no puede ofrecerte nada, y al contrario, requiere de ti."
@Bogota Por fin termina el periodo de una alcaldía nefasta, intransigente y prepotente. Mis mejores deseos a @CarlosFGalan y con la esperanza de una Bogotá mejor. Movilidad, seguridad, aseo y celeridad en las obras serán los puntos álgidos en la nueva administración.
@Bogota Por fin termina el periodo de una alcaldía nefasta, intransigente y prepotente. Mis mejores deseos a @CarlosFGalan y con la esperanza de una Bogotá mejor. Movilidad, seguridad, aseo y celeridad en las obras serán los puntos álgidos en la nueva administración.
@CarlosFGalan@Bogota#picoyplaca Señor alcalde. Agradeceríamos mucho si al menos la primer semana del año, se levanta el pico y placa. Con mucha fé en el cambio!!!
Encontré esto es Facebook, me pareció interesante compartirlo con ustedes mis seguidores y amigos.
RT
Cuando en 1973 Roberto Gómez Bolaños (Chespirito) creó la serie de humor "El Chavo del 8" no imaginó que su personaje Doña Florinda iba a dar pie a uno de los tres síndromes que infectan al pueblo trabajador de América Latina y, por qué no, al mundo entero.
El síndrome de Doña Florinda fue acuñado por Rafael Ton, que escribió un libro con ese título. Los "Doña Florinda" o "Don Florindo" son las personas pobres que odian o desprecian a sus pares. Es decir a sus vecinos o gente de su clase social. Los doña Florinda no son de clase media... son pobres. Algunos de ellos (ellas) viven en barrios de clase media para creerse lo que no son. Todos en la vecindad del Chavo del 8 eran pobres, porque todos ellos eran dueños de nada. No tenían casa propia y debían pagar mes a mes el derecho a un techo a un obeso recaudador llamado Señor Barriga.
Doña Florinda era tan pobre como todos, excepto por una pensión que le dejó don Federico (el papá de Quico), un marino mercante que se perdió en alta mar. Con esa pensión pagaba religiosamente la renta y mantenía muy limpio y elegante a Quico en su traje de marinerito, además de comprarle todos los juguetes y caramelos que a Quico se le antojaban. Mientras lo miraba el Chavo... siempre con hambre.
Como detestaba a sus vecinos, doña Florinda andaba siempre enojada. Con una mueca en el rostro, como oliendo caca. Sólo sonreía cuando aparecía el profesor Jirafales, con un humilde ramo de rosas. El maestro Longaniza también era pobre, cobraba el salario mensual de un profesor de la educación pública.
Como odian a los de su clase los doña Florinda votan a la derecha... o a los intereses de la derecha. Putean cuando escuchan la palabra socialismo o populismo, mientras le meten más papas a la olla para hacer rendir el guiso. Repiten como loros "no queremos ser Venezuela", como si vivieran en Manhattan o el Principado de Mónaco. Y no se juntan con la chusma. Aunque Doña Florinda colgaba sus calzones en el mismo tendal donde don Ramón colgaba sus calzoncillos.
Demasiados síndromes están enquistados en la clase trabajadora, para suerte de los ricos y poderosos. Y para desgracia de tantos niños con hambre y sin futuro, como el Chavo del 8.