La cátedra ciudadana en Venezuela es de leyenda:
📍Hospitales surtidos y abarrotados de donaciones que tenían décadas sin recibir insumos. Otros hospitales en vías de recibir insumos por ciudadanos.
📍Mínimos saqueos.
📍Comerciantes donando equipos, colchonetas y comida.
📍Voluntarios donando comida y agua.
📍Familias organizando y preparando comida a voluntarios y rescatistas.
📍Ciudadanos comprando comida y enseres para donar.
📍Voltuntarios movilizándose por propia iniciativa ante caos de logística y liderazgo.
📍Rescatistas trabajando abnegadamente con limitados (o nulos recursos)
📍Mapeo en tiempo real de desaparicidos, fallecidos y aparecidos con diversas iniciativas de herramientas web.
📍Hombres sacando la casta movilizando escombros a pulso, sin protección.
📍Motorizados movilizando a paramedicos, voluntarios y hasta llevando donaciones.
📍Niños sin familiares conocidos siendo atendidos por otras familias.
📍Camiones de constructoras privadas colaborando para recoger escombros.
📍Voluntarios llevando directamente donativos al pueblo sin pasar por centros de acopio.
📍Facilitacion de logística de movilización de voluntarios por voluntarios.
Si. Venezuela esta demostrando que podemos tener un Estado mínimo, reducido, funcional y efectivo sin los parásitos militares en situaciones de emergencia nacional.
¿Cómo no estar orgulloso de ésta gran nación?
💪🏽🇻🇪
Ni a Disney se le hubiera ocurrido una imagen más conmovedora: Un perro golden retriever permaneció abrazando y protegiendo a una gatita gravemente herida entre los escombros, mientras ladraba sin descanso hasta llamar la atención de los equipos de rescate. #Venezuela 🇻🇪
🚨 ATENTOS | Lo que empezó como show terminó en aprehensión en Playa Conomita.
PoliGuanta les retuvo equipos y vehículo a los responsables de la contaminación sónica.
Mi hijo tenía 7 años cuando le compré su primera consola.
Era fácil. Lo ponía a jugar y yo me ponía a trabajar.
Nadie molestaba a nadie.
Así pasaron cuatro años.
Hace tres semanas su profesora me pidió una reunión.
—Su hijo es muy callado —me dijo.
—Siempre fue tranquilo —le respondí.
—No es eso. Cuando les pregunto qué hacen con su familia… él dice que juega solo.
Me quedé quieto.
—¿Solo?
—Dice que su papá trabaja y su mamá viaja. Que él juega mientras espera que lleguen.
Manejé de vuelta a casa sin música.
Entré. Mi hijo estaba frente a la pantalla con audífonos.
Apagué el televisor.
Se dio vuelta asustado.
—¿Quieres jugar algo conmigo? —le pregunté.
Me miró como si le hubiera hablado en otro idioma.
—¿Tú? ¿Conmigo?
—Sí.
—¿No tienes trabajo?
Tenía once años y ya sabía que el trabajo siempre ganaba.
Jugamos dos horas esa tarde.
Me ganó cuatro veces.
Se rio como no lo escuchaba reír hace mucho.
Esa noche, cuando fui a apagar la luz, me preguntó:
—Papá, ¿mañana también juegas?
—Sí —le dije.
No sé si lo voy a cumplir siempre.
Pero sé que si no lo intento,
cuando sea grande no va a recordar que trabajé mucho.
Va a recordar que nunca estuve.
Y eso no tiene vuelta atrás.
Vengo de China jodidamente preocupado.
Ahora entiendo por qué estamos en la ruina.
Nos dicen que aquí estamos en el mejor momento. Pero mi sensación al volver de China es que estamos muertos.
En España ya no tenemos capacidad de producción.
Date una vuelta por cualquier polígono industrial. Antes se fabricaban cosas. Ahora, solo ves almacenes y restaurantes.
Nos hemos acostumbrado a comprarlo todo fuera y eso nos está pasando una factura carísima.
El problema son los oficios:
• Los torneros y fresadores tienen más de 50 años.
• En diez años, nadie sabrá hacer un molde o una matriz.
• Cuando esa generación se jubile, se acabó.
Nos hemos vuelto un país totalmente dependiente.
Solo producimos aquí lo que caduca rápido.
Como las fresas, porque no da tiempo a traerlas en barco.
Para todo lo demás, dependemos de China.
Ellos tienen la tecnología, los móviles y los ordenadores.
Y están encantados de que seamos así de dependientes.
Tenemos que preservar nuestra capacidad de fabricar. Porque un país que no produce nada, es un país sin futuro.
Aunque nos digan que vamos bien.