Cuando un cliente te hace el favor de quejarse, es porque aún no ha perdido la esperanza de entenderse contigo. Es tu mejor oportunidad para salvar el día, resolver el problema y poner en alto la imagen de tu marca.
Una queja es la hora de Superman, o de Popeye, cuando se come las espinacas: ante un problema, la respuesta razonable es volcar todos los recursos a tu alcance para arreglar las cosas rápido, bien, a la primera y por las buenas, sin excusas, sin estorbos y sin fricción.