OpiniónEE | Volteo de culpas: el reencuadre genial de Abelardo de la Espriella
Un politólogo extranjero me preguntó “¿cómo fue posible que en Colombia –un país que ha sufrido tanto el narcotráfico– un abogado que defendió narcotraficantes pudo alcanzar la presidencia y no por descarte de segunda vuelta sino por decisión de los votantes desde primera? ¿Y cómo es posible que Estados Unidos lo hubiera bendecido?”. Le dije que acá llamaríamos la pregunta “¿dónde está la bolita del triunfo De la Espriella?”.
Abelardo de la Espriella era un candidato presidencial inviable: no tanto por su desconocimiento de los asuntos de Estado, que le permitía presentarse como outsider enemigo de la clase política –el clásico populismo de derecha–, sino por su trayectoria profesional: décadas defendiendo paramilitares, narcotraficantes procesados en Estados Unidos, congresistas condenados por parapolítica, al cerebro de DMG, al lavador del madurismo, con congresistas estadounidenses pidiendo investigar el origen de sus inversiones en ese país.
El estratega político de De la Espriella le dijo a Noticias Caracol que “las campañas no se ganan con la razón, con las propuestas... para ganar elecciones unipersonales se tiene que mover emoción, sentimientos”. Lo que pareció una confesión descarada, en realidad disfrazaba la verdadera estrategia: que la mejor defensa es el ataque, atacar las propias debilidades con propuestas que las neutralizaran. Sin cuatro propuestas clave, De la Espriella no sería presidente. Las sazonó con emoción: derroche de símbolos copiados, videos y puestas en escena tipo entretenimiento.
La bolita estuvo en el volteo de culpas: convertir los cuatro puntos débiles del candidato en sus principales fortalezas mediante propuestas programáticas. Hacen parte del paquete de conceptos que llamó “extrema coherencia”: 1. la conversión religiosa de ateo a gobierno beato para atajar posibles dudas éticas sobre su pasado profesional; 2. la guerra contra el crimen organizado para justificar que quien fue abogado de criminales sería ahora quien los cazaría; 3. la persecución contra la corrupción del gobierno saliente para despejar dudas sobre la procedencia de la fortuna del candidato; 4. la devoción ciega por Trump para que, a cambio, el actual gobierno de Estados Unidos certificara que no tiene objeciones sobre el pasado profesional del candidato.
Las estrategias de reencuadre no son nuevas, pero De la Espriella la perfeccionó. Berlusconi impulsó las leyes ad personam, normas a la medida de sus problemas judiciales dirigidas contra fiscales supuestamente politizados en su contra. Bukele construyó su mano dura contra las pandillas con que, según revelaciones periodísticas, había negociado. Trump reencuadró sus debilidades judiciales como persecución política de un “gobierno corrupto” y justificar su regreso al poder.
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El gobierno que entra sigue dándole la espalda a la clase trabajadora y mostrando las cartas de quienes son sus verdaderos aliados. Creemos que las empresas y los empresarios son motores muy importantes y fundamentales de nuestra economía, pero darle condiciones justas a quienes trabajan para ellos, sencillamente es equidad social.
El estúpido de @EduardoLuisFut#LALIGAxWIN dice que: “no somos quiénes para criticar los símbolos de las banderas”; el solo comentario es estúpido. ¿Te parece sensato que alguien se mate por una bandera?
La primera dama, Ana Lucía Pineda, lanzó una campaña para los damnificados del terremoto y uno de los canales oficiales de donación lleva directo a una fundación que ella misma representa. La ONG fue constituida el 7 de julio, apenas semanas antes de la tragedia. Lee los detalles aquí. https://t.co/toh9OfScoQ
Así como ha habido muy buenos nombramientos del nuevo gobierno, también ha habido otros bastante flojos. Lo que sí quedó claro muy rápido es que el cuentico de los “nunca” era carreta pura y dura.