Presidente de la República, vecino de corazón
--
"Yo jamás confiaría en una historia que necesite una hoja de cálculo, 3 conferencias de prensa, un video explicativo y una entrevista entre gallos y medianoche con 4 periodistas elegidos a dedo"
@dannyviLe
https://t.co/2IZDbw1iRd
La especificación es el programa ahora
--
Notable texto de @lcsm1966, que se despide sin melancolía del mundo de "picar códigos", luego de haber encontrado el alma de su profesión de desarrollador de software. Para entendidos y legos.
https://t.co/F0p1Q5HgO2 vía @Contraviento_uy
Inmensamente complacido de contarles que hoy mandamos el tercer artículo de este año, esta vez al Journal of Chemical Physics. Se trata del estudio de un problema de colisiones de moléculas en régimen ultrafrío, que tiene importancia para computadoras cuánticas. Crucemos los dedos.
Comer un huevo duro es sencillo. Pelarlo se ha convertido en una disciplina experimental donde participan químicos, físicos, cocineros, chamanes y gente que tiene demasiado tiempo libre.
👇👇👇
https://t.co/O3zNlbszGu
#HistoriasIncreíbles
Hace unas semanas intenté pelar un huevo duro. No comerlo. Pelarlo.
Son dos actividades completamente distintas.
Comer un huevo duro es sencillo. Pelarlo se ha convertido en una disciplina experimental donde participan químicos, físicos, cocineros, chamanes y gente que tiene demasiado tiempo libre.
Porque el huevo moderno no quiere ser pelado. Antes sí.
Los huevos de mi infancia eran cooperativos. Uno golpeaba la cáscara contra la mesada, la hacía rodar un poco y la cáscara salía entera, como un sobretodo elegante que el huevo se quitaba para entrar a una fiesta.
Hoy no.
Hoy uno empieza a sacar la cáscara y la cáscara se lleva media clara. Después otro pedazo. Después otro. Y al final queda una esfera blanca llena de cráteres, como si hubiera atravesado un bombardeo táctico.
La gente dice que existen técnicas. Siempre aparece alguien que dice ese tipo de cosas.
- Hay que poner bicarbonato.
- No. Vinagre.
- Tiene que entrar con el agua fría.
- No. Con el agua hirviendo porque el shock térmico separa la membrana.
- No. Tiene que estar tibia.
- No. Tiene que salir caliente.
Una señora en internet recomendó algo llamado "baño maría inverso". No sé qué es, y tampoco me interesa bañarme haciendo paro de mano. Suena más a castigo medieval que a receta.
Probé todo. Bicarbonato. Vinagre. Agua fría. Agua caliente. Agua emocionalmente disponible.
Nada funcionó.
La cáscara seguía arrancando pedazos de clara con una crueldad que yo asociaba únicamente a ciertos compañeros de escuela.
Mi madre observó uno de mis intentos.
-Vos siempre elegís los huevos complicados.
-¿Cómo voy a elegirlos? Vienen en una caja cerrada.
-Ellos se dan cuenta.
-¿De qué?
-De que estás nervioso.
-¿Los huevos?
-Sí. Como los perros te huelen antes de atacarte.
-Los perros no hacen eso.
-Hacen exactamente eso.
-¿Y los huevos cómo se dan cuenta?
-Por las huevormonas.
-¿Las qué?
-Las huevormonas. Las largás cuando dudás. El huevo las siente y se pone a la defensiva.
-¿Me estás diciendo que el huevo detecta mi inseguridad?
-Claro. Por eso conmigo no pasa.
Mi madre siempre atribuyó a mi personalidad fenómenos que normalmente pertenecen a la física. Según ella, las tostadas se queman porque soy ansioso. Los ascensores se rompen porque transmito indecisión. Y ahora los huevos se aferran a la cáscara porque detectan mis huevormonas.
Decidí consultar a mi primo Carlos, que es psiquiatra. O al menos eso creemos. Tiene un consultorio, usa anteojos y cobra caro. Son tres señales bastante convincentes.
Le conté el problema.
Carlos permaneció en silencio unos segundos.
-¿Y si el huevo no quiere separarse?
-¿De la cáscara?
-Sí.
-¿Por qué no querría?
-Miedo.
-¿Miedo a qué?
-A enfrentar el mundo exterior.
Me explicó que la cáscara había sido su hogar durante semanas. Su estructura de contención. Su zona segura. Y que quizás arrancarla de golpe generaba resistencia.
-¿Me estás diciendo que el huevo tiene apego emocional?
-No lo descartaría.
-Es un huevo.
-Vos también sos un conjunto de proteínas con problemas de adaptación.
La verdad es que no supe cómo responder.
Durante unos días observé los huevos de otra manera.
Noté que algunos parecían tensos. Otros resignados. Uno particularmente agresivo.
Empecé a preguntarme si existirían psiquiatras especializados en huevos.
Consultorios pequeños.
Sillones diminutos.
Huevos acostados hablando de sus inseguridades.
-Doctor, tengo miedo de independizarme de la cáscara.
-Es natural.
-¿Y si allá afuera me convierto en torta pascualina?
-Trabajaremos esa angustia.
Llegué a pensar que quizás el problema no era técnico sino psicológico.
Quizás los huevos de antes eran distintos. Más maduros. Más empáticos. Aceptaban el proceso. Entendían que la separación era parte de la vida.
Los de ahora no.
Los de ahora se aferran. Negocian. Litigan. Presentan recursos.
Y cuando uno intenta pelarlos, se llevan media clara en señal de protesta.
Ayer arruiné otro.
Lo miré durante varios segundos. Parecía un planeta devastado por una guerra civil.
Mi madre pasó por la cocina.
-¿Ves? Lo apuraste.
Y yo ya no sé.
Capaz tiene razón.
Capaz los huevos modernos necesitan terapia.
O capaz los que necesitamos terapia somos los que seguimos intentando pelarlos esperando que vuelvan a ser como eran antes. Porque si hay algo que me preocupa de todo esto, no es el huevo.
Es que llevo tres semanas discutiendo con uno y todavía siento que él tiene mejores argumentos que yo.
Hasta la próxima, si es que hay.
@El_Viejo_Pablo Te faltan opciones. Yo, por ejemplo, no creo que el tema esté agotado, hay mucho por aclarar. Pero no creo que Orsi deba renunciar. La oposición debe apuntalarlo a cambio de establecer un rumbo claro y tomar acciones contundentes.
https://t.co/iP7zRAOtLw