"Ese cariño, en ciertos momentos, enfría el corazón pesa el alma. Tu mano está fría, la mía arde como el fuego.
Qué ciega estás, Nastenka!... ¡Oh, qué insoportable es a veces una persona feliz! Pero no podría enfadarme contigo".
“¿Cómo pude estar tan ciego, cuando todo lo había tomado ya otro, cuando nada era mío; cuando, en realidad, su misma ternura hacia mí, su ansiedad, su amor... sí, su amor por mí, no era otra cosa que alegría ante la idea de ver a otro hombre tan pronto.”