Ustedes son unos desagradecidos con el tipo que nos sacó del pozo. Manga de cagones, salir a pegarle a Scaloni ahora es bien de hijo de puta. Sigan hablando, nos vemos en la Copa América los que siempre bancamos.
Mi análisis en frío es que en el Mundial 2026 vimos otra versión de La Scaloneta. Un equipo que llegó a la final por jerarquía, por el poder de la unión del grupo, por destellos, por Messi. Nunca brillamos como en Qatar.
Dicho esto, uff… Egipto, INGLATERRA. El corazón de este seleccionado nos regaló momentos inolvidables que uno no puede ignorar ni pasar por alto. Argentina es fútbol y espíritu. En cuanto al juego pusimos una vara ilógica, porque Qatar no fue lógico. El espíritu estuvo ahí siempre. Y quizás por eso también duele tanto.
Hubo errores; creo que se gestionaron mal las cargas, sobre todo en el mediocampo. Se plantearon mal algunos partidos -Suiza, por ejemplo-. Todo eso repercutió en la final: se hizo lo que se pudo con el tanque vacío. Por eso no hay que apuntar a ninguna individualidad. El equipo llegó mal.
No seamos injustos: Argentina fue campeona de todo en los últimos 5 años porque era la mejor. Algún día iba a dejar de serlo: España es un equipazo y ganó muy bien. No seamos autodestructivos: no somos una mierda. Simplemente ya no somos los mejores y no pasa nada.
Se vienen tiempos difíciles, de renovación y cambios: ojalá los afrontemos con Lionel Scaloni en el cargo.
La gratitud para este grupo es eterna: no existe nada peor que ser desagradecido.
¿O me vas a decir que no te sentiste representado en estos 5 años?
A los que estaban esperando con cuchillo y tenedor. Disfruten, coman que seguro tenían hambre desde hace rato. Un equipo memorable que no dio respiro durante 5 años. Goleadas legendarias, momentos épicos. Hay mil episodios por contar de estos tipos con mil sonrisas de por medio.
@JuannDis Los movimientos y desmarques de Bellingham no los va a seguir Paredes. Va contra sus características y lo cansaría mucho. El problema no está ahí por lo que yo no pondría línea de 3, siempre y cuando el plan sea sacarle la pelota a Inglaterra, claro.
"EL QUE NO SALTA, ES UN INGLÉS" 🫣🎶🇳🇴
▶️ Hinchas noruegos y argentinos en Blest Bar, Palermo, palpitando la previa de los cuartos de final entre los Vikingos Rojos e Inglaterra 🏆
🎥 @dantedirocco_
Muy interesante lo que plantea un periodista uruguayo. Seguramente el fracaso de Bielsa se explique no solo por el cambio de Valverde con España. El fútbol no deja de ser una reserva de valores y costumbres de los países y, probablemente, Bielsa trató de reestructurarlo.
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
Desde la temporada 2015, los equipos que ascendieron son, salvo excepciones, los mismos que descendieron. El formato no cambió la variable: los equipos estables se mantienen, los que suben de casualidad bajan.
Cuando Artime era jugador, a los años Belgrano quebró…
🇦🇷🧠 La opinión de Luis Fabián Artime sobre el fútbol argentino, tras la final del Torneo Apertura entre Belgrano y River Plate:
«Fue una final fantástica. Dos equipos que querían salir campeón con una jerarquía bárbara. El fútbol argentino está bien. Por algo nos vienen a buscar. Este formato de campeonato hace que podamos competir.
Yo estuve en el año 1992 en Belgrano y peleábamos el descenso todos los años. Salía campeón River, Boca, Independiente, Racing. Ahora podemos competir y estamos competitivos nosotros. Y eso es un acierto de la Asociación del Fútbol Argentino. Digan lo que digan.
Si hubiera veinte equipos, hoy Independiente Rivadavia, Talleres, Instituto, Belgrano, Platense, seguramente cada dos años nos vamos al descenso»
[@351Deportes - @MatiCalandri_]
@rustyy0_ No es tan probable que siga. Está en evaluación su continuidad. Por eso el DT insistió ayer con Montiel en su posición luego de partidos intrascendentes como con Riestra y San Lorenzo. De hecho, si Montiel hubiera estado óptimo desde lo físico, también jugaba con Central.
La pérdida del medio gráfico le quitó mucho al fútbol. Mirá lo que hacía Olé, que era el Mostaza de la gráfica. El ritual era ir a comprar el diario, ver la tapa. Ahora esperar una reacción en caliente de algún roñoso empastillado.
Y pensar que por acá dijeron que Vaccari con River salió a defenderse. Nunca se valora el presente, siempre el pasado es mejor y, por ende, el futuro se lo ve como algo deplorable. Uno de los tantos problemas que arrastra Independiente hace décadas.
Ser campeón del mundo te da gloria, no fueros. Quien cree que por un logro con la Selección Argentina va a ser aplaudido cada vez que juega de visitante, lamento decirle que le falta cancha: ningún hincha de verdad pone a la Argentina por encima de su club.
A Ángel Di María no lo insultan por jugar en Central ni por ser del interior. Es más: lo aplaudieron en muchos estadios, hasta que las “ayudas” empezaron a ser cada vez más evidentes.
Hoy lo insultan porque, en un fútbol cada vez más manchado, eligió jugar ese juego, aceptar los regalos del poder y ser la cara visible de un título de escritorio, posando con un trofeo inventado, arriba de una traffic un jueves al mediodía.
No es federalismo. No es ingratitud. Son los hechos. Y el fútbol argentino tiene memoria corta, pero mientras dura, no perdona.
💣🔥“Como molesta que Central pelee todo… después quieren que los campeones del mundo vengan a Argentina, para que? Para que solo digan que nos ayudan? Que el futbol está manchado?”
La picante historia de Angel Di María tras el partido entre Rosario Central y Racing