Viven en una urbanización privada con piscina y cancha de pádel, andan en BMW o en camionetotas de 150 lucas para arriba. Los fines de semana se levantan a las peladas más buenas y comen a lo grande todos los días: buen encebollado, fritada, encocado, tapado arrecho o van a los restaurantes más caros del país donde estén.
El día anterior al partido durmieron a pierna suelta en un hotel cinco estrellas y se rascaron los huevos durante 24 horas, puro ping pong, billar y Play. Juegan fútbol todos los días de su vida, usan botines de 6 mil dólares, los venda un kinesiólogo, medias de compresión que no te cortan la circulación, shortcitos que no te rozan los huevos, camisetas térmicas que no te hacen transpirar ni en Guayaquil a las 2 de la tarde, no sé cuánto costarán.
La pelota es perfecta, ¡PERFECTA, EH! 120 euros inflada con barómetro a 8 bares, la cancha no tiene ni un solo hueco, el arco de 7.20 por 2.40, y hasta te aplauden cuando saltas al césped...
¡CHUCHA TU MADRE! ¡Y no sabes parar una pelota ni con la mano! ¿Le vas a pegar al arco? ¡La mandas a la reflechucha de tu madre como si viviera en la estación espacial internacional! ¿Le vas a hacer un pase a un compañero a menos de dos metros? ¡Se la das mal! ¡HIJO DE LA GRAN PUTA DE TU MADRE! ¡Eso me puede pasar a mí con esta guata que cargo, no a TÍ, sancocho de verga!