(Hilo 1 🧶) _La arrogancia progresista y el despertar de las mayorías // por Elías Wessin_
¿Por qué los pueblos abandonan las utopías de izquierda?
En ciertos círculos académicos y políticos de izquierda, ante su fracaso empírico, tienen el tupé de inventarse una nueva "teoría del agua tibia" consistente en que "los sectores populares que votan por opciones conservadoras, libertarias o de derecha estarían actuando contra sus intereses".
Según esta perorata panfletaria, el ciudadano común es una especie de víctima de la manipulación mediática, de la ignorancia o del miedo, incapaz de comprender qué le conviene realmente.
Tal argumento, lejos de ser una demostración de sofisticación intelectual, constituye una de las expresiones más evidentes del elitismo político progre contemporáneo.
La premisa es llana, si los pobres votan por la izquierda, lo hacen racionalmente; si votan por la derecha, lo hacen engañados. El resultado es una teoría circular donde la izquierda siempre tiene razón y el pueblo solo es inteligente cuando coincide con ella. Sin embargo, la realidad demuestra algo muy distinto.
El ser humano es más que un agente económico, y este es uno de los errores fundamentales del progresismo contemporáneo que reduce al ser humano a una unidad de consumo. Desde esta perspectiva materialista, las personas deberían votar exclusivamente en función de beneficios económicos inmediatos.
Como dijera el divino Rabí de Galilea: "no solo de pan vive el hombre." Las personas también defienden valores, tradiciones, creencias religiosas, identidad nacional, seguridad ciudadana, orden social, libertad económica, estabilidad familiar y sentido de pertenencia.
Un trabajador puede preferir pagar menos impuestos antes que recibir más subsidios. Un ciudadano humilde puede valorar más la seguridad de su barrio que una nueva transferencia estatal. Una madre de familia puede preocuparse más por la educación moral de sus hijos que por una promesa asistencialista.
No existe ninguna contradicción en ello. Por el contrario, es una expresión legítima de la libertad humana.
La tradición ordoliberal alemana comprendió algo que buena parte de la izquierda moderna sigue sin entender que la dignidad humana exige libertad y responsabilidad.
Los padres intelectuales de la Economía Social de Mercado, como Walter Eucken y Alexander Rustow, sostenían que el Estado debe garantizar reglas justas, competencia y seguridad jurídica, pero no sustituir la iniciativa individual ni convertir a los ciudadanos en dependientes permanentes del poder político.
La experiencia histórica demuestra que las sociedades más prósperas no son aquellas donde el Estado promete resolverlo todo, sino aquellas donde las personas tienen la oportunidad de construir su propio destino dentro de un marco institucional sólido.
Desde esta perspectiva, votar por la libertad económica no significa votar contra los pobres. Significa confiar en su capacidad para progresar sin tutela permanente.
El fracaso histórico de las recetas colectivistas resulta llamativo porque quienes hablan constantemente de "evidencia" rara vez presentan un caso exitoso y sostenible de socialismo basado en expansión permanente del Estado, subsidios crecientes y debilitamiento de los incentivos productivos.
Por el contrario, la historia económica muestra que la prosperidad surge allí donde existen mercados abiertos, propiedad privada protegida, instituciones fuertes y responsabilidad fiscal.
La Alemania de la posguerra, el milagro económico de la reconstrucción europea, las transformaciones de varios países asiáticos y, más recientemente, las reformas orientadas al mercado en diversas naciones, evidencian que el crecimiento sostenible descansa sobre la producción de riqueza, no sobre su simple redistribución.
La verdadera explotación de los pobres no consiste en permitirles competir, emprender o prosperar.
(Hilo 1) _¿Por qué la ONU no aporta soluciones reales al problema migratorio haitiano en la República Dominicana?_// por Elías Wessin.-
Comienzo esta reflexión con una afirmación que sostendré con argumentos y hechos concretos: “la ONU no aporta soluciones reales ni útiles al problema migratorio haitiano en la República Dominicana.”
Durante más de una década, la ONU dirigió la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). Esta misión, lejos de lograr la pacificación del país, fue protagonista de escándalos que incluyeron violaciones de menores y la introducción del cólera, que mató a más de 10,000 haitianos.
Años después, el propio Secretario General de la ONU, António Guterres, reconoció:
"La ONU tiene una responsabilidad moral de ayudar a Haití a superar esta crisis, incluidas las consecuencias del brote de cólera causado por nuestras fuerzas." (Declaración, ONU, diciembre 2016)
Esa “responsabilidad moral” quedó en palabras. Haití sigue sumido en el caos, y la comunidad internacional ha abandonado sus compromisos.
¿Quién paga el precio? La República Dominicana.
La ONU y sus agencias no han acompañado a República Dominicana en la defensa de su soberanía, sino que han optado por presionarla moral y diplomáticamente. En octubre de 2022, el portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Jeremy Laurence, condenó las deportaciones dominicanas con estas palabras:
"Estamos profundamente preocupados por la continua deportación de migrantes haitianos por parte de la República Dominicana..."
Y añadió:
"...las condiciones en Haití no permiten su retorno de manera segura y digna." (Declaración oficial, ONU, 10 de noviembre de 2022)
¿Significa esto que RD está obligada a absorber indefinidamente a toda la población haitiana que cruce la frontera?
¿Dónde queda entonces el derecho del Estado dominicano a controlar su territorio, su identidad y su futuro?
La ONU promueve una visión abstracta, deslocalizada de fronteras abiertas de las migraciónes.
Bajo el paraguas de los “derechos humanos de los migrantes”, pretende que los países receptores renuncien a sus políticas migratorias soberanas.
En 2018, en Marrakech, muchos países —incluido Haití— firmaron el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular. La representante de la ONU, Louise Arbour, dijo entonces:
"Los países no deben deportar si eso pone en peligro la vida del migrante. _Aun si ingresó ilegalmente._" (Conferencia sobre Migración, ONU, diciembre 2018)
Para la ONU, la ilegalidad migratoria no debe implicar retorno, si el país de origen está en crisis. Esta doctrina traslada la carga del colapso haitiano sobre los hombros de la República Dominicana. (👇sigue)
@lcorcino Estoy de acuerdo con usted, pero siempre es bueno advertir tendencias de los ciclos historicos en los escenarios posibles incluyendo el pesimista para reaccionar a tiempo y lograr un marco de prospectiva más realista posible.
Mis respetos para usted
@lcorcino Aumento del terrorismo, suplantación de población, violacion de la los derechos de los cristianos, paganismo y criminalización de las tradiciones libertarias que una vez hicieron grande a occidente
@lcorcino El tema es que ése occidente al que usted refiere hace tiempo no existe. Tengo mis dudas sobre la idea predominante de la fragmentacion de occidente. Resulta que hace tiempo lo está en sus valores fundantes, trasmutó la lucha de lucha de clases por lucha de identidades.
@lcorcino La llamada unidad transatlantica es un mito, sólo funciona para los globalistas y no representa ninguna seguridad para los ciudadanos occidentales, solo es un negocio de sus élites.
@ElNecio_Cuba@cepal_onu Eso les pueden decir a los legos en economía, resulta que si me aumentan el salario en un 15% y Carlos Slim decreció un 25 % yo crecí más que él. Pura propaganda barata.
_El Centro Republicano para el Avance de la Democracia se regocija por el triunfo de Donald Trump (@RealDonaldTrump)_. Su elección como Presidente de los Estados Unidos de América marca un hito histórico para el gran pueblo de los EE.UU., que sabe ajustar, y por ende, rescatar su Democracia cuando se encuentra en peligro.
¡Ganaron la Libertad, los Valores Republicanos, el Patriotismo, la Economía Libertaria, la Familia y los Principios Cristianos!
@PQDCenLinea
Hoy, 12 de octubre, celebramos el Día de la Raza en conmemoración de la llegada de Cristóbal Colón a América, un hito que marcó el inicio de la civilización en el continente americano.