@HernnCortes No, exactamente. Al superávit de la época de ZP le llamaban "Hucha". En su momento se invirtió en Deuda Pública europea. Luego cuando vino la crisis, vendieron los títulos y compraron los españoles. Es decir, los ahorros sirvieron para tapar el agujero y allí se perdieron.
@laurajmld@Esopmonty 1º) Nunca ha existido tal hucha. En tiempos de ZP el superavit se invirtió en deuda pública europea.
2º) Cuando llegó la crisis, los propios socialistas lo invirtieron en deuda pública española, es decir, se vendieron los títulos europeos y se tapó el pufo.
Pufo tapado. Fin.
De aquí al día de las elecciones las cosas se van a radicalizar bastante, así que por salud mental estoy por dejar de ver noticiarios, prensa y Twitter hasta entonces. Puedo intentar modificar mi script de resumen de noticias para que evite la política. Probaremos mañana.
Natalia ha escrito un hilo cargado de experiencia, sentimiento y lucha.
También se lee el amor que va unido a todo lo anterior.
Yo les invito a leerlo hasta el final y a aportar un pequeñísimo grano de arena para aquellos que no gozan de nuestras facilidades.
❤️
@lauraizaguirrep Pareces tonta hija: El covid, la dana, la palma, adamuz, ceuta, ábalos, la fontanera, la mujer, el hermano, toda la corrupción generalizada, la manipulación de los medios.
Comer es un derecho. Y el pan es un negocio: lo hace un panadero que quiere ganar dinero, con harina de un agricultor que quiere ganar dinero, vendido en un supermercado o una panadería de barrio que quieren ganar dinero. Nadie en esa cadena está ahí por tu derecho a comer, les das igual tu derecho a comer, están por el suyo. Y sin embargo comes pan, barato y cuando quieras, porque hay miles de panaderos y miles de industrias fabricando pan. Mi pueblo es tan pequeño que no tiene panadería, bien, pues todas las mañanas pasa una señora con una furgoneta por la puerta de cada casa, pita, las abuelas salen y compran el pan. Ese es el nivel de implantación. La única vez que en España se intentó garantizar el derecho a comer poniéndole precio estatal al pan fue después de la guerra civil, en los años 40 con la cartilla de racionamiento. El pan desapareció del estante de las panaderías y se vendía como hoy se vende el tabaco Ducal o el American Legend en las tiendas de barrio, destrangis. A aquello se le llamó estraperlo, y lo hizo todo el mundo, no los malvados acaparadores de pan.
El agua de este tuit @Mr___Wolf también es un derecho. Y el agua es un negocio: Solán de Cabras, Lanjarón, Aquaservice con el dispensador de agua en la oficina o en la parcela, el camión cisterna, la desaladora o la embotelladora de aguas subterráneas que construye una empresa. ¿Cómo garantizamos el derecho al agua? ¿Poniéndole un tope al precio de Font Vella? ¿nacionalizando Bezoya? Obviamente no. Lo garantizamos con el Canal de Isabel II. Lo garantizamos con una tubería pública que llega a todas las casas, llega al grifo de la cocina y del baño, y le da a una familia lo que necesita a un precio razonable. ¿Y si no llega la tubería o el agua del grifo es una porquería? como es mi caso. Pues yo le mando un whatsapp a una empresa privada y una vez al mes y me trae 48 botellas de litro y medio de agua, de un manantial salmantino, por 21,80€ y a la puerta de mi casa. Nadie se muere de sed y nadie prohíbe vender agua.
Lo que hay que entender, y que parece que nadie entiende, es que un derecho no se garantiza declarándolo. Si cambiamos la Constitución y escribimos mañana "todo español tiene derecho a un chuletón de Ávila los domingos". Ole. Al día siguiente en las ganaderías hay la misma cantidad de vacas, y en las plazas hay gente exigiendo su derecho a chuletón de Ávila con pancartas (yo iría). Pero nada más. Sin embargo si en vez de hacer eso montamos un sistema en el que criar vacas sea un gran negocio, con pastos y agua para esa raza de vaca, veterinarios asequibles, una licencia que no tarde dos años y un matadero cerca de las ganaderías, una línea de ayudas sin intereses, una normativa asumible, limitamos la competencia desleal de otros países, las restricciones de la UE, reforzamos la marca y la DO de Ávila y a quien quiera montar una ganadería en la España vacía le echas un mano, pues resulta que en cinco años tienes chuletones de Ávila en cada restaurante y en cada supermercado de España sin que lo haya publicado nadie en ningún BOE. Un derecho se garantiza así: provocando que a mucha gente le interese producir lo que sea, y ayudando desde lo público para que ocurra lo que nos interese a todos que ocurra.
En ese escenario, que un señor gane dinero vendiendo chuletón de Ávila no es el centro del sistema ni su objetivo. El objetivo es que haya chuletones en todos los supermercados; que él gane dinero es la condición para que eso ocurra. Hagan ustedes la prueba al revés: denle al ganadero cincuenta vacas, una finca pública y un sueldo fijo por gestionarla. Al año siguiente tendrá cuarenta vacas, un ganadero que sale a las tres de trabajar, que concilia muy bien la vida familiar y laboral, y un chuletón en Ávila que no llega ni a Madrid. No porque sea vago, sino porque su hipoteca ya no depende de la vaca. El beneficio no es el vicio del sistema: es lo que hace que alguien se levante a las cinco a ordeñar sin que nadie se lo pida. Es el motor.
Yo sé que a estas alturas, usted que me está leyendo, ya piensa que esto es un panfleto liberal. No se me confunda. El liberalismo, como ideología, sostiene que todo debe ser relación privada y que el Estado se debe dedicar a garantizar la seguridad y poco más. El socialismo, que todo medio de producción debe ser público y que las plusvalías deben revertir en el Estado. Dicho mal y pronto, más o menos es así. Yo no estoy hablando ni de lo uno ni de lo otro: estoy hablando de los sistemas que ambos, y todas sus variantes, albergan: Los mercados, los intercambios, que existen bajo cualquier modelo político y que, cuando los amputas matas a la gente de hambre, literalmente. AENA es pública, cotiza en bolsa, gestiona más pasajeros que ninguna otra operadora del mundo y gana más de mil millones al año; Correos es pública y pierde cientos de millones al año mientras SEUR, MRW y Amazon le quitan el paquete y te lo llevan a tu casa en 24 horas. No es una cuestión de propiedad, la finca del ganadero puede ser pública, privada o incluso ser del Rey en un estado feudal como Marruecos, no importa, puede estar en concesión y funcionar igual, la panadería puede tener un acuerdo con el Ayuntamiento para llevar el pan todos los días al colegio a cierto precio, y aún así ganar dinero, y por tanto, funcionar también. La propiedad no es el centro del debate cuando hablamos de mercado, son los incentivos. Con los incentivos en su sitio, lo público funciona; sin incentivos, ni lo privado funciona. ¿Lo entendemos?
Vamos con la vivienda. La promotora levanta pisos, a eso se dedica, gana dinero con eso. Pero tiene que esperar dos años una licencia, no sabe qué ley tendrá cuando lo termine, si le intervendrán el precio y por tanto el cálculo que ha hecho con su margen, y paga el suelo a precio de oro porque la legislación sólo le deja hacer cuatro alturas por solar. Así que hace lo que más le interesa, pisos de lujo, pocos, que vende caros. Es el Estado diciéndole al panadero: te doy el horno eléctrico dentro de dos años, no te digo a cuánto vas a poder vender el pan, pagas la harina a precio de oro y solo puedes hacer diez piezas al día. ¿Qué hace el panadero? Diez hogazas de masa madre de 1 kilo, de harina de trigo de variedad antigua, molida en piedra y hecha en horno de leña de baobab de Madagascar, yo qué sé. No lo hace por pijo, lo hace porque con las reglas que hay, es lo que le permite ganar más margen. Es la consecuencia lógica de las reglas, va a ocurrir te guste o no, y se puede prever. Y luego el Gobierno viene y te dice que el panadero es un especulador, que vende el pan muy caro, y que hay que expropiarle el horno de leña.
En vivienda, el grifo, el canal de Isabel II, lo público, se llama VPO. Vivienda de Protección Oficial. Y en España el grifo está cerrado: tenemos un 2% de vivienda pública, Holanda, esa peligrosa república comunista del noroeste europeo, tiene un 23%. En España se construían 80.000 VPO al año en 2008 y hoy no llega a 10.000. Es decir, que usando el ejemplo de @Mr___Wolf y el agua, en tu casa no hay agua del grifo, te la ha cortado el gobierno, tenemos que usar agua embotellada para ducharnos y tirar de la cisterna, y nos estamos quejando del precio del agua embotellada en lugar de quejarnos de que no hay agua del grifo. ¿Se entiende así? ¿o todavía no?
Además, en este intercambio de bienes ocurre algo singular: cuanta más agua del grifo hay, más barata es el agua de botella, porque el suelo no es un consumible, es un sitio físico. Cada familia que entra en una VPO deja de comprar el piso, y ese piso, baja para encontrar compradores, sin que nadie le haya obligado a bajar el precio. Por eso en Viena el alquiler privado es de los más baratos de Europa, porque hay un puto 40% de la ciudad vive en vivienda pública (perdón por lo de puto) y el otro 60% tiene que competir con eso. El grifo no solo da agua pública, además le baja el precio al litro de agua pivado.
En España no hay que establecer más derechos sagrados en pancartas: hay que construir sistemas que los produzcan. La vivienda es necesaria, todo el mundo debería tener un techo, las familias nuevas deberían poder comprar una casa, el que se mueve para estudiar o trabajar debería poder alquilar a un precio razonable y en un sitio digno. Es un bien básico y tenemos la obligación de garantizarlo. Así lo hemos decidido entre todos. Y se garantiza como garantizamos el pan y como garantizamos el agua: con un sistema en el que a la promotora le interese hacer pisos normales y no de lujo, al casero le interese alquilar sin miedo, y con un grifo público constante, para el que aun así no llegue, pueda tener casa, y para que baje el precio de todos los demás.
Nosotros hemos hecho lo contrario. Hemos destrozado el sistema que había, que ya era regulinchi, y hemos cerrado el grifo. Le hemos puesto precio a la botella, hemos multado al que la vende y hemos tardado dos años en darle permiso al que quería abrir un manantial. Y ahora, con el estante vacío, el grifo seco y la gente pagando el agua con una parte en negro, acampamos en la Puerta del Sol con una pancarta que dice que el agua es un derecho y que prohíban las embotelladoras. Y el Gobierno, encantado, porque mientras miremos al de la botella nadie le pregunta por qué el grifo está cerrado.
Igual va siendo hora de dejar de bailarle el agua al Gobierno y empezar a pedirle que abra el grifo. Digo yo.