No soy víctima de nadie. Muchos de mis sufrimientos son el resultado de mis pésimas elecciones, consecuencia del apego emocional, de mi incondicional forma de amar y de confiar en gente culera.
Me he dado cuenta de que nunca me cruzo con las personas que saqué de mi vida. Esa es la mayor señal de que el universo estuvo de acuerdo con mi decisión.
Hay cierta intimidad en no reconciliarte con alguien que intentó sabotearte o dañarte a propósito. Sea familia, amigo o conocido, quien te muestre quién es, no lo olvides.