Hoy, sábado 5 de julio, he visto en “mi fais” a varias marcas mexicanas sumarse, con encomiable valor cívico, a la campaña de renunciar al inglés.
No para siempre, desde luego. Tampoco conviene exagerar. La patria está bien, pero sólo mientras no afecte el “top of mind de las marcas”.
El motivo es el partido de México contra Inglaterra en el Mundial de Fútbol.
De pronto, las empresas descubrieron que podían mexicanizar sus anuncios.
Donde ayer decía “sale”, hoy dice “oferta”.
Donde decía “delivery”, hoy dice “entrega”.
Donde decía “team”, hoy dice “equipo”, aunque el equipo de mercadotecnia haya tardado tres juntas y cuatro “triple alto caramel macchiatos” bien fríos en llegar a esa conclusión.
Se repite, como siempre, la magia de las redes sociales.
Todas las marcas, nacionales y extranjeras, lo hacen al mismo tiempo, con la misma “gracia”, el mismo entusiasmo y, sospecho, la misma plantilla de diseño.
Uno ve estas cosas y piensa: qué maravilla sería que las empresas mexicanas reaccionaran con esa misma agilidad cuando se trata de asuntos menos “trendy”.
Por ejemplo, los asaltos en carretera, la falta de electricidad, la tramitología para abrir un negocio o esa costumbre nacional de convertir cualquier emprendimiento en una peregrinación por ventanillas y portales web.
Si pueden cambiar una campaña publicitaria en unas horas para defender el español, también podrían unirse para exigir carreteras seguras, infraestructura decente y reglas claras, tal vez de forma permanente y no sólo un fin de semana.
Pero eso tiene el inconveniente de que podría afectar las ventas, el posicionamiento, la política corporativa, no sé…
El humor, hay que admitirlo, conecta. La ocurrencia vende. El nacionalismo de temporada produce simpatía, conversación y, con suerte, nuevos consumidores de una marca.
Pero también revela algo interesante del mundo empresarial.
Cuando hay ganas, presupuesto y miedo de quedarse fuera de la conversación, las marcas se mueven con una velocidad que ya quisiera ver en otros momentos, como terremotos, inundaciones y, tal vez, una pronta invasión alienígena.
Mañana, en las oficinas, el drama continuará.
Lo más divertido será ver a los influenciadores sobrevivir unas horas más sin decir “aesthetic”.
Habrá quien entre a una cafetería y sufra una crisis de identidad al pedir un “blanco plano” en lugar de un “flat white”.
Habrá ejecutivos que no sabrán cómo convocar a una junta si no pueden decir que tienen una “meeting” para resolver un “issue” urgente, alinear expectativas, revisar el “forecast” y cerrar pendientes “ASAP”.
Más de uno descubrirá, con espanto, que el español también sirve para no decir ni hacer nada.
Porque ése es el verdadero problema.
No que usemos palabras en inglés.
El problema es que a veces las usamos para disfrazar la falta de ideas.
Quizá sea buen momento para sacar del librero el Larousse ilustrado.
No para prohibir el inglés, que sería una tontería, sino para recordar que también en español se puede pensar, vender, criticar, construir y hacer el ridículo.
En fin: celebro el chiste. Celebro que las marcas descubran, aunque sea por noventa minutos, tiempo extra y penales, que México existe más allá de las juntas de planeación con el “Chief Creative Officer”.
Pero ojalá tanta energía colectiva, tanta rapidez creativa y tanto amor súbito por el idioma sirvieran también para empujar soluciones de largo plazo en beneficio del país.
Porque un partido de fútbol puede emocionarnos a muchos, pero no necesariamente nos representa a todos.
Y, desde luego, no resuelve nada de nuestro México lindo y querido. Tal vez sólo nos ayuda a olvidarnos de nuestros problemas cotidianos.
En Roma era pan y circo; ahora, al parecer, es fútbol y memes.
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¿Y si sí … hubiera medicinas en el IMSS cuando va mi mamá a consulta?
¿Y si sí … sirvieran de algo los militares para frenar el derecho de piso a los comerciantes en todo el país?
¿Y si sí … el gobierno actual no amenazara a los empleados del Estado con despedirlos si no van como acarreados acarreados a los mítines en el Zócalo?
¿Y si sí …el drenaje se le diera mantenimiento para que mi carro no se hubiera convertido en lancha con estas lluvias?
¿Y si sí … alcanzara el dinero para pagar lo básico de siempre sin tanto estrés?
¿Y si sí …familiares que son maestros tuvieran lo necesario para dar clase a los niños sin sacar de su bolsillo?
¿Y si sí … hubiera agua toda la semana, todo el día, en Iztapalapa y toda la CDMX?
¿Y si sí …no me diera miedo salir a carretera por un asalto no importando si vas en auto particular o en autobús?
¿Y si sí …valiera la pena ir al Ministerio Público cuando te asaltan y luego te hacen sentir a ti el delincuente?
¿Y si sí … le tuviera confianza a una patrulla que me detiene en la noche cuando regreso a casa?
¿Y si sí …tuviéramos un gobierno que invierte en lo necesario y no en cosas que no dan trabajo ni dinero al país - PEMEX- AIFA- TRENES Y METRO QUE SE DESCARRILAN Y CAEN -
¿Y si sí... los empresarios que dan trabajo y pagan bien fueran apoyados para levantar la economía?
¿Y si sí … todo esto se resolviera y fuera más importante que ganar un partido de fútbol?
¿Es mucho pedir?
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