La lujuria destruye a los hombres. El amor los eleva. Si un hombre quiere ascender, necesita a su lado una buena mujer que lo adore, una princesa, una reina, una musa. Una mujer que rece por él y que quiera verlo triunfar.
La felicidad es subestimada. La pintan como éxtasis, pero casi siempre es calma. Es la ausencia de problemas urgentes. Es un domingo por la tarde sin nada que resolver.
Normalizamos el agotamiento: no nos alcanza el fin de semana para desconectar, no nos alcanzan las horas de sueño para el descanso, no nos alcanza el sueldo para vivir bien ni la energía para encontrar soluciones.