Luis de la Fuente.
Ferran Torres.
Rodri.
Todos hablan de su fe católica abiertamente. Y lo hacen de la misma forma: como un bálsamo que te consuela en las malas y un elixir que te potencia en las buenas.
España católica es imparable.
lo que le acaba de hacer el público a valles t es el peor trato que he visto hacia un freestyler, del país más rapero al país más vergonzoso del freestyle, sois peor que méxico
“Cuando nació mi hijo, jugamos un partido contra el Levante. Todos me trajeron regalos MENOS MESSI. Él me felicitó y me dijo: ‘tu regalo va a estar en la cancha’.
Entramos al partido y me dio 3 asistencias. Hice un hat-trick.
Después del partido, cogí el balón y entré al vestuario. Leo se acercó y me dijo: ‘dame el balón’. Se lo di y lo firmó con el nombre de mi hijo. Me abrazó y dijo: ‘este es el regalo de tu hijo’.
No encontraba palabras para agradecerle. Un regalo a su manera, en el lugar que ama, haciendo que lo difícil parezca fácil. Es el mejor de todos”.
🗣️ Cristian Tello.
Cuando le dices a tu hijo que tienes que ir a urgencias ( por suerte para nada grave ), y para que no te sientas solo te hace un dibujo en un minuto…. El mundo todavía tiene arreglo.
La liga miente, exigimos respeto para la afición del @RealOviedo. Ni esas pancartas estaban ni se realizaron esos cánticos. Se debe exigir una rectificación.
Al negar a Dios, no destruyes su existencia; simplemente te exilias de toda posible sabiduría que exceda tu limitada perspectiva humana. Te colocas a ti mismo como juez supremo de lo que es bueno y verdadero, asumiendo implícitamente que no existe nada por encima de ti.
Dios es la verdad última, el fundamento inquebrantable sobre el que descansa todo lo bueno, justo y puro. No es una verdad más, sino la fuente y medida de toda verdad. Dios es la síntesis perfecta de todas las virtudes llevadas a su máxima pureza.
Y si Dios no es la verdad —como algunos se esfuerzan por intentar afirmar—, cualquier individuo puede proclamarse como tal, iniciando una lucha permanente por someter las demás verdades e imponer la suya como aquella que “ordena el mundo”.
Sin embargo, el ser humano no es Dios. Y en ese torpe intento de usurpar su lugar, el hombre acaba siempre desorientado, frustrado y vacío. Ese vacío, imposible de dejar intacto, se rellena con orgullo, mezquindad y arrogancia, sustituyendo lo esencial por sucedáneos frágiles. El espacio dejado por Dios se llena con falsos dioses e ídolos que ocupan ilegítimamente el lugar del único verdadero por esencia.
La idea de “no necesitar nada más allá de uno mismo” se asemeja a un niño que, en un centro comercial, se aleja de sus padres desoyendo sus advertencias. Cree que está ganando libertad, pero termina perdido, rodeado de desconocidos y asustado porque cree que no volverá a ver a quienes han sido su origen, hogar y única certeza. Y entonces, entre lágrimas y miedo, comprende que aquello que pensó que era independencia no era más que el principio de su eterna agonía.