@pacochaconmx@Club_Queretaro@TigresOficial Esa madre inclusión forzada. Árbitros malos hay varios en el futbol. Con decisiones que han alterado resultados horriblemente. El pacto de ineptitud es lo único forzado que lleva años perjudicando al futbol.
@wwwdotviannnnnn Pero de qué área es? Si es servicio social debe ser un ente público. Hay que reportar el lugar si hubo situaciones de hostigamiento, mal trato o cualquier falta ética, para que se vete el lugar. Igual podría reportarlo ante instancias superiores de la misma entidad.
Hola soy Dani y tengo 27 años ,estoy pasando por una enfermedad muy complicada que no tiene cura y es muy costosa 😥, pido de rodillas si pueden ayudarme a difundir mi video.
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#monterrey#NuevoLeón#viralvídeo
Santo Tomás de Aquino hablaba del matrimonio como la forma más alta de la amistad. Una verdadera amistad desea el bien del otro, es recíproca y comparte la vida. Casarse es literalmente elegir a tu mejor amigo para toda la vida... para pensar
¿Y si no son los teléfonos? Un psicólogo evolucionista desafía a Haidt sobre la crisis mental de los niños:
Este artículo de The Atlantic presenta el enfrentamiento entre dos influyentes psicólogos: Peter Gray y Jonathan Haidt sobre el tema de los efectos perjudiciales de los móviles y las redes en la salud mental de los jóvenes. Gray, de 82 años, defensor de la teoría evolutiva del juego libre y autor de Free to Learn, sostiene que la verdadera causa de la crisis de salud mental en niños y adolescentes no son los smartphones ni las redes sociales, sino la pérdida progresiva de autonomía y juego no estructurado que comenzó hace décadas, mucho antes de los teléfonos. Para él, los niños necesitan explorar el mundo (incluido el digital) de forma independiente para desarrollar resiliencia, resolver problemas y gestionar emociones. Gray critica duramente el libro de Haidt The Anxious Generation, al que considera “antiético” porque promueve restringir aún más la libertad de los niños quitándoles los dispositivos, en lugar de devolverles autonomía. Esto a pesar de que Haidt ha citado su trabajo y está de acuerdo con él en lo referente al mundo “físico”.
Gray argumenta que la verdadera responsable es la sobreprotección y la escolarización intensiva (como el Common Core en EE.UU. desde 2010), que aumentó el estrés escolar drásticamente. Señala que los videojuegos y el internet temprano (años 90-2010) incluso mejoraron la salud mental al dar a los niños un espacio propio de juego y competencia. Para Gray, prohibir redes sociales a menores de 16 años viola derechos humanos y sigue la misma lógica fallida que antes limitaba el juego físico.
El artículo muestra el debate: Haidt mantiene que las redes sociales y los teléfonos son el factor principal de la “reconfiguración” del cerebro infantil y la epidemia de ansiedad/depresión. Gray, por su parte, prepara un libro de respuesta (Restoring Childhood) para septiembre de 2026. La autora deja claro que ambos tienen evidencias y que el consenso científico es mixto e inconcluso, pero Gray representa una voz contraria que gana terreno entre quienes rechazan la “pánico moral” sobre la tecnología.
Os pongo un párrafo donde Gray aplica la filosofía de que los niños necesitan juego libre también al mundo virtual, el principal punto de fricción con Haidt:
“Solo recientemente Gray ha ampliado su idea de una forma que no resulta tan popular. La necesidad de los niños de tener juego y exploración no estructurados (guiados por algunas reglas de seguridad y sentido común) no se limita solo a solares vacíos, parques urbanos o patios de las afueras, dice él, sino que también se aplica a otros entornos. Ahora se extiende a los espacios salvajes de internet. «Para crecer bien, los niños tienen que poder jugar en el mundo en el que están creciendo», me dijo cuando hablamos en su casa a finales del invierno. Los niños deben ser libres para jugar sin la supervisión de sus padres, insiste Gray, incluso cuando están en línea.”
Según el psicólogo Harvey Lieberman, la terapia es muy valiosa para trastornos mentales reales (pensamientos intrusivos, crisis graves, patrones destructivos internos), no es la solución adecuada para todo tipo de infelicidad. Muchas personas acuden hoy a terapia buscando alivio a problemas circunstanciales como soledad, conflictos laborales o dificultades económicas, en lugar de trastornos clínicos.
En su opinión, la terapia funciona mejor cuando los problemas provienen de dentro (hábitos, pensamientos persistentes) o cuando uno no puede procesar solo experiencias dolorosas. Para la soledad o dificultades situacionales, a menudo es más efectivo reconstruir relaciones reales (amistades, comunidad) que depender exclusivamente de un profesional:
“En mi consulta, ayudaba a los pacientes a ver sus problemas desde una nueva perspectiva, pero esa perspectiva solo podía ayudar hasta cierto punto si otras circunstancias no cambiaban. Algunos pacientes que venían tras una crisis vital me contaban que, tras unas cuantas sesiones, empezaban a volver a conectar con amigos y familiares y buscaban el apoyo que no habían sabido pedir durante la crisis. En retrospectiva, creo que restablecer esas conexiones era tan importante como cualquier cosa de la que habláramos en la consulta.”
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Dos jugadas de este Mundial me dejaron pensando en algo que trasciende el resultado: cuánto tensiona el reglamento del fútbol principios que, fuera de la cancha, damos por intocables.
La primera fue la anulación de un gol de Egipto ante Argentina. El VAR se retrotrajo a una falta cometida en el origen de la jugada, varios segundos y muchos metros antes de la definición, para borrar el tanto. En este caso la decisión pudo ser correcta: el contacto existió. Pero el principio que la habilita inquieta. Si un gol, el hecho más definitivo del juego, el que hace estallar un estadio y un país, puede deshacerse retrocediendo a una fase previa cuya frontera es interpretativa, entonces ningún gol es del todo firme hasta que alguien, desde una cabina, decide hasta dónde mirar hacia atrás. La certeza, ese bien que en el derecho protegemos como sagrado, queda supeditada a una apreciación elástica sobre dónde empieza una jugada.
Hay un viejo aforismo jurídico que parece darle la razón al videoarbitraje: causa causae est causa causati, la causa de la causa es causa de lo causado. Si la falta originó la jugada, y la jugada terminó en gol, ¿no es la falta, al final, causa del gol? Suena impecable, pero tiene trampa. El propio derecho que acuñó la máxima aprendió pronto a ponerle freno: sin límites, todo termina siendo causa de todo, y habría que sentar en el banquillo también a quien fabricó el arma, y al que le vendió el acero. Por eso la doctrina se queda en la causa próxima y no persigue la cadena hacia atrás hasta el infinito; el aforismo se agota en una o dos iteraciones, no en varias jugadas y muchos metros de distancia. El VAR, en este caso, sí la persiguió. Retrocedió pases y metros como si el hilo causal no tuviera que cortarse nunca. Toma el aforismo, pero se olvida de su límite.
La segunda es más antigua, pero igual de incómoda: la sanción que trasciende al infractor. Una expulsión que no solo se paga en el partido donde se comete la falta, sino en el siguiente. Y como el fútbol es una empresa colectiva, el castigo, formalmente individual, lo termina cumpliendo todo un equipo, una afición, casi un país. En 1998, Zidane fue expulsado en la fase de grupos y su ausencia dejó a Francia al borde de la eliminación ante Paraguay, salvada apenas por un gol de oro. La falta fue de uno; el precio estuvo a punto de pagarlo una nación entera.
Conviene recordar que esta norma no es de derecho divino. Las tarjetas nacieron apenas en 1970, y la propia FIFA acaba de reformar en 2026 el castigo por acumulación, precisamente para que los seleccionados no se pierdan partidos decisivos. Es decir: la institución ya admitió que el diseño podía ser injusto. Solo que la reforma se quedó a medias, porque atacó la acumulación de amarillas pero dejó intacta la raíz: que una pena recaiga sobre quienes no cometieron la falta.
Naturalmente no pido un fútbol sin reglas ni sin tecnología. Pido, apenas, que reparemos en la paradoja. En el torneo que más se acerca a lo que Shankly llamaba, con ironía, algo más importante que la vida y la muerte, dos de sus normas: la falta de certeza del gol por actos futbolísticamente lejanos y la pena que trasciende al infractor, chocan de frente con nociones de justicia que en cualquier otro ámbito nos parecerían inaceptables.
El fútbol se toma licencias que el derecho no se tomaría. Vale la pena, al menos, pensarlas.
@Viri_Rios El impuesto iba a perjudicar más a la clase media que a los ricos, que iban a optar por "vender" sus bienes a sus cercanos o ponerlos a nombre de empresas para blindarlos. Pero el principio se mantiene: la clase política en tanto clase alta jamás se va a perjudicar a sí misma.
@KerenGalan15947 Dicen que Borges es un antes y un después. A mí Sin destino de Imre Kertesz me descolocó para siempre. Casas vacías de Brenda Navarro ha sido una revelación del año.
La neta yo ya no puedo creer en cualquier defensor de una clase política rica, que solo contrata servicios de salud y educativos privados. Su consciencia de clase sirve para dos cosas.
@elcriticopol Imposible debería ser que un partido de izquierda tenga congresos con salarios de más de 100k y no hagan lo mínimo por ajustarlos a la media nacional al menos.