¿Te duele que esa persona te haya fallado o te duele haber ignorado las señales que desde el principio te advertían que te alejaras? A veces, la decepción más grande no es con el otro, sino con nosotros mismos por no haber escuchado nuestra intuición. Piénsalo.
No se pierde a alguien porque se acabe el amor. Se pierde cuando se posterga lo que importa, se evade la responsabilidad y se espera que el tiempo lo resuelva todo. La paciencia de quien ama también tiene un límite: primero espera, después intenta y, al final, se cansa. Y cuando se va, no siempre es porque dejó de querer, sino porque entendió que querer no basta sin madurez, presencia y compromiso.