@morim_mo same but i think its normal, we are in very différent moments of our lives and when we actually talk it’s like we never stopped and i think that’s just how friendships evolve
Angela Davis merece reconocimiento por su militancia comunista, su lucha feminista negra y anticarcelaria, y por su histórica vinculación con las Panteras Negras.
Pero una izquierda revolucionaria no convierte a sus referentes en santos.
Davis apoyó a Barack Obama, presidente responsable de una política de deportaciones masivas y de intervenciones militares como la guerra de Libia, que terminó con el derrocamiento y asesinato de Muamar Gadafi.
También ha respaldado al Partido Demócrata y a otros de sus candidatos, como Joe Biden y Kamala Harris.
Hoy firma cartas contra Irán.
Mientras Irán ha apoyado a Palestina, y se ha enfrentado al imperialismo estadounidense e israelí.
Eso también debe discutirse.
Podemos reconocer el enorme legado de Davis contra el complejo industrial carcelario y, al mismo tiempo, cuestionar sus posiciones cuando entran en contradicción con una política verdaderamente antiimperialista.
La coherencia revolucionaria exige hacer ambas cosas, reconocer los aportes y señalar las contradicciones.
Ninguna figura está por encima de la crítica.
Aunque me odien, rara vez me equivoco en mis intuiciones.
Antes de la visita de Angela Davis dije que era curioso ver correr a escucharla a separatistas, transodiantes, abolicionistas del trabajo sexual y feministas profundamente punitivas.
También dije que hacer policía del tono y criminalizar la acción directa radical era bastante incompatible con su pensamiento.
Me funaron por este tuit.
Hoy me dieron la razón.
En una conferencia sobre abolición se protestó por las seis mujeres muertas bajo custodia del Estado en Santa Martha Acatitla en apenas 90 días y se exigió libertad para presos políticos.
Parte del auditorio respondió que ese no era el espacio para protestar.
¿Entonces cuál era?
La otra red flag fue ver a una autoridad universitaria responderle a un estudiante “A mí ningún vato me va a decir qué hacer” y escuchar los gritos y aplausos del auditorio.
Ni ella ni quienes la celebraron entendieron a Angela Davis.
Angela Davis no le pertenece al feminismo ni a las mujeres.
Su lucha no es separatista.
Es contra el sistema penitenciario y las estructuras de opresión que lo sostienen.
Puedes llamarte antipunitiva, anticarcelaria, interseccional y antirracista todo lo que quieras.
Pero si una protesta contra el sistema carcelario te incomoda justo cuando fuiste a escuchar a Angela Davis hablar de abolición, o si aplaudes que una autoridad universitaria grite “A mí ningún vato me va a decir qué hacer”, quizá no entendiste a Angela Davis.