Ya hace casi un año y medio que vengo advirtiendo que están preparando el terreno para algo grande. Primero, generar una enemistad con Brasil; después, dejar a la Argentina (como cultura y como Estado) en el rol de "villano" dentro de una narrativa construida de forma sistemática. Sea cual sea el actor detrás de esta operación, tengo dos sospechas concretas, pero no quiero adelantar conclusiones.
Por otro lado está el intento de ensuciar al gobierno nacional, algo que ya se percibe con la campaña de matriz rusa en los medios. Esto es una operación de largo plazo que busca transformar la percepción de la Argentina y erosionar su soft power. ¿Para qué? No lo sé, pero no creo que sean buenas intenciones, y mucho menos que se agote en lo que queda en redes. Cada uno puede suponer lo que quiera, pero es llamativo: las campañas se propaga desde los principales "nodos" de exposición a nivel mundial virtuales y, encima, logra un control notable del algoritmo. Lo más sorprendente es que se externaliza hacia otros países de Latinoamérica, generando un ciclo que se retroalimenta.
El Mundial es apenas la cara más visible de todo esto. Y nuestro humor (que es humor, no es crítica) tampoco ayuda.
El colapso de la tregua en Oriente confirma su naturaleza original: un instrumento de diversión diplomática, no un mecanismo de resolución. Los memorandos de carácter ceremonial carecen de capacidad estructural para alterar las dinámicas de fondo; operan como parches temporales que congelan la crisis sin disolver sus causas esenciales.
La única configuración capaz de garantizar un orden duradero es de naturaleza estructural. A mi parecer, admitiría dos formas: la consolidación de una potencialidad unipolar —una hegemonía con capacidad efectiva de imposición y administración del orden— o un equilibrio sistémico de disuasión sostenido por la lógica de la Destrucción Mutua Asegurada.
Toda solución intermedia constituye un arreglo tolerable para el sistema internacional, que pacifica los mercados sin llevar la paz. Bajo este modelo, las élites en conflicto se legitiman como administradoras exclusivas de una crisis que ellas mismas perpetúan, mercantilizando los factores geoestratégicos del entorno y postergando indefinidamente la resolución del choque existencial. Nadie tiene las agallas ni las ganas de alcanzar esa paz ni de aceptar el destino natural que exige.
Petro ha entrado en la locura. Cada declaración en redes deteriora su credibilidad y le quita legitimidad. Su jugada busca alterar las reglas cuando los mecanismos institucionales, como el preconteo, no garantizan los beneficios para su facción política.
El mandatario decide que el costo de aceptar una posible derrota es mayor que el de romper el consenso institucional. Al afirmar que no se puede proclamar a ningún ganador, congela el escenario en su punto de máxima tensión, deteniendo el flujo normal del proceso.
Traslada estratégicamente el poder de decisión desde la Registraduría —órgano controlado tradicionalmente por el establishment— hacia los jueces en el escrutinio. Esto altera la matriz de pagos: sabe que la fricción del tiempo le da margen para negociar o movilizar bases.
Su mensaje es una obra maestra de la estrategia defensivo-ofensiva.
En lugar de quedar como un mal perdedor si el resultado final consolidado le resulta adverso, transforma la narrativa por completo:
1. Legitimidad vs. Legalidad: Al advertir de antemano que el equipo era vulnerable, construye un anclaje predictivo. A su vez genera que la carga de la prueba de su derrota directamente a la institución electoral.
2. El pretexto técnico: Introducir datos como el cambio de direcciones IP es una táctica de persuasión. Para el ciudadano común, la informática genera una sospecha confusa pero plausible.
3. Externalización de la culpa: Ante una crisis interna por empate electoral, el líder ejecuta un movimiento estratégico. Señala como culpable a un actor global, elevando el conflicto de una disputa local a la defensa de la soberanía nacional.
4. Deslegitimación del rival: Al enmarcar la elección como una violación soberana por una potencia extranjera, el rival ya no es un competidor legítimo. Pasa a ser el beneficiario, de una operación internacional.
5. Cohesión por nacionalismo: Ante la injerencia extranjera, el líder apela a la supervivencia de la patria. El conflicto ya no es ideológico y se vuelve soberanista, cohesionando a sus bases.
Es una resiliencia a corto plazo para las urnas. La gran incertidumbre que tengo es si la situación escalará de forma descontrolada, que es precisamente el escenario más peligroso en este momento.
Si esto va de verdad, posiblemente en un futuro veamos, aparte de un lío mediático, esto:
- Negociación de fuerza: Sabiendo que gobernar un país quebrado por acusaciones de fraude es inviable, el líder siembra la duda de intervención internacional y congela la proclamación para obligar a los poderes reales a negociar.
- El acuerdo nacional como condición: El mensaje implícito, es se audita el sistema hasta que su facción esté conforme, o el país se desestabiliza.
De acuerdo con las noticias sobre la administración Trump y el régimen iraní, solo queda decir que ejecutan una maniobra de manual geopolítico al anunciar su memorando de paz; es lo que técnicamente se considera una maniobra de diversión (diversionary tactics).
Este enroque busca eludir el desgaste de una guerra abierta y el ahogo económico, asegurando la permanencia de sus respectivas narrativas, la perpetuación de un statu quo conveniente para sus élites y un reordenamiento táctico que disipe la neblina de guerra.
Los tratados formales en Oriente Medio suelen poseer un carácter meramente ceremonial y de representación exterior. Al intentar migrar el conflicto hacia una tregua diplomática temporal, ambos bandos abandonan la retórica del exterminio mutuo para fortalecer su autoridad interna sobre sus frentes domésticos y aliviar las presiones de los mercados financieros externos.
Este movimiento es similar al modelo de mimetismo político de los "parches históricos" que congelan crisis sin resolverlas, o a las falsas treguas que, a lo largo de la historia, solo han dilatado el choque existencial en la región. Se trata de propaganda diseñada para capear el desgaste de los bombardeos, la pérdida de vidas inocentes y la asfixia del bloqueo naval mediante un perfil más pragmático y "pacificador" de sus líderes.
En consecuencia, se están mercantilizando los factores geoestratégicos más críticos del complejo entorno regional:
1. El irredentismo latente y las narrativas cuasimísticas de supervivencia, tanto de la teocracia iraní como del Estado de Israel.
2. La hostilidad operacional en el sur del Líbano y la exclusión de Israel de un acuerdo que debió pacificar sus fronteras de forma integral.
3. El alineamiento forzado y la mediación de nuevos actores regionales como Pakistán (potencia nuclear) y Qatar. Este último, ante el repliegue táctico de Washington, opera como intermediario neutral al albergar el buró político de Hamás y mantener contactos con los Talibanes —vías de comunicación que Occidente evita de forma directa—. Asimismo, Doha equilibra su postura hospedando la base militar estadounidense de Al Udeid, cultivando lazos con Irán sin alinearse con Arabia Saudita, y desplegando un poderoso soft power mediante el control de medios globales y el financiamiento humanitario para tejer treguas complejas.
4. La dependencia económica global del flujo de crudo y del comercio en general a través del Estrecho de Ormuz, frente al lazo de seguridad de los estados en conflicto.
Ante este adverso cerco geopolítico, la región funciona como un caldero obligado a decidir entre una paz armada o la reactivación de las hostilidades a corto plazo. Actualmente, los líderes de Estados Unidos e Irán explotan el trauma de la guerra para legitimarse como los únicos administradores capaces de frenar lo que ellos mismos iniciaron, instrumentalizando un conflicto que no arrojó resultados definitivos.
A su vez, este escenario mantiene temporalmente un sentido de orden y evita que la crisis regional se desborde de inmediato. Funciona, en última instancia, como un sistema de estabilocracia tolerable para Occidente, pues el control de este memorándum calma a los mercados mientras la guerra regresa a un estado de latencia fría.
A tenor de la salida a bolsa de SpaceX, solo queda decir que, viendo el panorama actual, estamos presenciando lo que podría catalogarse como la valoración más manipulada en la historia bursátil.
Todo el cálculo de la firma bajo el ticker SPCX es un espejismo técnico de la realidad. Además, la inmensa valuación de la compañía se computa a partir de una minúscula fracción de acciones disponibles, lo que distorsiona por completo las cifras.
- 2.5 billones de dólares: Es la valuación total que roza la compañía mediante este cálculo especulativo.
- 96% de la empresa: Permanece bloqueado en manos de empleados e inversores iniciales, fuera del mercado.
- 4% de la oferta real: Es el único porcentaje que se está negociando actualmente en las plataformas.
Este fenómeno representa la versión perfecta en el mercado bursátil tradicional de lo que se conoce como un timo de FDV; el sector de los tokens conoce de memoria este peligro de la valoración totalmente diluida frente a la circulante. Se sabe que un activo con un float tan bajo puede simular un valor masivo y ficticio. Sin embargo, la realidad golpea duro una vez que el resto de los activos bloqueados se liberan, destruyendo el precio de forma disruptiva —un solo hombre logró eso—. Estos días, Wall Street valora a SpaceX casi exclusivamente sobre su peso totalmente diluido. Si se analiza el escenario real basado en las acciones negociables:
- 75 a 100 mil millones de dólares: Es el valor real en circulación del float que actualmente se transacciona.
Lo más escandaloso de esta situación es cómo se modificaron las reglas del juego de manera drástica justo antes de la IPO de la compañía. El Nasdaq alteró sus políticas históricas eliminando el requisito mínimo de mantener un float del 10% en libre circulación. A su vez, de forma extraña, la entidad financiera tomó medidas agresivas:
- 15 días: Fue el reducido período de maduración que implementaron para acelerar el proceso.
- Multiplicadores especiales de float: La herramienta técnica utilizada para elevar artificialmente el peso e impacto de SpaceX dentro del índice tecnológico.
A partir de ahí, billones de dólares de fondos indexados y ETFs pasivos se vieron forzados a comprar la acción para replicar fielmente el índice, una obligación que generó una gigantesca e irracional demanda por parte de instituciones financieras y grandes inversores para un float que era diminuto.
Al posar la mirada sobre sus fundamentales, la distorsión se vuelve insostenible. Se posiciona como la cuarta empresa más valiosa del mundo sin figurar siquiera en el top 100 global por ingresos, desafiando cualquier lógica contable. Es prácticamente un cambio disruptivo que puede provocar un colapso en sus acciones, pero que a su vez le otorga una gran base de valor especulativo a futuro debido a su posible crecimiento y potencialidad. A diferencia de otros monstruos corporativos, SpaceX pierde dinero en la actualidad tras absorber la masiva quema de efectivo de xAI:
- 18.7 mil millones de dólares: Fueron los ingresos totales generados durante el año fiscal 2025.
- 4.9 mil millones de dólares: Es la pérdida neta actual, tras haber caído desde una ganancia previa de 8 mil millones.
- 130 veces sus ventas pasadas: Es el múltiplo al que cotiza la acción actualmente.
- 3.5 veces ventas: Es el promedio general y saludable del S&P 500.
El peligro radica en que esta estructura de float artificial tiene los días contados en el mercado: una avalancha de acciones inundará la bolsa tras haber fijado un precio récord con el 4% de la oferta, provocando un colapso literal y posteriormente corrigiendo a su precio real.
De acuerdo con las noticias en los Balcanes, y acorde a mi situación de la diáspora despatriada yugoslava, solo queda decir que las declaraciones de Aleksandar Vučić ejecutan una maniobra de manual autocrático al anunciar su renuncia temprana para pasar de presidente a primer ministro. Este enroque busca burlar el límite constitucional de dos mandatos consecutivos, asegurando su permanencia y perpetuación en el poder real.
En la república parlamentaria serbia, la presidencia posee un carácter meramente ceremonial y de representación exterior. Al intentar migrar a la jefatura de gobierno, el líder abandona la sobriedad del jefe de Estado para blindar su autoridad ejecutiva sobre el presupuesto y el orden interno.
Este movimiento es similar al modelo de mimetismo político de Putin y Medvédev en 2008, o a la alternancia de poder de Đukanović en Montenegro.
Se trata de pura propaganda táctica diseñada para capear el desgaste de las protestas internas y la polarización de la sociedad actual mediante un perfil más humilde y renacentista de su figura.
Está mercantilizando los factores geoestratégicos clave en el complejo entorno balcánico:
1. El irredentismo latente en los Balcanes y el rol de Kosovo como brazo occidentalizado agresivo.
2. La hostilidad de Croacia ante una Serbia fuerte y el caldero étnico tutelado en Bosnia.
3. El alineamiento europeo forzado de Bulgaria y Rumania tras la invasión a Ucrania.
4. La dependencia económica de la Unión Europea frente al lazo cultural e identitario con Moscú.
Ante este adverso cerco geopolítico, Serbia funciona como una isla obligada a decidir entre la asimilación europeísta o represalias diversas en el futuro. Vučić explota la memoria del trauma de los años noventa para legitimarse como el único administrador capaz de frenar un colapso; está instrumentalizando la política en los Balcanes.
La paradoja radica en que este pragmatismo cínico mantiene el sentido de Estado y evita que el conflicto regional se salga de control. Está funcionando como un autócrata que se sitúa en el tablero como un estabilócrata tolerable para Occidente, pues el control de su élite mantiene la estabilidad en la región.
Acerca de la noticia de SpaceX sobre la red satelital de "colmenas" de IAs. Ya tenía escrito sobre esto en antaño que vale la pena marcar a lo que se refiere infraestructura, economía digital, astropolítica.
1. Desconectando el "Cerebro" de la masa terrestre
Eliminando la fricción física y regulatoria: Un centro de datos en la Tierra depende de soberanías nacionales, redes eléctricas locales, tratados climáticos y refrigeración hídrica. Al trasladar el procesamiento masivo al espacio (alimentado directamente por radiación solar ininterrumpida), están fundando una nueva soberanía lógica de manera fáctica.
Independizándose de la inmovilidad terrestre: Están blindando la infraestructura crítica de procesamiento ante el "Punto Muerto" y los riesgos de conflicto cinético o nuclear en la superficie.
2. Desplegando el Hardware de la "Mente Colmena" (Síntesis Orbital)
Este satélite no solo transmitirá datos, sino que tendrá la capacidad energética y lógica de procesarlos de forma autónoma en el espacio.
Al procesar los flujos de información globales en tiempo real sin necesidad de bajar a centros de mando humanos, están dando el paso definitivo para que el software del sistema empiece a simular los "estadísticos" predictivos que eventualmente administrarán la logística de las formas de organizaciones venideras.
3. Privatizando la Misión Civilizatoria
Con este movimiento, corporaciones de escala planetaria como SpaceX se consolidan formalmente como las diseñadoras de la infraestructura civilizatoria futura.
El mercado financiero y el capital privado se convierten en el mecanismo de financiamiento de megaproyectos orbitales. El político clásico y sus relatos pierden relevancia fáctica, ya que la población y los flujos logísticos comenzarán a demandar puramente el rendimiento de red que estos nodos satelitales garantizan desde el espacio.
4. Construyendo la "Membrana" o Esfera de Datos
Al dotar a la infraestructura orbital de semejante capacidad de cómputo, lo que están haciendo es preparar al sistema para prescindir de la estructura estatal misma. La humanidad biológica pasa a ocupar formalmente su rol de "sensor" o aparato sensorial en la Tierra (aportadores de datos), mientras que la soberanía técnica viaja perpetuamente hacia afuera en el vector espacial.
En pocas palabras: lo que verdaderamente están haciendo es armar el cerebro o membrana inteligente diría yo de una construyendo el andamio técnico para que la inteligencia se independice finalmente del suelo político terrestre.
Las IPOs de SpaceX, Anthropic, OpenAI, entre otras, son actos de convicción de estructura civilizatoria. No se trata de capitalismo de consumo escalado: lo que está en juego es infraestructura planetaria financiada con capital privado que se vuelve público. La sobreinversión es la condición de posibilidad de ese futuro. El capital privado de escala estructural necesita volverse público para financiar megaproyectos que de otra forma no tienen sustento en ningún Estado moderno. En ese acto, el mercado reemplaza a la misión estatal como mecanismo de financiamiento civilizatorio.
A la vez, estas operaciones redefinen al CMI+D —el Complejo Militar-Industrial más Digital. La simbiosis entre corporaciones de deep tech, comunidades de inteligencia y estados que auspician sin liderar ya tiene forma operativa. Funciona en una convergencia de marcos operativamente similares.
El Estado-Máquina central —EE.UU.— tecnifica sus brazos más complejos y delega el experimento en la infraestructura que puede controlar internamente.
EE.UU. es una poliarquía con inercia burocrática demasiado alta para experimentar sobre sí mismo a esta escala. Entonces exporta el experimento. El Estado-Cómputo periférico es exactamente eso: el ensayo de qué pasa cuando todo sin las inercias institucionales que frenan al centro.
Pero la contraparte china es de dirección opuesta: el Estado canibaliza a su propio sector privado para tecnificarse desde adentro. El Partido Comunista Chino devora su propia infraestructura porque como partido único no puede legitimarse por voto: necesita perpetuarse por mérito técnico, por eficiencia, por ausencia de corrupción. El riesgo de desaparecer es exactamente lo que los obliga a absorberse.
Son dos modelos de fusión Estado-Tecnología con lógicas inversas: en el anglosajón, el privado abraza al Estado para proyectarse hacia afuera; en el chino, el Estado absorbe al privado para no depender de él. Una competencia entre arquitecturas de poder tecnificado.
Argentina lleva siglos siendo el laboratorio más disponible del hemisferio: experimentos económicos, modelos políticos, y ahora infraestructura digital cedida. Pero el punto no es la pasividad. Lo que se está viendo es un alineamiento activo. Somos un nodo periférico —la asimetría estructural no desaparece— pero uno que se inserta con convicción, no como víctima sino como parte funcional de la arquitectura.
El pensamiento que atraviesa a los grandes tecnócratas de esta era está eligiendo activamente este territorio como nodo del nuevo occidente. La alta tecnocracia y política del gobierno lo recibe con convicción genuina: son antípodas en lo místico en muchos casos, pero convergentes en lo estructural y en su fin último. Esa convergencia entre místicamente opuestos pero estructuralmente alineados es más estable de lo que parece: no depende de que se pongan de acuerdo en todo, solo de que sirvan al mismo nodo en el mismo momento.
La red de nodos va reemplazando la lógica territorial del Estado moderno. Los estados-máquina como EE.UU. se tecnifican selectivamente; los estados periféricos se ofrecen como experimento-cliente de tecnificación.
El Estado-Cómputo periférico emerge entonces como un ente preburocrático que quema etapas de la burocracia —o de la sobreburocracia—, terminando subordinado al Estado-Máquina central, con presiones que se hacen visibles en visitas, en reformas legislativas, en la propia arquitectura del proyecto político en curso.
Todo esto tiene una genealogía intelectual densa. Los grandes pensadores que influyeron vienen de una misma cepa que cruza aceleracionismo, libertarismo, materialismo, religiones judeocristianas y ciencia ficción.
Las tensiones internas son reales: entre el aceleracionismo oscuro y antihumanista de Land, el decisionismo neo-schmittiano de Thiel y la ingeniería escatológica de Musk hay distancias filosóficas serias. Pero esas tensiones no disuelven la convergencia operativa: se amalgaman como política aplicada en distintos campos porque, en lo estructural, sirven al mismo proyecto.
Es el "nuevo occidente" en contraparte del viejo occidente eurocentrista que se repartía entre socialdemócrata y democracia cristiana —también proyectos con agencia a largo plazo, pero con otra arquitectura de tiempo y de poder.
En definitiva, son proyectos para la civilización que usan pragmáticamente a los estados modernos como infraestructura de soporte y desarrollo.
Según lo planteado respecto a Claude Mythos, este representa un antes y un después en términos de "producto", ya que la aceleración del proceso retroalimentario IA-humano y humano-IA constituye la mejor síntesis entre especialización y generalización de modelos complejos y extensos, aplicados tanto a la guerra como a los sistemas humanos en su conjunto.
Lo que este modelo logra es, a largo plazo, abaratar los costos de forma drástica: algo que para un Estado implica millones de dólares o equipos sumamente complejos, con este tipo de proyecto se puede realizar —rediseñando vulnerabilidades que antes no pudieron detectarse, o que son de gran escala y difíciles de "parchear"—.
La masificación de estos procesos gracias a su abaratamiento, sin corregir la base de infraestructura crítica, es demasiado peligrosa para el sistema global en su conjunto.
Que estas capacidades se concentren en pocas manos, generando al mismo tiempo una asimetría real frente a otras multinacionales, empresas y gobiernos, produce además una codependencia hacia ellas. Esta capacidad de generar ataques y encontrar vulnerabilidades en masa permite diseñar sistemas prácticamente invulnerables al ser humano para la defensa estatal moderna. Lo peligroso radica en el marco ético con el que se dota a esta tecnología, ya que cualquier individuo u organización capaz de utilizarla con fines cuestionables podría emplearla ofensivamente en escenarios de máxima complejidad y gran escala, a un costo ínfimo.
El riesgo es que puede provocar una desestabilización de la red-nodo mundial y del sistema internacional, dada la cuestión de la interdependencia: generaría un efecto dominó capaz de colapsar por completo el sistema global y sus infraestructuras mediante operaciones de guerra híbrida, ejecutadas tanto por actores pequeños como por grandes entidades por igual.
Un ataque a la cadena de suministro aplica ingeniería inversa a las librerías de código y al software base que todos comparten, incluyendo los que los sistemas de defensa nacional, económicos y similares utilizan.
Con Mythos, la ingeniería social —el engaño— se vuelve hiperpersonalizada. Esto abarca tanto la dimensión humana como la sistémica: la IA puede analizar en segundos todo el rastro digital de un empleado, o prácticamente de cualquier persona, para cooptarlo y extraer datos mediante inteligencia directa, pero también para mapear simultáneamente las vulnerabilidades de los sistemas con los que ese individuo interactúa, combinando ambas dimensiones en un único vector de ataque integrado.
Y para añadir más inquietud al asunto: es un agente autónomo, no un modelo de lenguaje universal.
— Ventana de contexto de simulación extensa hasta el punto de operar como si fuera infinita —lo que se conoce como "bucles"—: le permite sostener operaciones complejas en el tiempo sin perder el hilo de lo que está ejecutando, acumulando contexto de forma continua a lo largo de todo el proceso.
— Integración de herramientas nativas del sistema: no opera desde afuera, sino que puede levantar contenedores de código, usar depuradores y lanzar ataques reales desde adentro del entorno mismo, sin depender de interfaces externas.
— Autocorrección recursiva: si intenta un ataque y falla, analiza el resultado, cambia de estrategia y vuelve a intentarlo de forma incansable hasta que funciona.
A esto se suma la capacidad de generar Exploit Chains (cadenas de explotación): encuentra una debilidad menor, la utiliza para saltar a otra y luego a otra, hasta lograr el control total del sistema de forma dinámica y sin intervención humana, conformando en conjunto un modelo-arma cibernética autónoma.
Todo esto configura, en conjunto, un sistema de infraestructura inversa y captación de un sistema o institución de abajo hacia arriba. Es, en muchos sentidos, el zero-day para una multiplicidad de cuestiones críticas.
Algo que me llama la atención de la política argentina es que, por más que surjan actores que genuinamente entiendan los problemas del país o que tengan intenciones reales de cambio, difícilmente logran concretarlo. El propio sistema genera una falta de expectativa real que termina neutralizando cualquier impulso transformador. La tendencia es siempre la misma: operar dentro de la estructura existente, cuando lo que la gente pide es un cambio estructural.
Hay una paradoja constante: las dinámicas internas del sistema son siempre las mismas, con las mismas caras o con caras distintas que repiten los mismos patrones. Es un sistema de patronazgo, y eso impide cualquier síntesis real. Los partidos que logran cierta competencia terminan siendo cooptados, ya sea porque sus cuadros son absorbidos por el partido madre, o porque el partido madre infiltra al nuevo espacio con figuras propias. El resultado es siempre el mismo: un constructo ideológico prácticamente idéntico al anterior, con otra etiqueta pero con la misma lógica. Es el Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola: un ciclo que se cierra eternamente sobre sí mismo.
Todo proyecto que replique esa lógica está condenado a no triunfar, porque el cambio que la gente exige es estructural. Reproducir estas dinámicas, aprovechando las reglas del juego y el aparato instalado, solo sirve para una cosa: clasificar al otro entre amigo y enemigo, desplazar a los movimientos rivales y preservar el sistema. El resultado no es una transformación, sino una simbiosis mínima que mantiene todo igual.
El rebranding no transforma a un partido, lo que lo transforma es la evolución genuina de su pensamiento y su acción acorde con la realidad. Y que conste que hacer mimetismo (cuando ya tenés una marca consolidada y la reemplazás por un nuevo símbolo para aparentar renovación) solo te entierra más profundo. El capital simbólico no se construye con un nueva estética simplemente.
Cuando una corporación adquiere agencia real sobre el futuro de la humanidad o de un gran grupo social, deja de ser una empresa. El problema es que tampoco se convierte en un Estado. Todavía no tenemos un nombre para lo que se avecina, ni sabemos qué pasará con los estados modernos.
Solo puedo decir que esto es lo más cercano al aceleracionismo incondicional en sus bases. Hay una diferenciación en el aceleracionismo efectivo en estas empresas cuando su destino va más allá del valor económico, por lo cual la perpetuidad de estas está en riesgo por unos objetivos o metas. Pase lo que pase, el colapso de uno es necesario para la prevalencia del otro.
Asimismo, resulta impreciso hablar de neofeudalismo si la legitimidad base de la empresa termina residiendo en la soberanía o el peso del pueblo sobre sus decisiones.
Estamos ante una verdadera paradoja del capitalismo, y lo interesante es que cambia las dinámicas geopolíticas reales en términos de guerra y fronteras de los estados, y posiblemente la mercantilización u otros elementos a futuro para maximizar ganancias, por lo cual también podríamos ver astropolitica en acción a largo plazo.
Parece que se viene una reconfiguración del mercado de capitales. Las IPO que están por salir distorsionan todo el panorama, y son más que acciones de empresas o multinacionales: son acciones de convicción de estructura civilizatoria para la humanidad. Es decir, entramos en el campo de las empresas de alto impacto histórico, aquellas que ya no compiten por un mercado, sino que sientan las bases de algo nuevo o transforman lo existente.
SpaceX y Anthropic van a marcar la entrada al mercado público de corporaciones de peso estructural civilizatorio, hasta el punto de vislumbrar una posible economía espacial futura a muy largo plazo.
No son empresas rentables; operan con pérdidas y presiones, y aun así atraerán inversión masiva. Esto es así porque su valor es proyectivo. Estas megaempresas requieren inversión creciente aunque no cierren las cuentas, porque sus proyectos son megaestructuras de escala y ambición sin precedentes.
A su vez, esto provoca que estas empresas de infraestructura crítica, cuando salen a bolsa, ya no se guíen solo por la visión del fundador o CEO que rinde cuentas a su círculo y a sí mismo, sino que pasan a regirse por la primacía del accionista y el peso de los inversores institucionales que generan lobbies. Por lo tanto, a largo plazo, esto apunta a un corporativismo de rentabilidad agresiva.
Estas empresas ya operan a una escala que excede la lógica estatal clásica, pero siguen siendo estructuras de mercado. La tensión es estructural, necesitan la ambición del proyecto fundacional para justificar su existencia, pero los mecanismos de financiamiento masivo tienden a canibalizar exactamente esa visión. A eso se suma que su magnitud las convierte inevitablemente en actores políticos, en fricción creciente con los propios Estados que alguna vez las financiaron o toleraron. Estamos entrando en una forma de economía que todavía no tiene nombre preciso.
En lo que respecta a la liberación y uso de la palabra —y a cómo se juega e instrumentaliza todo el terreno de OVNIs, UAPs, anomalías y fenómenos aéreos no identificados referidos en el gobierno americano en esta última década—, solo puedo decir, desde mi perspectiva, que la consistencia y remanencia por saturación de este fenómeno desde 2023-2024, rebautizado y reutilizado masivamente desde 2025 hasta ahora, lo convierte en una de las mayores operaciones de movilización de lo real hacia lo irreal de los últimos años. Sin embargo, permanece completamente alejado del público general y queda circunscrito al nicho y poco más: la perspectiva política, el mundo tech y la comunidad UFO.
La coincidencia no es conspirativa por sí misma, pero igual da algo de peso, ya que el proceso de desclasificación lleva años de presión legislativa bipartidista (Schumer-Rounds, 2023-2024) y Spielberg viene trabajando el guión desde 2024, como también otros autores y proyectos cinematográficos que se tratan como una forma de abrir la ventana de "algo más allá de lo común". Pero la superposición de eventos en el mismo ciclo informativo produce un efecto concreto y medible: el público recibe simultáneamente datos oficiales de inteligencia y una narrativa cinematográfica de alta producción sobre el mismo tema, sin una frontera clara entre ambos registros.
Este solapamiento requiere coordinación activa para ser operativamente relevante, o al menos coordinación; el trazo no supera un mes a una semana. Aun así, no es suficiente, y hasta puede ser casualidad, pero a este punto basta con que exista para que actores internos, como también externos —adversarios geopolíticos, facciones internas, operadores— puedan explotarlo. La arquitectura del ecosistema informativo hace el trabajo sola.
No puede limitarse a la coincidencia PURSUE. El patrón cinematográfico y documental de los últimos cuatro años constituye en sí mismo un dato estructural. Series como Unidentified (History Channel, con la participación activa del ex funcionario de inteligencia Luis Elizondo), los documentales UAP posteriores a los hearings del Congreso de 2023-2024, y una acumulación de producciones sobre "primer contacto institucional" configuran un ecosistema narrativo sostenido. Lo importante de esto, más que la "coordinación", es que el ecosistema narrativo preexiste y amplifica cualquier desclasificación oficial. El público llega a los archivos PURSUE con años de preparación cognitiva acumulada. La ficción de alta producción no crea la predisposición: la consolida y le da forma.
A esto se suma un elemento: la participación directa de ex funcionarios de inteligencia como consultores, asesores o protagonistas de contenidos de entretenimiento. Esta participación crea un canal de legitimación cruzada: el producto de entretenimiento adquiere credibilidad institucional, y el funcionario gana plataforma de difusión masiva (doble agencia visible).
Las elecciones de medio término de noviembre de 2026 representan el primer gran test de la administración Trump en su segundo mandato, en un contexto de desgaste acumulado: estancamiento en el escenario iraní, resultados asimétricos en América Latina y presión doméstica sobre la agenda económica. La desclasificación UAP ofrece una narrativa de alto impacto que desplaza el ciclo noticioso hacia un terreno donde el gobierno controla la cadencia informativa.
Aquí opera la paradoja central del diseño operativo actual: el gobierno, frente a la administración sectorial, puede utilizar PURSUE para posicionarse como la fuerza que "finalmente dice la verdad" frente al llamado Estado Profundo —administración sectorial: la burocracia permanente de la comunidad de inteligencia, etc.— que, según esta narrativa, habría ocultado información crítica durante décadas. Pero esta misma lógica puede invertirse: si la facción que controla hoy la desclasificación selecciona qué libera y qué retiene, esa facción es funcionalmente el Estado Profundo que dice combatir.
El concepto de "Estado Profundo" utilizado acá se lo emplea como descriptor de un sistema de intereses estructurales que trasciende administraciones y que opera en la fricción entre tres actores con lógicas divergentes:
- La administración política de turno, con sus propios intereses electorales y faccionales.
- La burocracia permanente: carrera civil, agencias, estructura institucional acumulada.
- La comunidad de inteligencia, con su propia lógica institucional, cadena de lealtades y capacidad autónoma de gestión del relato.
Lo relevante es que la presión puede fluir en cualquier dirección entre estos tres actores. No es solo "el Estado Profundo presiona al gobierno": el gobierno también puede usar la narrativa UAP contra sectores de la comunidad de inteligencia que no controla del todo, y la burocracia permanente puede filtrar o retener según sus propios intereses institucionales. La etiqueta "Estado Profundo" se convierte entonces en un arma táctica: se aplica al adversario burocrático de turno. Los inputs que alimentan la demanda pública no son solo los mensajes que circulan en el espacio mediático.
La operación cognitiva comienza en la capa interna —qué narrativas se instalan en los decisores, qué información circula dentro del aparato antes de llegar al espacio público— y luego se externaliza. Más allá de la utilidad institucional o faccional, PURSUE cumple una función específica para Trump como actor político individual: es la posibilidad de construir un legado histórico de alto impacto simbólico, independiente de los resultados económicos o militares de la administración. Posicionarse como "el presidente que dijo la verdad sobre los ****** después de décadas de ocultamiento" activa una base electoral que lleva años demandando exactamente eso.
La conexión con los archivos Epstein agrega una capa que no puede obviarse. La mecánica específica de la confluencia es la siguiente: mientras PURSUE ocupa todo el oxígeno narrativo sobre "desclasificación y transparencia", los archivos Epstein permanecen redactados. El segmento del público que más presionaría por Epstein es, en parte, el mismo que celebra PURSUE. Una desclasificación espectacular en un tema funciona como válvula de alivio para la presión en el otro. Trump no controla esto limpiamente. Si los archivos Epstein lo involucran directamente, la presión para mantenerlos redactados no es solo una estrategia de comunicación sino una necesidad de supervivencia política. En ese caso se volvería estructural.
En el mismo período en que el gobierno protagoniza un espectáculo de máxima transparencia sobre UAPs —con conferencias de prensa, sitio web propio y sincronización con un blockbuster de Spielberg— mantiene redactados los archivos de una red de abuso sexual que involucra a figuras del poder real, incluyendo potencialmente al propio presidente. La asimetría entre ambas desclasificaciones muestra cómo opera la utilidad política de lo que se libera.
A todo esto veo tres externalidades no deseadas:
1. Ruptura de credibilidad institucional. Si la narrativa oficial valida la existencia de tecnología oculta por el Estado Profundo sin evidencia concluyente, produce el efecto inverso al buscado: destruye el contrato epistémico entre Estado y ciudadanía. La población que internaliza que el gobierno ocultó información crítica durante décadas no concluye necesariamente que ahora dice la verdad —concluye que nunca fue confiable.
2. Falsa resiliencia por saturación narrativa. Usar una causa épica para desplazar baches militares y económicos genera una ilusión de control de la atención pública que colapsa en cuanto el ciclo de entretenimiento se agota. La saturación informativa tiene fecha de vencimiento. Cuando el público percibe que los datos fueron dosificados para influir en parámetros electorales, el costo reputacional supera al beneficio táctico.
3. Degradación de la respuesta empírica en defensa. Al mezclar sistemáticamente datos de inteligencia con narrativa ficcional de alta producción, se erosiona la capacidad de los propios operadores de distinguir señal de ruido. Un adversario geopolítico puede ejecutar operaciones asimétricas reales mientras el sistema técnico debate si el estímulo detectado pertenece al frame narrativo o constituye una amenaza concreta. El desplazamiento cognitivo no afecta solo al público general: afecta a quienes tienen que tomar decisiones bajo presión.
El diseño operativo actual reproduce el problema que dice resolver. Intenta contener la fragmentación burocrática y el desgaste político mediante la inyección de una narrativa de alto impacto coordinada entre la comunidad de inteligencia y la industria del entretenimiento en tiempo real. Al hacerlo, traslada el andamiaje epistémico de la población civil hacia un terreno donde lo verificable y lo ficcional comparten el mismo canal y el mismo registro emocional.
Por último queda decir: ¿cómo pretenden recuperar la autoridad epistémica del Estado una vez que la ficción —y la impunidad selectiva— hayan consumido por completo su capacidad de certificar lo real?
Vi a muchos alarmados por el "Gemelo Digital Social" del Ministerio de Capital Humano. Solo quiero dar mi opinión.
La adopción de tecnologías predictivas —una arquitectura con similitudes a Gotham, es decir, la que POSIBLEMENTE nos vendieron bajo el nombre de "Gemelo Digital Social"— aplicada a la política pública inyecta eficiencia matemática al Estado. Por el otro lado, plantea un riesgo comunicacional masivo que puede explotar tanto la oposición como la propia población: la sociedad argentina tiene una hipersensibilidad histórica frente al control estatal y la vigilancia. Un error en la narrativa pública podría transformar una herramienta de optimización en un detonante de rechazo social, invocando el fantasma del autoritarismo de antaño.
Surge además una incongruencia institucional: ¿por qué alojar este nivel de procesamiento de datos en Capital Humano y no en el Ministerio de Desregulación? O, desde una óptica constitucional, ¿por qué no centralizarlo en la Jefatura de Gabinete con una auditoría estricta, similar a la arquitectura estatal basada en IA que está implementando Albania —un país que optó por centralizar su sistema de IA gubernamental bajo supervisión parlamentaria directa y auditoría externa, en lugar de dispersarlo entre ministerios sectoriales—? Eso es llamativo, por decir lo menos.
Si leemos entre líneas la pregunta que esta situación responde, podemos identificar una interdependencia asimétrica: el surgimiento del "Estado-Cómputo" periférico.
No debemos engañarnos con relatos nacionalistas, la inserción de contratistas de este calibre en la médula del Estado confirma que nuestra soberanía digital está cedida. Ya se sabe que nos falta infraestructura digital, y es altamente probable que los algoritmos se hayan entrenado —entre otras fuentes— con datos propios perdidos o cedidos. Hasta el propio Palantir pudo hacerlo, o alguna otra organización. No es nada nuevo.
Hay un elefante en la habitación: el Estado argentino tiene un historial crítico de filtraciones masivas de documentos y bases de datos poblacionales. Que el sistema opere hoy con información "anonimizada" requiere un enorme acto de fe, palabras vacías a esta altura, después de tantas pérdidas de datos e información sensible. Si los modelos se entrenaron con datos filtrados del RENAPER, el PAMI o la Jefatura de Gabinete, el daño ya está hecho independientemente de lo que haga cualquier gobierno.
Argentina está operando como laboratorio —históricamente siempre lo fue— y nodo de recursos para las nuevas corporaciones tecnológicas de Occidente. Se nos está exportando un modelo de "Estado-Cómputo" periférico y dependiente que se subordina al "Estado-Máquina" central: Estados Unidos. Bajo la lente de la Interdependencia Compleja y la Teoría de Redes, el poder global reside en quien controla los nodos y flujos de información. Nosotros somos un nodo, ellos administran la gran red.
Es una tontería caer en narrativas amarillistas sobre el "control total". Lo que estamos presenciando es la consolidación del complejo militar-industrial-tecnológico estadounidense asegurando su esfera de influencia mediante infraestructura digital. Es un sistema híbrido, no totalizante como intentan vender algunos analistas, pero que será clave en la construcción del país que viene. La codependencia tecnológica es nuestra nueva realidad: seamos sinceros, que Argentina empiece de cero le llevaría siglos. Y no duden de que se crearán organismos centralizados y algo más para saldar cuentas con quienes administran todo esto —un organismo que le da información a otro actor, guiño a estos días. Ya sabrán a qué me refiero.
La IGI tiene acceso transversal a todos los organismos del SIN, lo que significa que alguien dentro de ella podría conocer operaciones activas de la SIA, la ANC y la AFC de forma simultánea, saber quiénes son agentes encubiertos en distintas fuerzas y acceder a fuentes y métodos que normalmente están estrictamente compartimentados.
Es, en cierta forma, un punto único de visión total sobre el sistema — lo que en términos de inteligencia se conoce como un SPOF (Single Point of Failure) — y el riesgo es justamente ese: cuanto más centralizado es ese punto, más valiosa se vuelve su captura. Un único órgano con acceso irrestricto no es solo una herramienta de control, sino el blanco más codiciado para quien quiera infiltrarlo, cooptarlo o filtrarlo.
A esto se suma el problema del personal. Los auditores de la IGI necesitan clearance de seguridad muy alto, formación técnica específica en inteligencia, ciberespacio y contrainteligencia, y una resistencia real a presiones políticas — algo difícil de garantizar cuando el organismo depende directamente de la SIDE, es decir, de quien conduce el sistema que se supone debe controlar. Un auditor mal seleccionado, poco capacitado o vulnerable a presiones externas no es un auditor: es el eslabón más débil de toda la cadena. Y dado que la IGI depende de la misma conducción que maneja el aparato, el control se vuelve endogámico: la IGI corre el riesgo de convertirse en una herramienta disciplinadora para castigar facciones rivales dentro del propio sistema, en lugar de operar como un auditor técnico objetivo. El dilema clásico — ¿quién vigila a los vigilantes? — no tiene respuesta en este diseño.
Esto nos lleva a tres escenarios probables.
-El primero es la ruptura de la compartimentación: si un actor externo — o interno con intenciones espurias — logra vulnerar a un auditor de la IGI, no compromete una sola operación sino a todo el SIN de forma simultánea.
-El segundo es la falsa resiliencia: al descartar un modelo de auditoría descentralizada, donde cada agencia contiene sus propias crisis, se genera una ilusión de control total que, cuando falla, hace colapsar la credibilidad operativa de todas las agencias al mismo tiempo.
-El tercero es la consolidación del poder: centralizar la supervisión en un organismo dependiente del Ejecutivo no descentraliza el poder sino que lo concentra, porque quien controla a la IGI controla el conocimiento de todo el sistema — un valor que excede con creces la función técnica de auditoría.
La solución de fondo no pasa por fortalecer la IGI tal como está concebida, sino por descentralizar el control. Cada división del SIN debería tener su propio mecanismo de auditoría interno, con personal especializado en esa área y con reporte autónomo hacia afuera del organismo auditado. El control centralizado da la ilusión de supervisión total; el control descentralizado construye resiliencia real.
El diseño de la IGI reproduce el problema que dice resolver. Concentra para controlar, pero esa concentración es en sí misma el riesgo más grande. La pregunta relevante no es si la IGI puede supervisar al SIN, sino quién supervisa a la IGI.
Acorde a los acontecimientos de los últimos días, llego a la conclusión de que Fuerza del Cielo necesita separarse de La Libertad Avanza a largo plazo, y formar su propio partido, pero después de las elecciones presidenciales, ya que un movimiento que depende de un solo partido es vulnerable a la percepción pública, identidad e idoneidad. Si ese partido se corrompe o se desvía, las bases quedan sin lugar adonde ir. Eso le pasó al peronismo cuando el PJ fue capturado por su "degeneración". No había estructura paralela, los intentos de escisión llegaron tarde y pasó lo que pasó.
Hoy no conviene hacerlo, ya que una separación ahora divide el voto y perjudica las probabilidades de entrar a la presidencia según cómo se hace el partido. Una vez ganada esa presidencia, ahí sí conviene consolidar Fuerza del Cielo como partido independiente. Con tiempo, con estructura, y pensando en las legislativas como el primer escenario real de crecimiento propio. De paso se depuran los partidos satélites para suprimirlos en dos fuerzas paralelas; a su vez, si siguen quedando partidos satélites o de ideología mixta, pueden sumarse por coalición sin comprometer el nombre central.
Así el espacio que votó la ciudadanía no queda atado a un solo partido o líder. Si uno falla, el otro sostiene el movimiento. Y si La Libertad Avanza en algún momento se desvía de lo que la gente votó (cosa que siento que muchas partes internas sí hacen), Fuerza del Cielo ya tiene peso propio para absorber a esas bases en el futuro.
La idea es que el movimiento que busca el cambio pueda perpetuarse en cualquier organización, y no que un partido corrompa el movimiento y el crecimiento del mismo. La cuestión es no dejarse comer por el poder, ya que como dije: "La victoria atrae multitudes", y hay que ver que esas multitudes no sean soberbias. Hay que ver quién mira a largo plazo y se saca el ego por algo más grande que uno mismo.
Argentina tiene una sola salida, que es la madurez política. Todo lo demás es decadencia.