A quién le quede el saco y que le duela a quien le tenga que doler.
El mexicano que no controla la fiesta, que vandaliza carros, orina monumentos de desaparecidos, rompe locales, roba en el tumulto, destruye mobiliario público, hace “bromas” que atentan a otros o se pone violento por “la emoción del futbol”, es el mexicano frustrado, resentido que no sabe convivir…
antes pensaba que el duelo era llorar, pero es algo mucho más cruel. El verdadero duelo es comer sin hambre, es reír sin estar feliz, es despertar sin ganas de seguir adelante
La indiferencia duele más que cualquier decepción o engaño. Exponerte a la falta de interés de quien creías ser prioridad es una huella que dificulta la ruptura y la reconstrucción posterior. No es lo mismo una despedida con cuidados que una despedida con silencio, falta de protección y cero respeto a la historia compartida. Cada duelo es un mundo pero no ver irse a la misma persona a la que dejaste entrar es una herida muy profunda