Tres autocríticas que, a mi juicio, tendrá que hacer la campaña de Iván Cepeda:
1) Aída Quilcué no generó entusiasmo ni logró ampliar la base electoral. Por el contrario, produjo rechazo en algunos sectores.
2) La insistencia en una constituyente terminó generando un profundo problema de credibilidad. Aunque la campaña intentó tomar distancia de esa idea al final, para muchos colombianos Cepeda ya había quedado asociado a la posibilidad de una constituyente.
3) La presencia de Gustavo Petro no le hizo ningún favor a la campaña. Sus declaraciones incendiarias, su tono confrontacional y la permanente radicalización del debate mantuvieron viva la polarización y dificultaron que Cepeda conquistara a los sectores moderados e indecisos.
Las derrotas también exigen autocrítica. Y gran parte de las razones de la derrota de hoy se explican por decisiones tomadas dentro de la propia campaña.