Separó la boca nada más para soltar un escupitajo justo encima de la suya. — Ugh, que aburrida, yo que quería escuchar de tus labios que quieres que te coma el coño. — Se colocó en cuclillas y deslizo las manos por la cadera de la mujer para tomar los bordes del vestido.
...
Con la intensidad del momento, la de pelo corto no dudo un segundo en empezar a tocar más atrevida, llevando sus manos a la retaguardia ajena, apretando esos glúteos con intensidad clavando sus uñas.
Los dedos de Saya se hundieron más en el cabello de la azabache y la acercó para darle un beso mucho más intenso y cachondo que antes, con hilos de baba que se entrelazaban entre sus bocas. — ¿Ahí abajo? ¿En la rodilla? Debes ser más especifica. ~ —
Y claro, tras tanto calentar la caldera, las dos mujeres asiáticas ya estaban hasta el tope, al escuchar sus expresiones y tras propinarle ese beso mientras mis manos traviesas se paseaban por las curvas de la susodicha. — Quiero tu lengua ahí abajo, por favor. ~
¿Quién dice que no quería recordarlo? Seguro sería una cogida bien intensa entre ambas, tanto que los vecinos se quejarían por el ruido, la alemana se ve tan cachonda a pesar que es tan seria.
— Dilo... — Rozó los labios con los suyos, incluso saco la lengua para dar lamidas, para luego propinarle a la asiática un beso francés, breve pero intenso. — Pide que te meta la lengua en el coño, pero pídelo por favor. ~ —
La sorprendió, parecía que estaba provocando demasiado a la mayor, que pronto estaba encima suyo pegándole ese cuerpo mientras la miraba con una sonrisa algo traviesa. — Bueno, pero podría tener mejor tu lengua haciendo el trabajo, sería más divertido. ~ —
Camino unos cuantos pasos en su dirección, hasta que se atrevió a tomarla por la nuca, sus dedos se colaron entre sus cabellos hasta que la sujeto con suavidad.
— Solo si te sobas el coño con la pluma mientras me miras, sucia.