Parece todo mejorar, pero sigo con la impresión y el susto de que en algún momento mi corazón se paralice o mis pulmones no respiren más, supongo que la cercanía a la agonía es un recuerdo pesado que seguirá ahí merodeando un tiempo más.
Si algo he aprendido en todos estos años, es que los que te piden rebaja con índole a qué les hagas un favor, son los peores para pagar y los más cansones para exigir. Evitense eso.