TL,DR
El dieciocho de octubre os solté un consejo no pedido. Comida no perecedera que se pueda comer sin energía externa para una semana y con energía externa para dos. Litro y medio de agua al día por miembro de la familia durante un mes. Powerbank de alta capacidad. Cocina de camping con cartuchos de gas para dos semanas. Esto es lo mínimo en casa, dije. Ya me lo agradeceréis.
Hubo quien lo leyó como si estuviera anunciando el fin del mundo y quien se puso a imaginar búnkeres y despensas para dos años. Ni una cosa ni la otra. Yo solo digo lo que veo en lo que tengo monitorizado (algunos por aquí lo habéis visto), y no es un escenario loco. Nadie habla de apocalipsis zombie. Hablo de cadenas de suministro, de diésel y de una red eléctrica que ya ha enseñado las costuras y bastante inestabilidad social en muchos focos a la vez. Sin más.
Y hay una idea de fondo que conviene no perder. Una sociedad preparada hace más fácil la labor del Estado a la hora de afrontar una crisis. Si el Estado no tiene que preocuparse de determinadas situaciones de emergencia porque la gente está concienciada, puede enfocar esfuerzos en recuperar la normalidad antes. Cuanto más concienciados y preparados estemos, mejor. Y eso no significa arramplar mañana con el supermercado ni comprar 19 toneladas de papel del culo.
Porque, y esto lo digo yo mirando lo que hemos vivido, tenemos pruebas bastante claras en los últimos años de que la respuesta pública a crisis de distinto tipo deja mucho que desear. El veintinueve de octubre de 2024, en la DANA de Valencia, AEMET elevó el aviso a rojo a las siete y media de la mañana y lo extendió a toda la provincia sobre las nueve y media. El primer ES-Alert masivo a los móviles no salió hasta las ocho y once de la tarde. Más de doce horas después. Cuando el mensaje pedía evitar desplazamientos, la tragedia ya estaba encima de mucha gente. Eso no es un rumor de taberna.
En enero de 2021 Filomena dejó Madrid bajo la nieve y la logística hecha un cromo. Alrededor de 13.000 camiones embolsados. Mercamadrid parado el fin de semana. Estantes de fresco vacíos un día y medio en algunos supermercados hasta que volvieron a entrar más de 1.000 camiones. No fue el fin del mundo. Fue un corte corto que enseñó lo rápido que se nota cuando la cadena se atasca.
En marzo de 2020, con el COVID, las farmacias se quedaron sin mascarillas. FEDIFAR hablaba de un salto brutal de pedidos, del orden de un 20.000 por ciento respecto al año anterior, y de poder atender solo una fracción de la demanda. Mientras tanto la peña vaciaba pasillos enteros de papel higiénico. Las autoridades repetían que el abastecimiento no corría peligro. El problema no era que se hubiera acabado el papel en España. Era el pánico comprando a lo loco. Precisamente el tipo de reacción que no quiero. Prepararse con calma no es eso.
Y el veintiocho de abril de 2025 se fue la luz en toda la península. El Expert Panel europeo, en marzo de 2026, confirmó un origen multifactorial. Oscilaciones, desconexiones incorrectas de generación y un control de tensión por parte de generadores por debajo de lo que exige la normativa, el famoso P.O. 7.4. Quien viva con la idea de que la red es un reloj suizo que nunca falla no ha leído el informe.
Desde entonces la red va con el freno de mano echado. En 2025 Red Eléctrica no tuvo que activar ni una vez el servicio de respuesta activa de la demanda, el mecanismo por el que pide a la gran industria que baje su consumo durante un rato. En lo que va de 2026, hasta el seis de octubre, lo ha hecho once veces repartidas en ocho días, con picos de hasta 1.775 megavatios, y siempre por el mismo motivo, falta de reserva de potencia para subir si algo falla. Conviene decirlo bien. No es un corte forzoso a las fábricas, es un servicio voluntario que las empresas pujan en subasta y por el que cobran, y la propia Red Eléctrica insiste en que no es un mecanismo de emergencia. Pero que se haya pasado de cero a once en un año dice bastante de lo justo que anda el margen.
En octubre de 2026 Red Eléctrica publicó 18,52 gigavatios de acceso de demanda ya otorgados en transporte, con los centros de datos alrededor del treinta y cuatro por ciento. Tras actualizar escenarios hay capacidad firme en más del treinta y cinco por ciento de los nudos. No está todo cerrado a cal y canto. La presión de demanda nueva y el control de tensión son un tema estructural.
Si encima de eso miras fuera, los hechos siguen sin ser conspiranoia. El once de marzo de 2026 los treinta y dos miembros de la Agencia Internacional de la Energía acordaron poner en el mercado 400 millones de barriles de reservas de emergencia. El motivo era la crisis del Estrecho de Ormuz, abierta desde el veintiocho de febrero con el conflicto en Oriente Medio. Según la propia AIE, el tránsito de crudo y productos por Ormuz cayó a menos del diez por ciento de los niveles previos. A mediados de octubre ya se habían liberado unos 330 millones. El quince de octubre el Governing Board decidió acelerar los 100 millones restantes, con planes que incluyen más de 20 millones de barriles de diésel lo antes posible, y dejó escrito que el mercado del diésel sigue tenso. En Europa, gran parte de lo que aportan los países son productos refinados, no solo crudo. Eso es el comunicado de la AIE.
España entra en esa acción. El MITECO liberó primero 3,7 millones de barriles. El veintidós de octubre autorizó otros 4,4 millones en gasóleos y querosenos, equivalentes a seis días de consumo nacional, con plazo hasta el quince de diciembre. Importante, y lo dice el propio ministerio. Se recurre a las existencias mínimas de seguridad de la industria. No se tocan las existencias estratégicas de CORES.
Suiza, aparte, entre el ocho y el veinte de septiembre autorizó retiros de sus Pflichtlager. Hasta 30.000 metros cúbicos de diésel y otros 30.000 de gasolina. El motivo local era la parada de la refinería de Cressier sumada al bajo caudal del Rin. El veintiuno de septiembre el BWL dijo que ya no necesitaba más retiros, pero que la situación seguía tensa. Dos capas distintas. La acción colectiva de la AIE por Ormuz, y un cuello de botella alpino por refinería y río. Las dos son reales.
En Oriente Medio el oleoducto saudí Este Oeste, la vía para sacar crudo sin pasar por Ormuz, estuvo cerrado unas dos semanas en septiembre tras ataques. A finales de octubre los hutíes reivindican nuevos golpes contra infraestructuras saudíes, Ras Tanura incluida. Aquí hay que ser precisos. Una reivindicación del atacante no es una confirmación del atacado. Pero la cosa anda muy calentita y probablemente volvamos a tener salseo antes de finales de noviembre.
Y en Europa la guerra híbrida no es un concepto de tertulia. El primero de septiembre de 2026 el Gobierno alemán atribuyó a Rusia el intento de ataque con dron explosivo en el aeropuerto de Leipzig Halle del cuatro de agosto. Lo dijeron con patrón de la operación, investigación policial e inteligencia encima de la mesa. Cerraron el consulado general ruso en Bonn. Son cosas a tener en cuenta, porque de momento no le ha tocado a una refinería europea, pero...
Luego están las alertas de protección civil, que mucha gente confunde con un aviso de que llega el Juicio Final. Leídas en la fuente, ninguna habla de guerra inminente. Todas hablan de aguantar unos días en casa sin depender de nadie.
Reino Unido lanzó el veintidós de octubre la campaña Be Ready. Tres días de autosuficiencia, tres litros de agua por persona y día, comida no perecedera, enmarcada en clima extremo y pensada a tres años. Burnham la respaldó en la radio.
Canadá no ha sacado nada nuevo. Lleva años con la guía permanente de setenta y dos horas, comida no perecedera, linterna, radio y medicación.
Suiza mantiene el Notvorrat de siempre. Comida para alrededor de una semana y al menos nueve litros de agua por persona, pensado como puente ante un corte de suministro, no como supervivencia a una guerra larga.
Alemania, con el BBK, recomienda preferiblemente diez días y dice que tres ya ayudan, con el ratgeber renovado en octubre de 2025 hablando de clima, ciber, desinformación y energía.
Francia publicó en noviembre de 2025 la guía Tous responsables, kit de emergencia para setenta y dos horas.
Suecia envió en noviembre de 2024 Om krisen eller kriget kommer a más de cinco millones de hogares, con al menos una semana de margen.
Países Bajos, con Denk vooruit, habla de las primeras setenta y dos horas en casa.
La Unión Europea, en marzo de 2025, metió en la Estrategia Preparedness Union la idea de directrices de autosuficiencia mínima de setenta y dos horas. Son guías de resiliencia. Clima, apagones, logística.
Todo esto encaja, de hecho, con lo que digo. Si la gente aguanta setenta y dos horas o una semana sin saturar al Estado, el Estado puede empujar antes hacia la normalidad.
Otra cosa es cómo llegan estas guías a vuestro timeline. La de Canadá lleva años publicada, pero se difunde como algo nuevo, porque el hueco que dejan las administraciones al no explicar las cosas a la sociedad como adultos se llena con propaganda con los más diversos intereses. Y el vídeo japonés que circula como última hora es la rueda de prensa de Koizumi del veinte de septiembre, a raíz de un misil norcoreano que subió a unos sesenta kilómetros de altura y recorrió unos cuatrocientos cuarenta, reciclada un mes después. No es casualidad. Ahora mismo hay una fuerte campaña en redes para generar sensación de pánico. La mecánica es siempre la misma, coger algo real, quitarle la fecha y el contexto, y soltarlo como si fuera el preludio del desastre.
La doctrina de propaganda rusa no es una opinión de bar. El modelo firehose of falsehood de RAND, de 2016, describe volumen alto, canales múltiples, rapidez y poca vergüenza a mezclar verdad a medias con mentira. Los informes FIMI del EEAS documentan operaciones como Doppelgänger, Storm-1516 y Portal Kombat. El patrón que describen las instituciones europeas es sembrar división, erosionar la confianza y mover miedo o fatiga, sobre todo alrededor de Ucrania y de las instituciones. Eso es un hecho institucional. Que a Rusia le interese infundir miedo es coherente con esa doctrina y con lo que publican el EEAS y los gobiernos aliados. Una población asustada compra a lo loco, desconfía de sus instituciones y satura los servicios justo cuando más falta hacen, que es exactamente lo contrario de una sociedad preparada.
Otra cosa es atribuir cada cuenta viral, cada mapa del ECMWF a trece días o cada vídeo reciclado a un agente del Kremlin. No es posible una atribución indubitada, y con eso se cuenta, pero el patrón de amplificar alertas reales para convertirlas en pánico sí se ve. El contraste siempre es la fuente primaria.
Yo no os pido que os rayéis. Al contrario. Hay que bajar el cortisol. Prepararse no es paniquearse. Tener una despensa seria, agua, una fuente de luz y un mínimo de autonomía en casa es de sentido común cuando la AIE acelera liberaciones de diésel, Ormuz sigue hecho un cromo, la península ya mostró un punto débil de tensión y hemos visto, una y otra vez, que cuando llega la hostia el Estado tarda.
Con que tengáis para una semana debe bastar para la mayoría. Si después de una semana la cosa sigue jodida, es que está muy jodida. Yo tengo para un mes. Cada uno según pueda. Sin arramplar el súper. Sin 19 toneladas de papel del culo.
Mi consejo del dieciocho de octubre sigue en pie. Por suministro, por diésel y por energía. Porque una sociedad preparada ayuda al Estado a recuperar antes la normalidad.
Estaría bien que las autoridades tratasen a la población como adultos y explicasen estas cosas, pero viendo la reacción a mi tuit inicial, creo que está bastante claro que la gente prefiere no saber. Doctrina del avestruz, supongo.
Al final he preferido matizar. No lo he hecho antes por falta de tiempo, porque creo que había que pararse a escribir sin dar pie a que cada uno lea y entienda lo que le sale de los huevardos, y porque esta semana he tenido que charlar de esto en persona con bastante gente que me ha preguntado. A ver si así no salgo en un hilo de Forocoches y esas cosas.
Me preparo un café. Me siento en el ordenador. Mi gato se sube a la mesa mientras enciendo la pantalla. Abro X. Primer tweet: Javier Negre llorando porque no le ha servido de nada lamer las botas de los Bolsonaro. Bebo café mientras acaricio al gato. Lunes.
La Costa del Sol tiene todo el potencial para convertirse en una ciudad global, uno de los motores económicos de ESP dando oportunidades a los jóvenes y estabilidad geopolítica en el Estrecho. Pero no lo será mientras siga desconectada. Málaga, con una red de Cercanías ridícula, es un ejemplo de dejación que afecta a los precios de la vivienda porque se pierde la oportunidad de aumentar el tamaño y el poder adquisitivo de los municipios circundantes. Las Cercanías de Málaga son unos de los costes de oportunidad más altos que estamos pagando en España a nivel de integración metropolitana.
¿Por qué sale tan barato ser idiota y tuitearlo?
¿No es precisamente por la dictadura y su censura por lo que todavía desconocemos muchos crímenes del franquismo? ¿Acaso es excluyente el recuerdo de las víctimas?
Indigente intelectual con púlpito en prensa y TV.
Esto me molesta bastante, Quiero pensar que no es porque me vuelvo mayor sino porque el personal es cada vez más incívico. Lo de ir en Metro o AVE sin auriculares y con el móvil reproduciendo slop a todo volumen es muy frecuente. Me saca de quicio.
Jonas Salk era rico —riquísimo, de hecho— y se gastó su dinero en una vacuna de la polio que cedió al dominio público. Se lo gasto, por tanto, en mi (y en ti, en todos).
"Dover es lo que ha merecido la pena de mi vida. Lo viví desde el principio como un milagro maravilloso"
Cristina Llanos rompe diez años de silencio
https://t.co/eHkkXr0VHq
Saber y Ganar es tan absurdamente superior a todos los demás concursos de la tele… auténticos frikis del conocimiento y la cultura ganando cada episodio dinero como para comprarse un par de paquetes de pipas ante una media de 50 telespectadores. Puro aura.