"Casualmente" está prevista la instalación de un gran proyecto fotovoltaico en la zona incendiada. En este país no hay nada casual ni fortuito. Muy triste 😭 DEP
Última hora del incendio de Los Gallardos: Al menos 11 muertos y 19 personas desaparecidas https://t.co/znu7s4w3Bl
En España, todo lo que usa o disfruta la clase trabajadora se está volviendo “insostenible”.
Lo dije en el tuit anterior: nos están declarando la guerra (de clases). O reconstruimos las herramientas de la clase trabajadora o esto se va a poner muy jodido. Ellos lo tienen claro
Mis padres, obreros de fábrica, tenían comedor en la empresa y autobús para ir y volver. Ahora las generaciones más preparadas de la historia ponen el transporte y comen en el supermercado.
Este siglo es una estafa de dimensiones incalculables.
Hay follón entre estadounidenses y europeos con que si usamos mucho o poco o nada el aire acondicionado.
Pues mirad lo que os digo, hace 2400 años, en Persia, ya inventaron una manera de refrescarse: fabricaban hielo EN EL DESIERTO.
Esta es la historia:
Imaginad los desiertos de el Dasht-e Kavir y el Dasht-e Lut, en la actual Irán. Son extensiones donde el día castiga con cuarenta grados largos y la tierra parece el recuerdo de un mar que se evaporó de pura desesperación. Imaginad ahora, brotando de la arena parda, una colina de barro con forma de colmena gigante o de teta apuntando al cielo, una cosa con pinta de cosa-que-no-debería-estar-ahí y sin embargo está, lleva siglos estando. Es un yakhchāl, palabra que significa, literalmente, pozo de hielo.
Y dentro de la cúpula, que es de adobe, en mitad del horno, los persas fabricaban hielo. Lo hacían nacer de la noche y de una elegantísima comprensión de la física. Insisto, hace dos mil cuatrocientos años.
El truco era no luchar contra el desierto sino aliarse con su peor enemigo secreto, que es el propio desierto. Porque el desierto es como el matón de una peli americana de institutos, esto es, tiene una debilidad: de noche, cuando el sol se pone, el cielo seco y despejado se convierte en un sumidero. El calor del suelo se escapa hacia arriba, hacia el espacio negro, sin vapor de agua que lo retenga, y la temperatura se desploma. Enfriamiento radiativo, lo llaman los manuales. Venganza nocturna, lo llamaría yo.
El agua se vertía en pozas poco profundas, resguardada por muros orientados de este a oeste que la mantenía en sombra durante el día asesino, y perdía calor hacia el cielo nocturno hasta congelarse. A veces ayudaban sembrando un bloque de hielo traído de las montañas, una semilla de frío, para que el resto cuajara antes. Y al amanecer cortaban las láminas heladas y las bajaban a una cámara subterránea, una suerte de vientre del yakhchāl, donde aguantaban el verano entero.
Porque el vientre era la otra mitad del prodigio. Muros de hasta dos metros de grosor en la base, levantados con sarooj, un mortero de arena, arcilla, clara de huevo, cal, ceniza y pelo de cabra mezclados en proporciones precisas, impermeable y reacio al calor como un monje al pecado.
Bajo tierra, un hueco que en los pozos grandes podía alcanzar miles de metros cúbicos. Arriba, la cúpula con un orificio en lo alto para que el aire caliente se escapara por arriba y arrastrara consigo el bochorno, dejando el fondo frío y quieto.
Porque aquellos persas no conocían la termodinámica pero no tenían la palabra termodinámica, no tenían la palabra albedo, no tenían a Carnot ni a Clausius ni los gráficos del programa Copernicus que hoy nos dicen que Europa se calienta al doble de velocidad que hace cien años. Pero tenían barro, sombra, agua, paciencia y una observación feroz del cielo. Y con eso fabricaban hielo en el infierno.
Nosotros, que sí tenemos la termodinámica entera, que sabemos exactamente por qué la noche del desierto enfría y por qué la dorsal atmosférica nos asa, respondemos a la canícula encendiendo aparatos que devuelven al aire más calor del que extraen de la habitación, exportando el problema al pasillo, a la calle, a la atmósfera, al año que viene, a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Compramos frío a plazos y no somos conscientes de lo que pagamos a cambio.
Mientras, los yakhchāl siguen en pie, pero ya no se usan. Algunos se conservan por su evidente valor antropológico pero fueron jubilados con la invención del frigorífico—que en persa, por cierto, también se llama yakhchāl, ironía perfecta—. Cuando los miras en fotos, ahí en medio de los desiertos de Irán, nos recuerdan que hubo una vez una manera de combatir el calor que no consistía en fabricar más calor, a veces solo era necesario mirar arriba para entender el cielo nocturno.
Querer ir a darse un baño ahora es:
• Ahí no. Petado de guiris.
• Olvídate, ahí imposible aparcar.
• En ese agua no me meto. Fos.
• ¿Un domingo ahí? Olvídate. Mínimo hora y media de cola.
• Esa estaba bien pero ahora cerraron el acceso.
Viviendo en una isla. Es que es loco
Buenas noches a todos aquellos que decían que en Sudamérica no existía un plan orquestado.
Basta con observar el mapa de América del Sur para darse cuenta de que, según esta interpretación, el escenario ha sido diseñado minuciosamente para desembocar en la situación actual.
Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Uruguay y Argentina ya forman parte de ese plan.
¿Casualidad o estrategia? Cada uno que saque sus propias conclusiones.
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—La “crisis” de la vivienda en China: los precios se reducen.
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