Paul McCartney says fans deserve to hear the songs they paid for, which is why he's never fully embraced Bob Dylan's approach to rearranging classics or playing obscure tracks live.
"I've been to see a couple of shows of Bob's, and I couldn't tell what song he was doing. Now that's a bit much, because I know his stuff. I get it if he doesn't want to do 'Mr. Tambourine Man.' Maybe he’s fed up with that, but I would like to hear it. And I've paid."
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🚨🇺🇸 | EXPERIMENTO SOCIAL: Los youtubers Nelk Boys se volvieron virales después de llevar un autobús lleno de inmigrantes a la casa de una mujer que apoyaba las políticas de inmigración; la reacción de la señora lo dice todo.
Cumplir 40 es, de lejos, la etapa más aterradora.
Y no se trata de envejecer o de que te salgan canas, sino del brutal cambio que pega tu percepción del tiempo.
A los 40, la vida va tremendamente en serio.
Si tienes hijos y no te dejas la piel trabajando, pasarán hambre y tendrán una educación pésima.
También es cuando notas el inmenso abismo entre quienes le echaron huevos para salir adelante y quienes se conformaron con la mediocridad.
Ese contraste es tan bestia que te vuela la cabeza.
Alguien con potencial que llega a esta edad sin haber logrado nada, ha tirado a la basura los mejores años de su existencia.
Es bastante deprimente.
A los 40, las facturas de tu estilo de vida te llegan de golpe:
Si has maltratado tu cuerpo, te quedas calvo o canoso.
Si comes mal, sacas una barriga enorme.
Si huyes del ejercicio, arrastras fatiga todo el día.
Y pasa otra cosa más.
Tus padres empiezan a sufrir sustos de salud graves o directamente se van.
De pronto, asimilas que se irán para siempre y que ahora tú estás al mando de tu linaje. Esa responsabilidad te cae encima con todo su peso.
Lo más gracioso es que los imb*ciles del instituto que se reían de ti o se creían los reyes del mundo, hoy son auténticos fracasados.
Atrapados en trabajos sin salida, se tragan el deporte con una cerveza en la mano para anestesiar su miseria.
Ya no tienen los huevos de meterse contigo.
El pesimismo también empieza a acecharte.
Te obsesionas enfermizamente con la política y las noticias.
Esperas que papá Estado te solucione la vida y odias a los millonarios por atreverse a hacer exactamente lo que tú esquivaste.
La envidia se vuelve repulsiva. Termina funcionando como una triste válvula de escape.
El escaparate ideal para volcarla son las redes sociales.
Te dedicas a soltar bilis comentando que todo es humo, una estafa, tratando de hundir el prestigio de los demás.
Pero no cuela. Todos te ignoran porque saben que no eres más que un perdedor llorica.
Para gran parte de la gente, llegar a los 40 supone un punto de no retorno: o das un giro radical a tu vida, o comienzas a marchitarte lentamente.
Lo más bestial de todo no es soplar 40 velas.
Es ser consciente de la inmensa cantidad de tiempo que tiraste a la basura por vivir paralizado por el miedo.