‹ ampliamente, disfrutando de la tensión que sus actos generan en su pobre víctima.
—No pasa nada, no vengo por eso. Ya rob-... digooo —carraspea antes de corregirse a sí misma—, ¡ya compré ayer!
Nada como notar que incomoda a alguien. Por algún motivo, le causa ternura y le insta a continuar. Cuanto menos bien recibida es, ahí más quiere estar.
—¡Síii! Sí lo somos, no digas cosas feas.
Apoya la mejilla en su pecho y empieza a frotarse, como un gatito. Está sonriendo ›
¿Cómo que quiere retroceder? ¿Será que no se siente cómodo con su cercanía? Entonces... ¡Ya sabe qué hacer! Sin dudar, le rodea con ambos brazos para darle un abrazo que sabe que no es bienvenido.
—¿Yo? A saludar a mi mejorcísimo amigo.
Achuchón mientras mueve la cola, ahora ›
!!!!
—¡Camembert, Brie, Mozzarella, Ricotta, Emmental, Gouda, Parmesano, Curado, Cheddar, Roquefort, Gorgonzola...!
Le brillan los ojitos, no ha señalado todos por vergüenza, y eso que ni tiene. Es solo que no quiere abusar... Al principio.
—Ah, sí, ¿te refieres al mismo que usas tú después de arrastrarte por el suelo como una babosa con depresión?
Se acerca invadiendo su espacio personal y empieza a olisquear el aire.
—Debe ser bueno, porque no hueles nada mal.