El jueves presentamos en el IESA el estudio de Tendencias del Consumidor Venezolano de Datanalisis. Son siete hallazgos y los revisamos todos con calma, pero yo me quedo con dos, y están amarrados.
Empiezo por el problema de fondo. En este país el gasto que no es obligatorio no llega ni al 5% del presupuesto familiar. Todo lo demás ya está comprometido antes de empezar el mes. Vender aquí es pelear por un puesto en una lista de prioridades muy corta.
Ahora lo interesante. Dos personas que ganan exactamente lo mismo pueden comprar de maneras opuestas. Y lo que las separa no es la plata.
Es la culpa.
63 de cada 100 venezolanos sienten algo cuando compran para ellos mismos. No para la casa, para ellos. Hay 27 que solo lo hacen si sienten que se lo merecieron. Hay 20 que lo disfrutan y después se ponen a sacar cuentas de si debían. Y hay 15 a los que les cuesta justificarlo. Donde más pega es comiendo fuera.
Solo 36 de cada 100 compran para ellos sin pensarlo mucho.
Y ahí entra el segundo hallazgo, que explica al primero. La edad.
Entre los 18 y los 24 años, 37 de cada 100 se dan un gusto sin darle vueltas. Entre los 35 y los 44, seis. Seis.
Los 35 son la frontera. A esa edad le llegan los hijos, el colegio, la mamá en el médico, y cambia lo que uno se permite.
Por eso al joven no hay que subestimarlo. Compra con menos plata, sí, pero compra sin culpa. Ajusta el tamaño del desembolso y no se sale del mercado. Y vuelve. Esa es su frecuencia.
El adulto con más recursos hace lo contrario: viene menos veces y deja un ticket más alto.
Un negocio necesita a los dos. Lo que no se puede es hablarles igual.
Casualmente hoy leí una frase en El País de España que me parece especialmente acertada para entender lo que está pasando en redes:
“Durante años hemos confundido tener audiencia con tener influencia.”
Tener miles o millones de seguidores garantiza alcance, pero no necesariamente credibilidad, confianza ni capacidad para mover decisiones. Ojalá fomentemos una redefinición de lo que realmente significa influir.
Y en ese cambio, la reputación, el conocimiento y la confianza acumulada empiezan a valer más que el número de seguidores.
En un momento muy complicado de mi vida me dediqué a hacer catarsis leyendo un libro oscuro, tal vez el más duro de Javier Marías. Me refiero a "El siglo". Una novela sobre la delación, la venganza, la supervivencia y los saldos de la vida.
Nada me parece más ruin que la delación. Nadie me parece más malo que el delator. Y digo malo sin ambages. Porque viste todos los trajes del coadjutor del totalitarismo encarnado. Es como la polilla que devora todas las bases de la estructura social y la cooperación como pilar del orden social.
La delación es una detestable práctica utilizada en las expresiones totalitarias de todos los tiempos. Siempre es posible aprovechar la miseria humana. Siempre es posible usarla como arma para la eliminación de la disidencia.
Esa "justicia popular" ni es justicia, ni es popular. Es solo parte de una maquinaria del terror de la que se sirven las tiranías para aplastar el pensamiento libre.
La delación implica la traición de la confianza y solidaridad entre los individuos, fomentando un clima de desconfianza y miedo que mina las bases de una sociedad libre y democrática. Dónde se usa la delación no hay libertad.
Cuando los ciudadanos son incitados a espiar y denunciar a sus vecinos, amigos e incluso familiares por supuestas desviaciones políticas, ideológicas o cualquier comportamiento considerado como una amenaza para el régimen, se le abre las compuertas al interés malsano, a la confabulación de la envidia y al pase de facturas.
Esta práctica no solo destruye las relaciones humanas y socava la moralidad individual, sino que también perpetúa un estado de terror y control absoluto por parte del poder central. Es Leviathan jugando al gato y al ratón.
¿Por qué se usa la delación?
Para consolidar el poder de una élite gobernante a costa de la libertad y dignidad de los ciudadanos. Al fomentar la desconfianza y la vigilancia mutua, se busca mantener a la población en un estado de sumisión y temor constante, impidiendo cualquier forma de disidencia o resistencia.
La delación es éticamente detestable. Son una clara aberración de la moral que invalida los valores fundamentales de la dignidad humana, la libertad individual y la justicia. La delación no solo corrompe al individuo que denuncia a sus semejantes, sino que también corrompe al propio sistema que la promueve, convirtiéndolo en un ente represivo y deshumanizado.
Todos los ciudadanos deberían estar atentos y rechazar, denunciar y combatir cualquier forma de delación que amenace la integridad moral y la libertad de los individuos en una sociedad. La verdadera fortaleza de un sistema político radica en su capacidad para garantizar la justicia, la libertad y el respeto a los derechos humanos, no en la opresión y el control a través del miedo y la traición.
A todos recomiendo la lectura de El Siglo de Julián Marías. El franquismo triunfante fue vengativo y artero. Javier Marías, el gran filósofo español fue una de sus víctimas. Él es historia. Su delator es polvo y olvido.
“Cuando está embarazada, las células del bebé migran al torrente sanguíneo de la madre y luego regresan al bebé, se llama “microquimerismo fetal-materno”.
Durante 41 semanas, las células circulan y se fusionan hacia adelante y hacia atrás, y después de que nace el bebé, muchas de estas células permanecen en el cuerpo de la madre, dejando una huella permanente en los tejidos, los huesos, el cerebro y la piel de la madre y, a menudo, permanecen allí por décadas.
Todos los hijos que una madre tiene después también dejarán una huella similar en su cuerpo. Incluso si un embarazo no llega a término completo o si tiene un aborto, estas células aún migran a su torrente sanguíneo.
Las investigaciones han demostrado que si el corazón de una madre sufre una lesión, las células fetales se apresurarán al lugar de la lesión y se transformarán en diferentes tipos de células que se especializan en reparar el corazón. El bebé ayuda a reparar a la madre, mientras que la madre construye al bebé.
¿Cuan genial es eso? Esta es a menudo la razón por la cual ciertas enfermedades desaparecen durante el embarazo.
Es increíble cómo los cuerpos de las madres protegen al bebé a toda costa, y el bebé protege y reconstruye a la madre, para que el bebé pueda desarrollarse de manera segura y sobrevivir. Piense en los antojos locos por un momento. ¿Qué era lo que le faltaba a la madre para que el bebé los hiciera desearlos?
Los estudios también han mostrado células de un feto en el cerebro de una madre 18 años después de dar a luz. ¿Qué tan asombroso es eso? Si eres mamá, sabes cómo puedes sentir intuitivamente a tu hijo incluso cuando no está dentro.
Bueno, ahora hay pruebas científicas de que las mamás lo cargan durante años y años, incluso después de haberlo dado a luz.
Encuentro que esto es realmente hermoso.
Buenas noches. El señor Jesús trabajaba con su camioneta y esta se incendió causándole quemaduras graves y daños a terceros que debe resarcir. Se encuentra en una situación delicada y su familia nos hace llegar su campaña.Cualquier aporte lo agradecen de todo corazón. Gracias 🙏🏼
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La sequía es tal en Europa que los ríos Rin y Elba están a punto de cerrarse al tráfico fluvial.
El retroceso de las aguas está revelando funestas advertencias de nuestros ancestros grabadas en piedra: las "Hungersteine" (piedras del hambre).
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