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Esta tarde Caracas volvió a recordarnos la fragilidad de la vida.
Dos fuertes terremotos casi consecutivos sacudieron este miércoles Venezuela y provocaron el derrumbe de edificios y heridos.
Un primer sismo de magnitud 7,2 tuvo su epicentro 21 km al oeste de Morón a las 6:04 pm, hora de Venezuela, y fue seguido casi un minuto después por otro más fuerte de magnitud 7,5 a unos kilómetros de distancia, indicó el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El fuerte sismo sacudió no solo edificios, calles y ventanas, sino también esa sensación íntima de seguridad que a veces damos por sentada. Cuando uno ve estas imágenes, cuando observa a la gente salir corriendo, abrazarse, mirar al cielo o buscar a los suyos, entiende con más fuerza aquella verdad tantas veces repetida: la vida es fugaz. Todo puede cambiar en segundos.
Venezuela es un país que ha sufrido demasiado. Hemos atravesado años de dolor político, de heridas económicas, de separaciones familiares, de incertidumbre y resistencia diaria. Y justo cuando muchos comenzaban a ver una pequeña luz, una posibilidad de respirar, la tierra vuelve a moverse bajo nuestros pies. Pero también se mueve algo más profundo: nuestra capacidad de levantarnos.
Somos un pueblo herido, sí, pero también resiliente. Un país que ha aprendido a sostenerse incluso en medio del miedo. Hoy toca atender, proteger, acompañar y reconstruir. Toca pensar en los más vulnerables, en quienes perdieron algo o todo, en quienes quedaron con temor, en quienes necesitan una mano. Porque si algo hemos demostrado los venezolanos es nuestra capacidad de salir adelante siempre.
1. La calle de mi infancia, Av. Los Próceres en San Bernardino.
2. Los Palos Grandes, edificio al lado de Migas.
3. Aeropuerto internacional Simón Bolívar, Maiquetía.
4. Sabana Grande, Municipio Libertador.
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