Todo periodista político que entrevista a alguien que le va a hablar de cifras y votaciones, debería tomar un cursito básico de mate y estadística un mes antes de la primera vuelta, para poder hacer preguntas críticas y no tener que darle la razón en todo a su invitado. Dan pena.
Da pena también que los analistas salgan sólo de las redes (es su derecho) y no también de las universidades, cátedras y departamentos académicos, avalados por papers, proyectos de investigación y trayectorias científicas reconocidas internacionalmente.
Las universidades brillan por su ausencia del debate académico electoral, mientras que las redes revientan con analistas caseros sobreasistidos por IA.
Tienen razón en reclamar fraude.
Fraude es vender el cuento de que el huaralino es chotano, y que el chotano es una víctima. Fraude es pactar con el antaurismo y luego convocar a la izquierda “moderada” (un oximorón, por cierto). Fraude es haber sido ministro de Castillo y luego posar como estadista. Fraude es marketearse como campesino y nunca haber trabajado la tierra. Fraude es afirmar que una Asamblea Constituyente solucionará los problemas del Perú. Fraude es jugar al demócrata y llevar al Congreso a extremistas afines a Sendero.
Fraude es ser de izquierda en el Perú.
@eraldofabra@RonaldCrossPeru@chubakueno El punto de fondo es que nadie sabe realmente quién va a ganar. Las especulaciones y predicciones no tienen sentido, ni de un lado ni del otro. Hay que ver la data, cuando esté lista y segura el de que la ONPE y el JNE no los vuelvan a pasear. Lo demás es ansiedad innecesaria.
Métanse esto en la cabeza: ningún dueño de encuestadora ni “analista” aficionado ni opinólogo ni periodista sabelotodo ni vidente SABE quién ganó ni quién va a ganar, porque eso sólo lo sabremos cuando la ONPE haga bien o mal su trabajo y complete la data.
La probabilidad real que tienen de acertar es 50% para cualquier candidato y con eso basta para tener contento a medio país en las redes y en los medios, y para ganar clicks, rating, yapeos y contratos.
Ahórrense el sufrimiento, más sentido tiene analizar qué harían los candidatos con el país, o plantearnos lo que debería cambiar para no volver a pasar por esta situación, empezando por la ONPE y el JNE.
Si a JP y sus aliados en verdad les importara la voluntad popular, habrían denunciado la afectación de derechos fundamentales en la primera vuelta, exigido explicaciones a Burneo, y pedido la nulidad total de la elección.
Lo que realmente le importa a la izquierda peruana es no quedarse sin chamba. Ya deben haber repartido cargos y puestos de trabajo a partir del 28 de julio en todo el Estado. Los colmillos listos.
Por eso, si hay que gritar fraude para no quedarse en la calle, eso es exactamente lo que harán. La voluntad popular les da lo mismo que la cultura, la pobreza, el ambiente y los derechos humanos. O sea, nada.
¿Está bien que suba o baje el dólar según la opinión de una encuestadora sobre un resultado que ya debería haber sido proclamado por la máxima autoridad electoral?
Deberíamos aspirar a un nuevo JNE/ONPE capaz de realizar procesos impecables y entregar resultados en 24 horas. Esa incompetencia es la responsable directa del enfrentamiento, las acusaciones de fraude, la incertidumbre y su impacto sobre la paz social y la estabilidad económica.
La verdad electoral debe estar en manos de la ONPE, no en las proyecciones u opiniones de encuestadoras y analistas en redes, que dan cada vez más peso a la IA y menos a su propio criterio.
El debate ideológico y las críticas a los candidatos pueden ser útiles hasta cierto punto pero lo cierto es que el resultado ya no está en manos de los electores, ni siquiera en manos de las encuestadoras y los voluntarios analistas de IA que hoy abundan en redes.
Está en manos de la ONPE y los personeros. Cada día que se prolonga la espera es un día que alimenta la incertidumbre en todos los ámbitos de actividad pública y privada, y de paso acrecienta la desconfianza ciudadana en un proceso electoral que nació viciado.
Un margen tan estrecho sólo contribuirá a mayor enfrentamiento y polarización. El JNE debió hacer algo al respecto pero pudo más la mentalidad del burócrata que el servicio a los ciudadanos y el deber supremo ante el país.
Un hilo muy delgado nos separa hoy de un posible gobierno de división, atraso y retroceso, de incapacidad demostrada e ideología perniciosa. Eso ya lo vivimos y no tendríamos por qué volverlo a vivir. La izquierda peruana es inútil e inviable.
El que tengamos que estar especulando entre bocas de urna y conteos rápidos también es fina cortesía de la ONPE y el JNE, por incompetentes.
Tuvieron 5 años para evitar que vuelva a pasar va lo del 2021. Pero no, las encuestadoras siguen cubriendo el vacío de información. Claro, tampoco es que lo hagan gratis.
¿Para qué tenemos una máxima autoridad electoral que nos garantiza tan poco, tan tarde y tan mal? Una vez más, el Estado. Quizás deberíamos privatizar las elecciones.
Hay que ver esta primera estimación con mucha cautela. Y tras lo vivido en la primera vuelta, con suma desconfianza.
1.3% de diferencia con margen de error de 3% no da un ganador. El boca de urna y el conteo rápido son sólo aproximaciones. Aún falta el escrutinio, voto rural y extranjero, validaciones, impugnaciones, etc.
Si la diferencia se acorta como en 2016 y 2021, el JNE no estará en capacidad de garantizar la exactitud del resultado. Tendrá que buscarse otro paper tipo Stanford para engañar incautos.
A 5 semanas de la proclamación oficial, muchas cosas pueden suceder en una elección que nació nula y viciada.
Toca estar muy atentos.
Blanqueamiento: el intento de lavarse la cara después de una patinada monumental. Muy tarde. Si realmente le importara, debería declararse la nulidad total por lo ocurrido en la primera vuelta.
En serio, no se entiende. En la primera vuelta, le avalaron de todo al JNE y ahora sí hablan de fraude? Decídase Defensor, que ya bastante tenemos con tener que ir a votar en una elección viciada y constitucionalmente nula.
Si una lección nos deja esta elección desastrosa es que el @JNE_Peru y la @ONPE_oficial deben desaparecer cuanto antes para dar lugar a un solo organismo eficiente, a prueba de burócratas mediocres e ideologías tramposas.
Esa reforma NO la hará la izquierda.
En los últimos 5 años, la izquierda peruana ha demostrado que sólo sirve para destruir, dividir, degradar y corromper. Desde la más moderada hasta la más extrema. No duda en acoger a extremistas y filosenderistas, ni en aliarse con economías ilegales. Sólo cabe combatirla y derrotarla porque con ellos, el Perú nunca saldrá adelante.
Por su parte, la derecha no ha tenido la capacidad de aterrizar propuestas, vender ideas y presentar opciones inteligentes, o al menos atractivas. De hecho, no compite en esta segunda vuelta. Tiene mucho por hacer.
El centro también es una tarea pendiente. Hoy es sólo un apéndice de la izquierda y el anti. No existe como opción reconocible. No basta con fingir no ser de izquierda ni de derecha. Hay que tener identidad e ideas propias.
El anti, hace tiempo que perdió cualquier atisbo de autoridad moral o cívica. Y como sólo se dedica a oponerse, tampoco construye ni propone. Será por eso que muchos de ellos son de izquierda. Los inútiles se juntan.
Dicho esto, una cosa es resignarse al fujimorismo y otra muy distinta, ensalzarlo como la gran opción. Ha hecho poco o nada para convencernos de su capacidad y confiabilidad. No nos garantiza que pondrá al Perú por encima de sus intereses, que no pactará con los peores, que no cederá al totalitarismo. Hoy sólo son lo último que nos separa de la barbarie izquierdista. Nada más. No nos engañemos. Ni siquiera es la derecha.
Para una gran mayoría de peruanos, Sánchez vs. Fujimori es una elección entre dos abismos. De un lado, la gangrena que sólo cabe amputar, porque infecta y destruye todo a su paso. Del otro, un tumor inoperable que amenaza con hacer metástasis si no se le controla, vigila y trata agresivamente.
Está elección ya está manchada pero espero que hoy el Perú no vuelva a caer en manos de los inútiles, resentidos, corruptos y destructivos. Ni un milímetro más a la izquierda retrógrada. El 2021 llegaron al poder con Castillo y lo arruinaron todo. Trajeron odio, división, ineptitud y atraso.
Sánchez fue, es y será parte de eso: el Estado como un botín, la política como agencia de empleos, las alianzas con radicales, convenidos y parásitos. Si llega al poder, será gracias al falso centro y los antis. Ellos son la otra gran enfermedad. Ojalá que no prosperen. Ya tuvimos suficiente.