Lo he intentado todo para no sentir
el peso del vacío que dejó aquello invaluable,
pero día tras día,
los grilletes en mis pies
me impiden continuar,
y se hacen más pesados con cada intento fallido.
Me he sumergido en una oscuridad eterna,
desde que perdí el privilegio
de contemplar aquel brillo hermoso en sus ojos.
Ya no hay luz que guíe mis pasos,
solo la sombra de lo que fue,
y en ese vacío camino a tientas,
buscando un destello que ya no ha de volver.
Vivo del dolor, de la pena que me habita cada día, porque te perdí a ti, y perdí también aquel roce suave de tus cerezos sobre mi piel, un gesto tan dulce, tan puro, que ya no habita en la vida, solo en la memoria.
Vivo de la nostalgia que dejan esos recuerdos,
de lo que fui, de lo que sentí con tanta intensidad, de la llama que aún arde dentro de mi pecho, recordándome, sin tregua, que no se ha ido.