Hay una extraña intimidad en jamás volverse a hablar, en dejar todo ahí. No es olvido ni rencor; es el respeto al pasado compartido. Es saber que, aunque el desenlace haya sido emocionalmente intenso y doloroso, pesan más los buenos momentos, el cariño y la conexión que existió.
Incluso si fallas, solo tienes que conseguir un trabajo como todos. Ahorras un rato y lo intentas de nuevo. Tu peor de los casos es la realidad de alguien promedio.