Madurar es entender que ninguno de nosotros es fácil de amar.
Al final, todo se reduce a encontrar a alguien dispuesto a seguir intentando entenderte, a crecer contigo y a elegir la relación incluso en los días difíciles.
Para construir una relación sana hay que ser valiente, no perfecto. Necesitas asumir errores, pedir disculpas, aceptar las carencias y estar dispuesto a afrontar los cambios necesarios para que el vínculo funcione. Evitar conversaciones incómodas, esconderse tras un "yo soy así" y responsabilizar siempre al otro de la propia conducta son formas de evitar el malestar a cualquier precio.
Y si no te atreves a sostener emociones difíciles, no avanzas en la vida, ni contigo mismo ni al lado de nadie.
A veces parece como si la vida me estuviera diciendo a gritos:
“Se egoísta por una vez en tu vida y empieza a mirar por ti, sé tu primera prioridad no la última”
Sabes mi amor, no tengo nada que perdonarte. Actuaste a favor de tu estabilidad y de tu bienestar interior, y está bien. Lo realmente difícil es perdonarme a mí por permitirme sentirme triste por alguien que nunca pensó ni se inmutó por lo que yo sentía... no te preocupes. La guerra es conmigo.
Fui a misa y el padre dijo algo que me encantó: 'Si una persona no te acerca a Dios, es porque no te la mandó Dios'. Y creo que nunca debemos olvidar eso.
No, a mí no me gusta discutir. Lo que me gusta es poder decir lo que me molesta sin que me hagan sentir exagerado o conflictivo, porque expresar lo que duele no es pelear, es poner límites. Y quien sabe amar escucha para comprender, no para defender su propio ego.