Para que dimensionemos el tamaño del escándalo que se viene, Romain Molina es considerado por muchos como el periodista de investigación más importante del futbol internacional.
Gracias a él se destaparon los abusos sexuales en la Federación de Futbol de Haití, casos de abuso en Gabón y múltiples tramas de corrupción que terminaron en procesos judiciales.
Ahora está a punto de publicar una investigación sobre la corrupción en la FIFA y el futbol argentino.
Probablemente estemos ante la última estocada a la credibilidad de Messi y de la Selección Argentina.
De esto no se levantan nunca.
Como no va a ser el mejor si tuvo de ídolo al mejor de todos. Lamine lo mismo.
El legado de CR7 esta en los pibes qué sueñan en grande. Por más q intenten los medios, no lo van a poder borrar nunca
Por qué la gente hace como que CR7 no llegó con Portugal a unas semis de un mundial y no llego a la final por un penal de Zidane!!!
Osea Haaland no tiene que ganar una Euro y 2 Nations League, ni marcar en 6 mundiales distintos…
Si llega a la Final todo se decide… curioso!!!
La verdad es que es un poco vergonzoso que haya selecciones que tengan que hacer entrenamientos específicos para determinados escenarios porque saben de antemano que les van a robar
Ayer leí a alguien comentar que es inútil tratar de hacerles sentir vergüenza a los argentinos por las denuncias de trampa, porque en la cultura argentina la trampa (eso que ellos llaman “picardía”) es considerada una hazaña, una virtud, una viveza, casi un acto de heroísmo.
No es coincidencia que la idiosincrasia argentina haya sacralizado el gol con la mano de Maradona en el Mundial de 1986, al que se refieren cínica y obscenamente como “La Mano de Dios”, porque en su cultura la trampa es un acto de divinidad.
¿Que avanzan en el Mundial de 2026 de la manito de la FIFA, como lo hicieron en 2022? Maravilloso, porque para ellos lo importante es ganarse la copa y tener una nueva excusa para embriagarse hasta el vómito al ritmo de la cumbia villera.
Durante años nos vendieron un relato: que Messi era un Dios del futbol. Que todo lo que ganó con el Barça, sus Balones de Oro y sus títulos con Argentina eran consecuencia exclusiva de su supuesto talento divino. Construyeron la imagen del futbolista perfecto: noble, humilde, intocable y merecedor de absolutamente todo.
Pero ese relato empezó a desmoronarse con el caso Negreira. Durante más de una década, el Barcelona realizó pagos por supuestas asesorías arbitrales a quien era vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros. Esa sombra inevitablemente alcanza los títulos de aquella etapa y también una parte de los números que inflaron el mito de Messi.
Después llegaron los Balones de Oro, donde los criterios cambiaban según conviniera para premiarlo.
En 2010 se impusieron las estadísticas individuales por encima de los títulos y de las extraordinarias temporadas de Xavi, Iniesta y Sneijder.
Y ni siquiera puede ignorarse que su primer Balón de Oro, en 2009, llega después del escandaloso arbitraje de Stamford Bridge, una de las mayores polémicas de la historia reciente del futbol.
Los Balones de Oro de 2011, 2012 y 2015, para mí, fueron merecidos.
Pero en 2019 volvió la polémica. Messi terminó llevándose el premio prácticamente por ser el máximo goleador de LaLiga, mientras Virgil van Dijk completó una temporada extraordinaria con el Liverpool, conquistando Europa y siendo el mejor defensor del mundo.
En 2021, el Balón de Oro debió ser para Robert Lewandowski, que venía de romper todos los registros con el Bayern. El gran argumento para premiar a Messi fue la Copa América.
Y en 2023 la contradicción fue todavía mayor. El Mundial pasó a ser el criterio absoluto para entregarle otro Balón de Oro, mientras Erling Haaland firmó una temporada histórica ganándolo prácticamente todo con el Manchester City y Kylian Mbappé también tuvo números extraordinarios. Curiosamente, lo que en 2010 no importó —los títulos colectivos— ahora sí era determinante. Los criterios cambiaban según el ganador.
Con Argentina también hubo un antes y un después.
Antes de 2021, una enorme parte de la propia afición argentina señalaba a Messi como un “pecho frío”, incapaz de aparecer en los momentos decisivos. Luego vinieron su renuncia a la selección, sus acusaciones contra la CONMEBOL por supuestos favoritismos hacia Brasil y, llamativamente, comenzaron a aparecer decisiones arbitrales que constantemente terminaban beneficiándolo.
También resulta difícil ignorar que la Copa América pasó de disputarse cada cuatro años a celebrarse cinco veces en apenas una década, hasta que finalmente Messi pudo levantar el trofeo.
En 2022, Louis van Gaal dejó una frase que dio la vuelta al mundo: que querían hacer campeón a Messi y que algún día la verdad saldría a la luz.
Y, guste o no, ese proceso ya comenzó.
Cada vez son más las personas, incluso fuera del futbol, que dejan de ver a Messi como un héroe intocable y empiezan a verlo como un futbolista al que el sistema protegió y benefició hasta niveles difíciles de justificar. Como un producto construido alrededor de intereses deportivos, políticos y comerciales. Como la gran figura que la FIFA decidió convertir en leyenda.
Y eso, inevitablemente, termina manchando su legado.
Por eso yo nunca compraré el relato del “GOAT”.
Durante toda mi vida voy a combatir esa narrativa. Para mí, Messi fue un genio con el balón, nadie puede negar su talento. Pero también fue un futbolista cuyo legado quedó marcado por Negreira, por decisiones arbitrales polémicas, por criterios cambiantes en los premios individuales y por un sistema que, demasiadas veces, jugó a su favor.
En mi historia no será el mejor futbolista de todos los tiempos.
Será recordado como el Falso Mesías: un genio, sí, pero también una figura cuyo mito, en opinión de millones, fue construido, beneficiado y protegido por el sistema.
Cuanto más conozco de la corrupta carrera de Messi, más admiro a Cristiano Ronaldo, es asombroso lo que logró teniendo a tantas organizaciones en su contra.
Nivel 1: Abriste los ojos en este mundial
Nivel 2: Abriste los ojos en Qatar
Nivel 3: Tuviste siempre los ojos abiertos. Sabes que se dopó con 18 años, ganó todo bajo Negreira, le organizaron 6 Copa Americas en 11 años, fue humillado una década en Champions, se retiró de la selección porque había perdido el debate y tuvo que venir Infantino a resucitar su carrera