A los que le decían a Rodri que era un mal e injusto Balón de Oro, les responde con el título de Campeón del Mundo y el premio al mejor jugador del Mundial. Enorme futbolista.
@DSports Ey @DSports, más #Varsky y #Giralt, menos Goycoechea y el relator. Un asco de trabajo durante todo el Mundial. Teniendo tantos relatores y comentaristas buenos, por favor replantéenlo para la próxima transmisión que hagan a Argentina y el resto de Sudamérica.
HAY COSAS QUE CUESTA MUCHO CREER QUE SEAN CASUALIDAD. 🚨
Al Francia vs Marruecos no solo lo dirigirá un equipo arbitral 100% argentino. Ahora también captaron a Gianni Infantino junto a su hija, quien llevaba la camiseta de Marruecos.
Qué raro…
Francia tendrá que prepararse muy bien para un partido que no parece fácil.
@dani_miranda96 El mío no. Sepan perder. Lo buscaron todo el partido, fue la reacción mínima que pudo tener. No digo que sea malo el estilo paraguayo, pero al menos sepan aceptar que se las devuelvan.
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
@biobio Es como ser de la U e hinchar por Colo Colo, aun así y como suena, podría ser hasta más lógico que celebrar los triunfos de tu selección archirrival.
Informamos que nuestro director técnico, Fernando Gago, se está sometiendo a una serie de exámenes cardiovasculares y no estará al mando de los entrenamientos hoy.
Fernando Gago se encuentra en buenas condiciones y está acompañado por nuestro cuerpo médico.
Esto es Branding
Como no es sponsor oficial de FIFA, Levi's fue obligada a tapar su logo en el Levi's Stadium de Santa Clara para el mundial y los de marketing de la marca ya lo aprovecharon. Cambiaron su logo en Instagram.