"Al agonizar, una esposa le dijo a su marido:
- Quiero que seas fiel a mi recuerdo. Si te casas con otra, mi fantasma vendrá a molestarte.
El juró ser fiel. Cuando ella murió, guardó luto. pero al cabo de un año se enamoró de otra mujer. El fantasma apareció para decirle:
- Te vigilo. ¡Sé lo que dices, qué regalos le das y puedo repetir las palabras con que la cortejas! Sintiéndose así vigilado, el pobre hombre no podía hacer nada. Fue a consultar con un monje. El monje le dijo:
- El fantasma dice que sabe todo lo que haces. La próxima vez que aparezca, toma un puñado de arroz y pregúntale cuántos granos tienes en la mano. Si te responde exactamente, es un fantasma de verdad. Si no te responde, significa que tú lo has inventado. Cuando apareció el fantasma, el hombre le preguntó cuántos granos de arroz tenía en el puño. El fantasma desapareció. Creemos vivir libres en el presente pero estamos maniatados, inhibidos por recuerdos. Estos recuerdos, se nos manifiestan en la vida en forma de fantasmas. ¡Hay que desafiar esos fantasmas! Ver qué es real y qué es producto de nuestro miedo a desobedecer prohibiciones. No podemos ser un adulto cabal si no eliminamos esos fantasmas.
Alejandro Jodorowsky 🇨🇱
@navedelmisterio Empezado a ver el P.878 y, al retomarlo, ha desaparecido del listado en la app de Mitele. Perdón si se ha dicho ya algo pero me he quedado a medias. Gran trabajo Iker!
be iker jiménez
> te dan un programa de radio para un verano
> en la primera emisión te dice el técnico de sonido que se han borrado todas las grabaciones 30 segundos antes de entrar en directo
> improvisas y salvas el primer programa
> el verano va tan bien que en septiembre te dicen que sigues
> tu programa se convierte en líder absoluto de audiencia en su franja horaria
> decides llevar el formato a la tele
> te dicen que no va a funcionar, que nada que funcione en radio funciona en tele
> estaban equivocados, funciona
> en paralelo sigues con la radio
> un gobierno de derecha te da un toque porque te metes en un tema del que no les interesa que se hable (ébola)
> sientes que tu cadena te deja vendido y les dices que ahí se quedan
> te vas de la radio teniendo unas cifras de audiencia salvajes y te centras solo en la tele
> tu programa se convierte en uno de los más longevos de la historia de la televisión en españa sin cambiar de presentador (solo superado por jordi hurtado)
> llega una pandemia y la cadena paraliza la grabación de tu programa
> no te quedas quieto y te montas un programa en youtube desde tu casa
> lo revientas tanto en internet que la cadena te llama de urgencia para hacer un programa en prime time en directo
> ese programa también tira y decides cambiarle el nombre por si acaso decides seguir con él para hablar de otros temas cuando pase la pandemia
> te dicen que tú solo puedes hablar de ovnis y de fantasmas pero decides que el programa se centre en política
> aplastas sistemáticamente a la competencia directa en tu misma franja
> la cadena te propone pasar de hacer un programa a la semana a hacer cuatro a la semana
> dudas pero aceptas probar durante unas semanas a ver qué tal va
> va bien
> el presidente del gobierno (de izquierda esta vez) te llama bulero en el congreso de los diputados
> efecto streisand
> tu programa supera en audiencia a la gran apuesta de la televisión pública para esa misma franja
> tu mujer ha hecho cada uno de los programas contigo desde el día 1 de radio
> como no tienes suficiente con 5 emisiones a la semana, te da por componer música y te haces tú mismo la sintonía del programa
os caerá mejor o peor, pero es la cabra absoluta
Me llamo Jesús Martínez y no tengo algoritmo. No tengo IA. Solo tengo lápices, y ganas de hacer bien las cosas.
Cada trazo es mío. Y cada error. Y cada RT que le das a esto le llega a una persona real que está al otro lado.
¿Me ayudas a llegar un poco más lejos? ¡Gracias!
Salvador Dalí le encantaba cenar bien.
Grupos grandes.
Mesas largas.
Vinos caros.
Los mejores restaurantes de París y Nueva York.
Y siempre insistía en pagar la cuenta.
Nadie sospechaba nada.
Cuando llegaba el momento de pagar, rellenaba el cheque con el importe total, con calma y elegancia.
Firmaba.
Y entonces, antes de entregárselo al camarero, giraba el papel y hacía un dibujo en el reverso.
Un boceto rápido.
Elefantes.
Caballos.
Figuras surrealistas.
Firmaba debajo.
Y entregaba el cheque al restaurante.
Dalí sabía perfectamente lo que iba a pasar después.
El dueño del restaurante no cobraría el cheque.
Lo enmarcaría.
Lo colgaría en la mejor pared del local.
Un Dalí original, enmarcado, dentro del restaurante.
Valía infinitamente más que cualquier cena.
Todos esos cheques con dibujos fueron guardados.
Y hoy valen una fortuna.
Hay relatos de que hizo esto muchas veces a lo largo de los años, tanto en París como en Nueva York.
En una de las noches documentadas, en el Café de la Rotonde de París, Dalí le pidió una hoja de papel al camarero, dibujó rápidamente un elefante con la trompa levantada, firmó debajo y lo entregó con total naturalidad.
La cuenta estaba pagada.
Y el restaurante había salido ganando.
Lo que hacía Dalí no era solo excentricidad.
Era entender perfectamente que el valor de su presencia y de su firma ya había superado el precio de cualquier menú.
No necesitaba dinero para pagar.
Solo necesitaba un trozo de papel y saber cuánto valía.