De La Espriella pretende proscribir la figura y el legado de paz de mi padre. Ha decidido, como en los tiempos del fascismo paramilitar, asesinarlo nuevamente. Tan equivocado y tan ruin como quienes lo asesinaron, no sabe que nunca podrán matarlo y que, 36 años después, mi padre está más vivo que nunca, y que su intento de proscribirlo solo lo hará más grande.
Y lo hace el día de las movilizaciones, porque le teme al pueblo movilizado; le temen a un pueblo consciente y en paz. Y mi padre es un símbolo de quienes en Colombia se levantan contra la tiranía, de quienes no aceptan el oprobio, pero también de quienes son capaces de la audacia máxima en este país: dejar las armas para entregarle una opción de paz y reconciliación a Colombia.
Como él dijo: “Vamos a responderle a la muerte con vida, a la oscuridad con esperanza y a la guerra con paz”, y yo soy su semilla. Orgullosamente Pizarro.