Yo quiero proponerle a usted un abrazo, uno fuerte y duradero, hasta que todo nos duela. Al final será mejor que me duela el cuerpo por quererle, y no que me duela el alma por extrañarle.
Dios nuestro, que todo lo que hagamos en esta semana sea para agradarte. Ayúdanos a tomar decisiones con sabiduría, a poder ser fieles a nuestros valores y a recordar siempre que el miedo no tiene la última palabra. Gracias por esta nueva oportunidad para vivir.