Esto forma parte de la revolución de las cosas simples? El subsecretario Briozzo es abortista. Lo es en el sentido ideológico, más allá de cualquier otra consideración. Él asocia el aborto con la felicidad pública. Lo ha declarado. Para él, los casos de mujeres que desisten de practicarse un aborto son "anecdóticos". Lo dice en esta nota.
El presidente de la República está de acuerdo con estos planteos?Votaremos en contra de cualquier proyecto que pretenda extender los plazos y flexibilizar los procedimientos para la práctica del aborto.
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@javiervicens ¡Feliz retiro querido amigo! Y Dios quiera vuelva usted antes del 2029 que es cuando nos sucederá el próximo sábado 13 de enero. Abrazo esperanzado.
La ausencia de presidentes de izquierda en el Premio Nobel de la Paz, además de triste, deja en manos de personajes como Milei la bandera de apoyar la democracia.
¿Tanta plata tenían las valijas del chavismo?
J.R.R Tolkien was a devout Catholic.
He once said: "The one great thing to love on earth: the Blessed Sacrament... There you will find romance, glory, honour, fidelity, and the true way of all your loves on earth."
In letter 43, Tolkien is writing to his son Michael:
“Out of the darkness of my life, so much frustrated, I put before you the one great thing to love on earth: the Blessed Sacrament. . . . There you will find romance, glory, honour, fidelity, and the true way of all your loves on earth, and more than that: Death: by the divine paradox, that which ends life, and demands the surrender of all, and yet by the taste—or foretaste—of which alone can what you seek in your earthly relationships (love, faithfulness, joy) be maintained, or take on that complexion of reality, of eternal endurance, which every man’s heart desires.
Later, in Letter 250, also to Michael, he writes:
"The only cure for sagging or fainting faith is Communion. Though always itself, perfect and complete and inviolate, the Blessed Sacrament does not operate completely and once for all in any of us. Like the act of Faith it must be continuous and grow by exercise. Seven times a week is more nourishing than seven times at intervals.”
A @javiervicens en el día de su cumpleaños:
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A ti, Javier, amigo
que cierras -¡qué remedio!- otro año entero
Y a diario soy testigo,
agasajarte quiero
con esta Lira y mi abrazo sincero.
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Desde La Muy Fiel y Reconquistadora Ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo.
En Uruguay se aprobó una norma sin debate que deja de proteger todas las vidas por igual.
Al invocar la libertad individual, se traiciona el humanismo que defiende la dignidad de todos.
✍️ @MiguelPastorino
https://t.co/vLLdIg3lb3
💝 Quizás no es lo que viniste a buscar a Twitter hoy.
Pero puede cambiarte el día - o al menos un rato.
Una mujer con síndrome de Down pasa sus tardes en el hospital abrazando bebés que nadie visita.
“Me llamo Laura y tengo treinta y dos años. Trabajo en una librería por las mañanas, pero las tardes son mías. Bueno, no exactamente mías. Son de los bebés.
Todo empezó hace tres años, cuando mi mamá estuvo internada en el Hospital Central. Yo iba todos los días a visitarla, y siempre pasaba por el tercer piso, donde está neonatología. Un día vi el cartel: “Voluntarios buscados para programa de contacto piel a piel”. Entré a preguntar.
-¿Puedo ayudar?, le dije a la enfermera del mostrador.
Ella me miró de arriba abajo. Vi esa mirada. La conozco desde que era chiquita.
- Mmm, déjame llamar a la coordinadora, dijo, con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.
La coordinadora se llamaba Marta. Me hizo sentar en su oficina.
- Laura, esto requiere mucha responsabilidad. Hay que lavarse las manos, seguir protocolos, estar quieta por períodos largos…
- Yo puedo hacer eso - la interrumpí-
Sé leer, sé seguir instrucciones. Y me gustan mucho los bebés.
Marta se quedó callada un momento.
- ¿Por qué querés hacer esto?
- Porque todos necesitamos que alguien nos abrace —le dije—. Y si hay bebés que no tienen a nadie, yo puedo ser ese alguien.
Me aceptó. Creo que le gustó mi respuesta.
Ahora voy todos los días, de tres a seis. Me lavo las manos, me pongo la bata celeste y entro a la sala. Hay ocho incubadoras. Algunos bebés están con sus padres, pero siempre hay dos o tres solos. Bebés de mamás que trabajan o que esperan familias de acogida.
Mi favorito se llama Tomás.
- Hola, mi amor —le susurro—. Acá estoy otra vez.
Lo apoyo contra mi pecho, piel con piel. Su respiración se acompasa con la mía. Le canto bajito.
Pero el día que todo cambió fue un martes de julio. Yo estaba con Tomás, uno de los niños, cuando escuché voces en el pasillo.
- ¡Por favor, déjenme pasar! ¡Es mi hijo!
Entró una mujer joven, los ojos rojos de llorar.
- ¿Dónde está mi Felipe? - preguntó.
- Está estable, pero no responde a los estímulos —dijo Marta—. Es como si no quisiera despertarse.
- Yo no pude venir antes, tuve un accidente - lloró -. Nació y yo no estaba. ¿Y si por eso no quiere abrir los ojos?
Devolví a Tomás y me acerqué despacio.
—Perdón —dije—. Yo soy Laura.
—¿Vos trabajás acá?
—No. Yo vengo a abrazar bebés.
—¿Abrazaste a mi Felipe?
—No todavía. Pero puedo hacerlo si querés.
—¿Para qué, si ni reacciona?
—Porque todos necesitamos que nos abracen —repetí.
Marta la animó a intentar el contacto piel a piel. La mujer dudó.
—¿Y si no funciona?
—Entonces al menos sabrá que su mamá está acá —le dije.
Prepararon todo. Colocaron a Felipe contra su pecho. Él no se movía. Ella lloraba:
- Cantale —le dije—. Él conoce tu voz.
- No sé cantar.
- No importa. A los bebés no les importa si cantás bien. Les importa que seas vos.
Ella cantó una canción en quechua. Pasaron unos minutos… y Felipe cerró los deditos, agarrando su bata.
- Marta —susurré—. ¡Mirá!
Felipe abrió los ojos.
- Hola —le dijo ella—. Soy tu mamá.
Los monitores mejoraron.
- Significa que te estaba esperando —dije.
La señora Méndez me miró con lágrimas.
- Gracias —dijo.
- Yo solo abrazo bebés -respondí- . Vos hiciste lo difícil. Viniste a buscarlo.
Esa noche, en el colectivo de vuelta, miré por la ventana y sonreí.
La gente piensa que doy abrazos porque tengo mucho amor para dar. Y es verdad. Pero también recibo amor.
Cada vez que un bebé se calma contra mi pecho, cada vez que una mamá encuentra a su hijo, yo también me curo un poquito.
Porque no importa cómo nacimos, o qué nos dijeron que podíamos o no podíamos hacer.
Lo que importa es esto: estar ahí cuando alguien nos necesita. Abrazar. Cantar. Quedarse.
Y eso sí lo puedo hacer.
Eso lo hago muy bien.”