- ¿Porqué son una mierda? Si se puede saber.
Es su deber como profesional cuidar a las alumnas así él no les enseñe en su clase. No podría dejarla sola en un momento así.
— Oh. Muchas gracias. Mis profesores son una mierda, ojalá los míos me cuidasen como usted — con cuidado se colocó la sudadera, parecía una niña pequeña porque le quedaba enorme.
- Soy profesor y entiendo tu preocupación. Al menos déjame darte ésto.
Extiende su brazo para darle su saco sin importar cuán largo sea o si lo arrastra por el suelo, es preferible a verla tan expuesta.
— No, gracias, no debería subirme al carro de ningún extrañano y más a estas horas. Paso vergüenza un poco más y ya — no sería nada nuevo en su gran expediente de vergüenza ajena.
Vaya.
Se le olvidó otra vez. Por eso siente tanto fresco, en fin, es de noche y su ropa interior también, espera que no se note demasiado.
— Quiero volver ya a casa.