“Hoy enfrentamos jugadores que pelean por el Balón de Oro, por el goleador histórico de los mundiales, NOSOTROS TENEMOS CHICOS QUE NO CONOCIERON A SUS PADRES.
YO QUERÍA INTENTAR UNA REVOLUCIÓN”.
Gustavo Alfaro, post derrota vs Francia. 🗣️🇵🇾
🎟️⚫️🔴 ¡ATENCIÓN HINCHADA MORLACA! 🔴⚫️🎟️
Las entradas físicas para el partido entre Club Deportivo Cuenca y Recoleta por la CONMEBOL Sudamericana están disponibles ÚNICAMENTE en la Cámara de Comercio de Cuenca 📍
🏟️ Federico Malo, frente al Parque de la Madre
Hoy más que nunca, #TodosAlASA🦁🔥
#VamosCUENCA #Sudamericana
He intentado mil veces poner en palabras lo que siento por ti…
pero hay amores que no se explican, se viven, se sufren y se celebran.
Eres historia, eres herencia, eres familia.
Feliz aniversario, CUENCA de mi vida 🦁🔴⚫️
GOLAZOOOOO 🫨💥
González la paró de pecho, giró y sacó un remate formidable para el 1-0 de @DCuencaOficial que juega con uno menos desde los nueve minutos.
#LigaEcuabet conectada x #Xtrim 🤳
Volvimos a casa 🏟️
Volvimos a mirarnos a los ojos y entender que este amor no tiene pausa 🦁🔥
La #MañanaColoradaBancodelAustro nos recordó quiénes somos: pueblo, pasión y familia 🔴⚫
#VamosCUENCA
¿SOCIEDADES ANÓNIMAS? Les dejo mi opinión, larga pero bien sustentada. Acepto opiniones.
La aprobación de la nueva Ley del Deporte en Ecuador, que finalmente abre la puerta a las sociedades anónimas en el fútbol, puede marcar un antes y un después. No es un simple cambio legal, es la oportunidad de corregir un modelo que viene fallando desde hace décadas.
Nuestro fútbol ha convivido históricamente con clubes de estructura tradicional, instituciones “de todos”, pero en la práctica de nadie. Clubes sin dueños reales, con socios que en realidad son simples abonados y que, por la limitada masa social, poco o nada representan para la economía del club. Dirigencias transitorias, sin responsabilidad patrimonial, que administran recursos ajenos, se endeudan sin medir consecuencias y dejan la carga al siguiente. Así se explica por qué Ecuador arrastra clubes quebrados y otros que ya desaparecieron.
Ese es el gran problema del modelo tradicional no necesariamente caduco, sino mal entendido o mal utilizado, donde nadie responde con su propio dinero. El dirigente gasta, promete, firma contratos, acumula deudas… y cuando se va, el problema queda. No hay incentivos reales para administrar bien, ni castigos efectivos para el mal manejo.
Aquí aparece una de las grandes virtudes de las sociedades anónimas. En este modelo, el dueño arriesga su propio capital. Nadie se perjudica a sí mismo. Nadie invierte millones para después destruir su propia inversión. La lógica cambia por completo, se planifica, se cuida el patrimonio, se piensa a largo plazo.
Ahora, un gran problema es que, durante años, una parte del hincha (por desinformación) ha creído que convertir un club en sociedad anónima implica perder identidad, “soberanía” o también riesgo de abandono, como si un inversionista fuera a abandonar una institución después de poner millones de su bolsillo. Esa falsa creencia tuvo una consecuencia clara, los grandes inversionistas nunca pudieron llegar a los clubes históricos. ¿Por qué arriesgar tanto dinero si una mala temporada, empujada por la presión (muchas veces irracional) de la hinchada, podía sacarlos del proyecto?
Ante ese vacío, en los últimos años comenzaron a proliferar clubes nuevos, sin historia, sin conexión, sin afición y con escasa audiencia. Formalmente son clubes bajo estructura tradicional, pero en la práctica funcionan como sociedades anónimas encubiertas. ¿Por qué? Porque sus “socios” son los propios directivos, no hay presión social ni elecciones conflictivas, y se puede invertir con tranquilidad.
El resultado es un fútbol cada vez más lleno de equipos sin peso popular. Un torneo que pierde valor deportivo y comercial.
La nueva Ley del Deporte abre una posibilidad distinta, la convivencia real de ambos mundos. Clubes históricos que puedan transformarse en sociedades anónimas, atraer inversión seria, ordenar sus finanzas y recuperar competitividad; y, un freno natural a la proliferación de equipos sin identidad, porque ahora los capitales sí podrán llegar a las instituciones con historia y tradición.
No tengo nada en contra de instituciones como Independiente del Valle. Al contrario, los admiro y los respeto profundamente. Son el mejor ejemplo de lo que puede lograr una inversión privada responsable y profesional. Le han dado muchísimo al fútbol ecuatoriano y seguirán aportando. IDV demuestra que el problema nunca fue el capital, sino la falta de un marco que permita hacerlo bien.
La pregunta de fondo es simple y directa. ¿Qué preferimos? ¿Seguir viendo cómo las instituciones históricas se apagan lentamente bajo un modelo agotado, mientras aparecen clubes sin afición? ¿O dejar atrás el miedo y la desinformación, y permitir que el capital responsable haga sostenibles a los clubes que le dieron identidad a nuestro fútbol?
Porque, seamos claros, la historia, la identidad y la pasión no desaparecen porque cambie la figura jurídica. Ahí están varios de los grandes clubes del mundo, manejados como corporaciones.