Cuando ir a cenar al Mc Donald’s a las 7 de la tarde de un sábado era lo mejor que podías hacer con los colegas. Qué maravilla de etapa, qué sensación de independencia.
Me aburre soberanamente la gente que habla sin parar de sus cosas pero muestra desinterés por las tuyas. A mí me encanta escuchar y preguntar y tal, pero llega un punto en el que saberme la vida de alguien que no sabe casi nada de mí es, con perdón, un coñazo.