La disonancia cognitiva de vestir como en verano a finales de agosto y ver lo inexcusablemente hermoso del atardecer sobre el mar, sabiendo que todo esto es una señal de algo terrible y mortal, me atormenta.
Nada te prepara para aceptar que el fin del mundo puede verse hermoso.
Solo 5 ó 6 de 27 estudiantes en una escuela de Lima, Perú, saben que van a hacer al acabar la secundaria, nos decía una maestra. Muchos serían los primeros de sus familias en acceder a la educación superior, por lo que las personas en quienes más confían no pueden orientarlos mucho sobre las opciones que tienen por delante. Un orientador profesional basado en Inteligencia Artificial, parte de la plataforma Eligiendo Mi Camino, fue una vía de solución. Fue desarrollado por el @BancoMundialLAC junto con la Dirección Regional de Educación de Lima Metropolitana, las startups peruanas @udocz y Aidea for Education , y el laboratorio de @AnthropicAI . El programa se basa en datos salariales de más de 130 ocupaciones en doce sectores. El orientador de IA entrevista a cada estudiante sobre sus intereses y dudas, corrige los mitos que tienen y les da información para conocer sobre opciones con sus familias (que , por ejemplo, muchas veces preferirían una carrera universitaria a una técnica). Es información relevante, actualizada y personalizada para cada estudiante. En este blog, mis colegas @Eze_TEACH, Carolina Lopez y German Reyes discuten los detalles y los resultados iniciales de una evaluación.
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Adiós al mito del 'goteo': 50 años de datos en 18 países OCDE confirman que bajar impuestos a los ricos aumenta su renta 0,8% y la desigualdad pero NO sube el PIB ni baja el paro.
Solo enriquece más a los ricos. Punto.
Hay un momento en que el futuro llega a la vida de los jóvenes y deben de tomar decisiones. Ningún joven debería llegar a ese momento solo.
En Perú, 7 de cada 10 estudiantes que terminan la secundaria no acceden a la educación superior, y la mayoría termina en la informalidad. Muchas veces no es por falta de talento o ganas, sino por falta de orientación.
"Eligiendo Mi Camino" nace para cambiar eso: una plataforma educativa basada en inteligencia artificial, fruto de la alianza entre la Dirección Regional de Educación de Lima Metropolitana (DRELM) y el @BancoMundialLAC , que ya acompaña a cerca de 4,500 estudiantes en 85 colegios públicos de Lima.
En su corazón está "Gallito", un coach vocacional con IA que conversa con cada estudiante —qué le gusta, qué prefiere, hacia dónde sueña ir— para ayudarlo a descubrir qué carrera se alinea con quién es. Es un gusto ver a jóvenes que van encontrando su camino.
La plataforma también incluye un tutor de matemáticas con IA. No es un detalle menor: las matemáticas suelen ser uno de los mayores obstáculos para quienes quieren seguir estudiando. El tutor ayuda a superarlas, y así abre la puerta que el coach ayudó a elegir.
Y detrás de cada herramienta hay un docente que la hace posible. La IA no reemplaza a los maestros: los potencia y les facilita el trabajo con sus estudiantes. Esta iniciativa se lleva a cabo en colaboración con el Banco Mundial, la empresa de tecnología educativa @udocz y @AnthropicAI .
@Eze_TEACH, Carolina Lopez y @MariandreC son parte del equipo que trabajan con esto aliados y con el equipo de la DRELM en este esfuerzo .
Perú blinda a policías y militares ante la justicia civil
El Congreso de Perú aprobó una ley que establece que los presuntos delitos cometidos por policías y militares durante el ejercicio de sus funciones serán juzgados exclusivamente por tribunales militares y policiales, y no por la justicia ordinaria. La norma fue aprobada pese al llamado del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, que pidió al Parlamento no avanzar con la iniciativa. El organismo advirtió que las posibles violaciones de derechos humanos deben ser investigadas y juzgadas por tribunales civiles independientes e imparciales.
Los 42 equipos de hemodialisis, claves para los pacientes renales, comprados en el 2022 y abandonados en un almacén en el sótano de Essalud. Pertenecen a la empresa Fresenius Medical Care. Fueron hallados tras una visita inopinada en Congreso y en Contraloría. #OcurreAhora
Lo que hicieron América y Datum es irresponsable y antidemocrático. Se zurraron en el JNE y en los 65 mil peruanos que hoy votarán. Solo hay una explicación: presionar para que López Aliaga sea el rival de Fujimori.
Datum ha tirado por la borda el poco prestigio que le quedaba.
Me sorprende que ahora les importe los derechos de los votantes de Lima cuando hace 5 años estaban viendo como anular los derechos de los votantes de Puno.
Había dos opciones: 1) aceptar que en todas las elecciones el % de mesas no instaladas es similar y cerrar el proceso (y establecías responsabilidades); 2) ampliar la hora y RETRASAR el boca de urna y conteo rápido. La 3ra opción de votar el 13 es absurda e irregular.
Lo que está haciendo el JNE no tiene nombre. Se está generando un precedente nefasto al romper el principio de unidad del acto electoral.
Van a terminar judicializando el proceso electoral. Siguen minando lo poco que nos queda de democracia.
Mi posición:
Lo que ha dispuesto el JNE es grave porque:
1) En el peor de los casos debió disponerse una ampliación continua. Ahora un grupo concentrado en Lima votará conociendo resultados anticipados.
2) El problema de instalación de mesas no parece ser demasiado distinto a otra elecciones. La responsabilidad de ONPE no debería distorsionar las elecciones.
3) El voto debe ser libre y espontáneo y esto ya no está garantizado pues se abre una votación condicionada a los múltiples bocas de urna y conteos.
Llama la atención que el fujimorismo y Aliaga, “ordenan elecciones complementarias” y el JNE acata inmediatamente, sin una mayor reflexión ni efectos. El precedente es nefasto.
Pregunta políticamente incorrecta: ¿Cuándo no se instalan mesas en el resto del país no pasa nada, pero cuando sucede en Lima, la elección se alarga un día más distorsionando todo el proceso? 🤔
#LoÚltimo 🚨Coordinadores de la @ONPE_oficial en el colegio 7098 Rodrigo Lara Bonilla, en Lurín, anunciaron el cierre de todas las mesas de sufragio por falta de material electoral. A los electores se les informó que no habría votación en el local. 🧵
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Servicios Generales Galaga, la empresa de logística a la que ONPE responsabiliza de las demoras en la entrega del material electoral, fue fundada en 2010 por el empresario Juan Charles Alvarado Pfuyo.
Solo en 2025 registra millonarios contratos con el Cenares y la Diris Lima Sur
Epstein: el poder del mal
Los archivos Epstein no son solo un escándalo sexual. Revelan cómo funciona el poder cuando no rinde cuentas, cuando se sabe blindado por el dinero, las instituciones y el silencio mediático. No hablamos de individuos, sino de un sistema que convierte a las personas en mercancía y a la violencia en una herramienta más de dominación.
Lo verdaderamente perturbador no es solo la magnitud de los crímenes, sino la normalidad con la que el mundo sigue girando después. No hay colapso moral. No hay ruptura del consenso. Apenas un par de titulares que se consumen rápido y se olvidan aún más rápido. La impunidad ya no escandaliza: se asume.
Quizá lo más grave que revelan estos documentos no sea quién manda, sino cuánto hemos aprendido a tolerarlo. Hasta qué punto una parte de la sociedad prefiere no saber, no mirar, no cuestionar. Porque aceptar la verdad implicaría algo mucho más difícil: asumir que el sistema que nos gobierna está podrido y que cambiarlo exige conflicto, incomodidad y organización.
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
Un análisis descarnado de lo que está ocurriendo en Venezuela. Y si seguimos a Greg Granding, Empire’s Workshop, somos testigos de un nuevo experimento imperial, “pedagogía cruel del poder” lo llama el autor de esta columna, en la tierra de Simón Bolívar. https://t.co/rvgnMFkCSi
Una policía dispara al cuerpo, como si nada, en medio de fotógrafos, no le importa. Jeri es peor que Boluarte. Jeri hace lo que no se atrevió Dina en Lima. Querían saber qué era una dictadura, esto es. Miserables. Solo el pueblo salva al pueblo. Cuidémonos.