🚨🇦🇷🇪🇬 Rio Ferdinand: “Football Needs Fairness, Not Different Rules For Different Teams”
🗣️ “I’ve sat here and watched football for many years, both as a player and as a pundit, and what frustrates supporters the most is inconsistency.
When Argentina go down under a challenge, the whistle seems to come immediately. The officials are quick to spot the foul, quick to stop play and quick to protect them. But when Egypt are on the receiving end of similar incidents, suddenly the game is allowed to continue and everyone is told to move on.
That’s the issue people have tonight. Not the result itself, but the lack of consistency in the decision-making.
Then you look at the build-up to Enzo Fernández’s winning goal. Egypt were screaming for a foul, their players were surrounding the referee, and millions watching expected VAR to at least take a proper look at it. Instead, it felt like everyone in the VAR room had gone to sleep.
What exactly is VAR there for if not to review the biggest moments in the biggest matches?
If that incident happened against Argentina at the other end of the pitch, do you honestly believe it wouldn’t have been checked? I find that very difficult to believe. We’ve seen much softer incidents reviewed throughout this tournament.
That’s where the frustration comes from. Fans just want the same standard applied to every team.
And let’s talk about the disciplinary side of the game. Argentina seem to get away with an awful lot. There are challenges that would normally bring yellow cards, yet the referee appears reluctant to reach for his pocket. It’s almost as if officials are afraid of making decisions that might upset Argentina.
When you look at some of Argentina’s matches in this tournament, there have been several moments where opponents felt hard done by. One incident can be debated, two incidents can be debated, but eventually people start noticing a pattern.
Football cannot afford that perception. The integrity of the game depends on supporters believing that every nation is treated equally.
Whether you’re Argentina, Egypt, Brazil, France or anyone else, the laws of the game should not change depending on the badge on your shirt.
The officials tonight had a responsibility to be fair, balanced and brave. Instead, they have left millions of people questioning why some decisions are given so easily for one side while similar incidents involving the other side are ignored.
Football deserves better than that. The players deserve better than that. And the fans certainly deserve better than that.”
#ARGEGY
🚨Thierry Henry on Portugal’s elimination from the FIFA World Cup:
🗣️ “I’m going to say something that a lot of Portuguese supporters probably don’t want to hear.
This Portugal team has massively underperformed.
Not because they lacked talent, but because too many of their biggest players never reached the level everyone expected.
Bruno Fernandes has been dreadful by his own standards throughout this World Cup. The creativity, the leadership, the decisive moments we’ve seen for years simply weren’t there. Then you look at Vitinha and João Neves—fresh from winning the Champions League with PSG. Two midfielders who dominated Europe. Yet in this tournament, they’ve been almost invisible. Missing in action when Portugal needed control, composure and personality.
And then there is Cristiano Ronaldo.
People will blame him because that’s the easy thing to do.
I won’t.
Because if you decide to start Cristiano, then you have to build situations that suit him. Instead, Portugal kept circulating possession without purpose. They had one of the greatest penalty-box finishers football has ever seen, yet they hardly gave him the service he lives on. That’s not on Ronaldo. That’s on the team around him.
Spain deserve enormous credit.
They played with a clear identity from the first minute until the last. Every player knew his role. Every movement had purpose. Portugal, on the other hand, looked like eleven talented footballers trying to solve the game individually rather than collectively.
That’s why Spain are still in this World Cup.
And that’s why Portugal are going home.
Not because they had worse players…
But because they never played like a better team.”
Los iraníes Mohammad Mohebi y Mehri Taremi:
"El Mundial es un desastre para nosotros. No queremos tener excusas, pero no es una competición justa".
Los jugadores de Irán explican que deben entrar y salir de Estados Unidos el mismo día desde México y que están cansados.
❌ VERGÜENZA MUNDIAL
🗣️ @aitorlagunas: "Lo que estamos viendo en los últimos días no es ni medio normal. Jugadores cacheados, equipos que tienen que cambiar de sede para entrenar tranquilos, árbitros que no pueden entrar al país… Todo eso lo estamos viviendo y espero que no lo empecemos a normalizar. Un Mundial que nos habían prometido como el mayor de toda la historia… efectivamente es la mayor vergüenza".
🌎 #DQPV10
Está todo el mundo hablando de La Casita de Bad Bunny pero tengo la sensación de que casi nadie sabe su historia y su genealogía, lo cual es un poco perverso porque la historia de La Casita es tan intrincada como una peli de terror psicológico.
La cosa —y la casa— tiene un principio, que está en Long Island en 1947. Allí un tipo llamado William Levitt miró un campo de patatas y vio, en lugar de patatas, el futuro de la clase media estadounidense, que para él tenía forma de diecisiete mil casas iguales. Literalmente Iguales.
Levitt había aprendido en la Marina a construir barracones a toda velocidad y aplicó la misma idea al baby-boom de posguerra: dividió la construcción de una casa en veintisiete pasos, puso a un hombre a hacer solo el paso nueve durante el resto de su vida natural, y empezó a escupir viviendas a razón de una cada dieciséis minutos. El que ponía los grifos no sabía clavar un clavo y el que clavaba no había visto un grifo, y entre todos, sin que ninguno entendiera la casa entera, levantaron un suburbio del tamaño de una provincia. Se llamaba Levittown.
Que tú dices pues muy bien, vivienda barata y rápida. Y sí, eso lo era. Y racista también, porque el contrato de esas casas idénticas incluía una cláusula que prohibía venderlas a cualquiera que no fuera de raza blanca. Estaba escrito. Con tipografía. O sea, la utopía de la clase media pero no me pongas negros ni hispanos cerca.
Así que tanto Levittown como todas las urbanizaciones que se construyeron en las afueras, también las que no tenían la cláusula explícita, se llenaron de blancos que huían de las ciudades —esto tiene nombre técnico, White Flight, la fuga blanca, que suena a maniobra militar y en el fondo lo era— dejando los centros urbanos a quienes no podían comprar un chalecito. El resultado fue un paraíso siniestro de céspedes idénticos donde todo el mundo era exactamente igual porque por contrato no podía ser de otro modo.
Unos quince años después, un funcionario de Puerto Rico se fue a Toa Baja, al norte de la isla, y desplegó sobre una mesa los mismos planos. Otro Levittown. La promesa de la clase media estampada en hormigón, y todo dentro de algo llamado Operación Manos a la Obra, donde las manos eran las de los boricuas y la obra de los gringos.
Aquí no había cláusula racial porque sería algo absurdo en un lugar tan mezclado como Puerto Rico y, claro, también porque en la isla la exclusión funcionaba por canales económicos, no por los del color de la piel. O no solo. El caso es que el módulo de Levitt entró y dentro de cada casita idéntica un puertorriqueño se instaló a desear exactamente lo que un señor de Long Island había decidido que un estadounidense debía desear.
Pasan sesenta años. La arquitecta Mayna Magruder Ortiz mira una vivienda real en Humacao, ahora al este de la isla, mira los planos de Levittown, y hace lo que hacen los arquitectos, que es copiar. Según algunas revistas de arquitectura, Mayna Magruder combina la herencia del XIX con la urbanización de posguerra, pero el resultado es una casa que está por todo Puerto Rico. Rosa pastel. Cornisas amarillas. Sillas de plástico monobloc, las que pesan ochocientos gramos y aguantan a un obispo, las que tu tío apila de seis en seis al final de la fiesta, el grado cero de la civilización con clima benévolo. También tiene la misma cubierta plana, salvo que aquí no es tejado sino un sitio para bailar, porque alguien decidió en una reunión que esa cubierta que durante toda la historia de la arquitectura caribeña sirvió para no morir bajo la lluvia, fuese ahora un escenario con aforo.
Pero lo que más conocemos todos es el balcón con marquesina. El balcón de la casa obrera puertorriqueña era el órgano social de la vivienda, el sitio donde se enfriaba la cerveza, se vigilaba al vecino y se conspiraba contra el casero, el único lugar donde la clase trabajadora hacía la cosa verdaderamente subversiva, que es estar junta sin pagar entrada.
En La Casita de Bad Bunny el balcón también tiene aforo. Quince personas. Y las quince son Ester Expósito, Los Javis, Lamine Yamal, una cantante llamada Judeline cuyo nombre se evapora a mitad de pronunciación, influencers cuya influencia también está en proceso constante de evaporación, además de unas cuantas chicas desconocidas, blancas y europeas pero disfrazadas de caribeñas a las que un ojeador —y la palabra es exacta— ha elegido para que puedan competir entre ellas por quién sale más segundos en las pantallas gigantes, cinco, trece, veintiuno. Ah, y Marta Ortega, presidenta de Inditex, que baila dentro de la réplica de una casa de clase trabajadora mientras por los altavoces suena un tema sobre la gentrificación de la isla, sobre la mudanza forzosa, sobre la bandera celeste de los independentistas, y nadie en el estadio detecta el cortocircuito porque no hay cortocircuito, el aparato fue diseñado para que la crítica del aparato circule por sus propias cañerías sin tocar jamás una pared.
Y así, la marquesina donde el bisabuelo no tenía dónde caerse muerto es hoy el lugar más caro del universo al que no puedes comprar entrada, porque no se vende, solo se concede, que es la forma final del lujo, el lujo que ni siquiera te deja la dignidad de pagarlo.
En 1967 —poco después de la Operación Manos a la Obra— Guy Debord dijo que la sociedad contemporánea no era una sociedad basada en la imagen, sino que era una sociedad *que es* imagen. La Casita es esa frase hecha hormigón rosa. La sociedad del espectáculo ha localizado una cosa sin mercantilizar —la nostalgia del barrio, la silla de plástico— y la ha mercantilizado tan a fondo que la ha construido a escala 1:1, la pasea por cuatro continentes y te cobra cien euros por verla de lejos y ni siquiera te das cuenta de qué es eso que ves de lejos.
El espectáculo ha engullido la historia de La Casita, la ha digerido, la ha metabolizado y la ha regurgitado convertida en lo que siempre devuelve el espectáculo después de comer, que es más espectáculo.
"Este tipo de catástrofes se acaban reduciendo a un número, y ese número se acaba convirtiendo en algo que no tiene peso", @Pedro_Torrijos, escritor de 'Catedral de escombros'.
La pizarra de Rubén Albés
El empuje de toda una afición
El alma del @RealSporting para remontar y ganar
Así son los lunes de pasión en El Molinón 🔴⚪
#LALIGAHYPERMOTION
Ferran Torres (1 gol y 2 asistencias en 9 partidos) va convocado con España por delante de Samu Omorodion (7 goles en 6 partidos), Ayoze Pérez (6 goles en 7 partidos) e Iago Aspas (4 goles y 2 asistencias en 8 partidos).
El golazo de Andy Carroll para empatar ayer el Girondins Bordeaux- Voltigeurs de Châteaubriant. Su equipo perdía 0-2 y marcó un doblete en su debut en cuarta división francesa. Pasan los años y el inglés no pierde el instinto goleador.
No sé a qué punto nos va a llevar la IA, pero está claro que nos va a dejar muchos momentos graciosos, como este de Messi bailando en los años 80:
📽️@crisvond