Cada experiencia que he vivido, incluso las más dolorosas, no me definen: me han moldeado.
No necesito ocultar mis cicatrices; ellas son testigos de mi fuerza, no de mi debilidad.
En algún momento de nuestro camino como médicos, nos convencemos en pensar, que nuestra única labor es hacer diagnósticos y formular tratamientos.
¿Dónde quedan el acompañar, conocer, sonreír, aliviar, escuchar?
¿En qué momento se nos olvida que al frente hay otro ser humano?