julián: nos llamaron porque van a hacer la mc álvarez y la mc fernández
macallister: mc donald’s los llamó A USTEDES?
enzo: y sí qué te van a llamar a vos? te llamás alexis nada que ver
KJJJJJJ dios es buenísimo
Me acuerdo la primera (y la ultima) vez que le dije "puta" a una piba. Tenía cosa de 10 años y estábamos en la costa con mi familia, paseando por la peatonal de San Bernardo. Era de noche, carnaval, había corridas, espuma, bombuchas.
Sentí que atrás alguien me había tirado espuma en la espalda. Yo no estaba jugando. Me di vuelta y era una chica más grande que yo, de unos 14 años. Se estaba riendo, mis viejos (y la familia de ella con sus hermanas o amigas) también, como la gente alrededor porque claro, estaban jugando. Era un juego.
Yo no lo entendí así. Me sentí mal, ridiculizado por alguien más grande que yo. No tenía herramientas para regular (o digerir y arremangar) el enojo. Me di vuelta y le dije una sola cosa: "puta".
No me olvido mas. Mis hermanas dejaron de reírse, mi vieja también. La chica y la familia siguieron caminando, aceptando que era el enojo de un nene chico, medio boludo. Mi viejo me miró como para darme un cachetazo sin precedentes.
Pero en vez de hacer eso, me agarro del brazo, me hizo caminar rápido para pedirle disculpas a la nena. (Porque también me vio mal por haber usado esa palabra del mundo adulto). El le pidió disculpas al padre y a la madre, y yo le pedí disculpas a la nena. Le dije muy tímidamente que no quise decirle eso, que estaba enojado y que me perdonara. Me perdonó, los padres agradecieron al mío, nos saludamos todos. Pero no terminó ahí.
Volvimos callados. Yo todavía me acuerdo de la angustia infantil, y la recuerdo porque fue posiblemente la primera gran cagada, de esas en las que esperas que el tiempo retroceda, o las que sabes que vas a tener que enmendar con otras mejores. Era chico, mi hermana más grande me abrazaba sin decir "te mandaste una cagada boludito, pero ya paso".
Abrimos la puerta de la casita en la que estábamos y el único aliciente era el olor a casa de costa. Se prendió la luz y lo primero que escuché fue "Entendés por qué lo que hiciste estuvo mal?"
Hablamos de por que me enoje así, que no podía reaccionar de forma extrema ante algo que sentía. Que era una palabra horrible para que diga un nene, que yo no entendía el significado de lo que dije y me explicaron que era algo denigrante y muy violento de decir, mas si es como intención de lastimar.
Las dos cosas más importantes fueron que "Diciéndole puta a esa nena, le dijiste puta a tus hermanas y a tu mama". Me aniquiló para toda la cosecha, pero lo entendí. Y lo otro, fue que si me enojaba, tenía que buscar la forma de no reaccionar así, porque no solo no estaba bien, sino porque no lo ameritaba. Yo me enoje y la nena estaba jugando.
Un nene que piso el mundo adulto de la peor forma y fue devuelto a la niñez con una enseñanza a través de un cachetazo formativo que todavía dura hasta hoy.
Hombres, padres, amigos, compañeros: eduquen a sus pares, a sus hijos, a sus hermanos y amigos hombres en estos sentidos. Aunque sea rudimentario, funciona, se entiende y se hace carne.
Mis dos centavos.
Porque conozco del caso (y todo el antecedente) que mencionas @santiagobecdach no me sorprendió la noticia de hoy.
Lamentable que siga en el cargo y haya tocado otros procesos.
Veamos qué dicen ahora.
Este fiscal es especialista en “estirar el derecho” (ustedes entenderán las razones).
Ha acusado de abuso de confianza a una cónyuge victima de maltrato, por un traspaso de acciones que volvió a su misma sociedad conyugal, en una transacción societaria que cuenta con firmas de los involucrados y esta idiotez que de jurídico no tiene nada; ha sido aplaudido y ratificado por el fiscal provincial de los Rios, Marco Ordeñana Baldeón; si esto no huele a podrido, parece favor entre compadres y otras cositas más que ustedes entenderán.
🚩Entonces ¿qué es?
Cc: @FiscaliaEcuador@CJudicaturaEc@MarioGodoyEc
#WilsonToainga
¿Te imaginas que te digan que tu hija no se acuerda de ti y que por eso no te llaman?
Eso fue exactamente lo que le dijeron a Gabriela, una madre separada de su hija.
No fue un malentendido. Fue un mensaje largo, cuidadosamente escrito, donde se le explicó que no la llamarían todos los días porque “no es una obligación”, y que si antes lo hacían era porque la niña lo pedía, pero que ahora simplemente no se ha acordado de ella.
Sí, así, con esas palabras.
Y no lo dijo cualquier persona. Lo dijo Lavinia Valbonesi, figura pública, madre, y esposa del presidente del Ecuador.
¿Desde cuándo el vínculo entre madre e hija se convierte en un “favor”? ¿Desde cuándo se justifica la falta de contacto diciendo que la niña no tiene interés? ¿Y desde cuándo se usa a una menor como excusa para invisibilizar el dolor legítimo de una madre?
Este no es solo un conflicto personal. Lo que se lee en esos mensajes es gaslighting emocional, violencia simbólica y revictimización.
Gabriela no pidió un privilegio. Pidió hablar con su hija. Pidió acompañarla, saber de ella, sentir que su amor de madre no era ignorado. Pero recibió desdén, sarcasmo y una retórica de “yo también soy madre” que no busca empatía, sino competencia.
Y cuando ella expresó públicamente su dolor (porque sí, tuiteó), le respondieron con más burla: “qué show el que pones”, “ni siquiera pidió volver a su casita”, “ni llanto alguno”. Como si una niña de esa edad tuviera que armar una escena para que se valide el lazo materno. Como si expresar el dolor fuera un pecado.
Luego, el remate: “Si ni ella está preocupada por hablar contigo, ¿por qué deberíamos estarlo nosotros?”. Frase que no solo es insensible, sino profundamente deshumanizante.
Gabriela fue tratada como una molestia. Como una exagerada. Como una mujer emocionalmente inestable por pedir lo que es suyo por derecho: contacto con su hija.
Este no es un caso aislado. Es una muestra más de cómo muchas mujeres, sobre todo en contextos donde hay poder de por medio, son silenciadas, desacreditadas y culpabilizadas por amar, por sentir, por insistir.
Ser madre no debería doler así. Y si duele, lo mínimo que merece Gabriela (y cualquier madre) es respeto.
No burlas.
No sarcasmo.
No crueldad envuelta en justificaciones.
10 de 10
ADOLESCENCE
La miniserie más impactante de Netflix en años: una disección brutal de la maldad y la desesperación.
Adolescencia no es un thriller convencional. Si la ves esperando misterio, giros inesperados o una trama de crimen clásico, te vas a equivocar. Esta miniserie no juega a ser un rompecabezas, es un bisturí afilado que corta la realidad en pedazos y te la muestra sin anestesia.
Desde el primer episodio, la historia te pone en una situación imposible: una familia común, tranquila, de clase media, ve su mundo desmoronarse cuando la policía entra en su casa para arrestar a su hijo de 13 años por un asesinato. La negación es la primera reacción lógica. ¿Cómo es posible que un niño, criado en un ambiente estable, sin traumas aparentes, pueda haber cometido un crimen así? ¿Qué clase de monstruo puede esconderse en el cuerpo de un adolescente retraído y tímido?
Los primeros minutos juegan con esa duda, con la posibilidad de que todo sea un error, de que las pruebas no sean suficientes. Pero al final del primer capítulo, la serie deja claro que no hay misterio: el crimen ocurrió, y él lo hizo. No hay escapatoria ni ambigüedades, y es ahí donde empieza el verdadero infierno.
Porque el horror de Adolescencia no está en el crimen en sí, sino en el proceso psicológico que viene después. ¿Cómo asimila una familia que su hijo es un asesino? ¿Cómo puede una madre seguir mirando a su hijo a los ojos sabiendo lo que ha hecho? ¿Cómo se enfrenta un padre al dilema de seguir protegiéndolo o aceptar que debe ser castigado? ¿Cómo sigues adelante cuando descubres que la persona que más amas es capaz de algo tan atroz?
A lo largo de los episodios, la serie disecciona cada una de estas preguntas con una precisión quirúrgica. La narrativa no busca el morbo ni el espectáculo, sino la verdad más cruda y psicológica: el dolor, la incomprensión, la negación y, finalmente, la aceptación de que el mal no siempre tiene una explicación lógica.
El capítulo 3 es la obra maestra de la serie. Aquí no hay acción, no hay flashbacks, solo una conversación entre el niño y su psicóloga. Y, sin embargo, la tensión es tan intensa que es imposible apartar la mirada. Cada pregunta es un golpe, cada silencio una amenaza, cada respuesta una grieta que se abre y deja ver lo que hay detrás de esa mirada aparentemente inocente.
Es aquí donde la serie brilla con un guion impecable, demostrando que no hacen falta efectos especiales, giros forzados ni escenas espectaculares cuando el terror está en la palabra. El niño, hasta ese momento una incógnita, empieza a revelar poco a poco su verdadera naturaleza. No se trata solo de que haya cometido un asesinato, sino de que su forma de ver el mundo es completamente diferente a la nuestra.
Adolescencia no busca justificar, pero tampoco satanizar. No te da una respuesta clara sobre si la maldad nace o se hace, pero te obliga a enfrentarte a ella sin edulcorantes. El verdadero horror aquí no es la violencia explícita, sino la incapacidad de entender cómo un niño puede cruzar la línea entre la humanidad y el vacío absoluto.
Esta no es solo la mejor miniserie que ha estrenado Netflix en los últimos años, es una de las historias más crudas y psicológicamente devastadoras que hemos visto en mucho tiempo.
Y no, no necesita más capítulos, lo que se quiere contar, está perfectamente contado.
#Adolescencia #Netflix #Miniserie #ThrillerPsicológico #CineySeries
Nadie me preguntó, pero es mi cuenta personal y es viernes, así que opinaré:
Lo de Lucía Jaramillo no tiene nada que ver con feminismo. Quien intente vincularlo, simplemente no entiende qué es el feminismo. De hecho, usar este tipo de casos solo desacredita un movimiento legítimo y necesario.
El feminismo no busca inmunidad ni privilegios; es la lucha por la igualdad de derechos y oportunidades entre mujeres y hombres. Nació en la pelea por el voto, la educación y la autonomía económica, y sigue vigente porque las desigualdades estructurales no han desaparecido (o me dirán lo contrario).
Me tomó tiempo identificarme como feminista, cuestionar, aprender y entender su profundidad como movimiento político, cultural y social. Cuando lo hice, lo abracé. Por eso, mujeres del mundo, no rechacen tan a la ligera lo que nos ha abierto tantas puertas y oportunidades. Pero bueno, gracias al mismo feminismo, tienen la libertad de hacerlo, y está bien :)
Y volviendo a lo de Jaramillo: no lo comparen ni lo mezclen. Un 💜no convierte a nadie en feminista. Al contrario, cada vez que dicen “es por todas” para justificar intereses personales y a conveniencia, deslegitiman la lucha.
Usar el feminismo cuando conviene no es feminismo. Es oportunismo.
Hola a todes hoy se estrena otra temporada de masterchef celebrities que la vera su prra madre porque no tengo luz a esa hora, ya saben tercer mundo pero se intentará, así que quienes son el nuevo cast, para ahorrarles la googleada, abro hilo :
#MCCelebrityEc
Chito Vera acaba de reconocer en una entrevista que perdió todos los años de secundaria y que su familia tuvo que pagarle a los profesores para pasar.
“Un libro y un lápiz se van a la verga”
Este señor fue cachiporrero de Lasso y Noboa
Eso no más les digo
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"Cuando tenía 19 años, mi jefe me dijo en una ocasión que debería trabajar en una línea erótica mientras se reía.
- "No entiendo", le dije.
Él respondió "es una broma".
- "Explícamela", repliqué.
Y así es como aprendí que cuando los acosadores tienen que explicar por qué se