Se trata de arder. Besar con hambre, escribir con ganas, amar con sed. Hacerlo con todas las fuerzas. Sentir la belleza, la vida, el temblor. No dejar de sentir.
El tiempo refina las obsesiones, rebaja las expectativas, dibuja cruelmente los contornos de nuestra identidad más verdadera y perdurable: eso es lo que somos, lo que no podemos dejar de ser.