La amistad después de tener hijos cambia más para las mujeres que para los hombres. A los hombres sus amigos igual los invitan a hacer cosas, en cambio a las mujeres muchas veces ni siquiera nos consideran en lo planes.
Y si Dios ha escrito nuestros nombres en el mismo capítulo, nada podrá impedirlo.
Ni la distancia.
Ni el miedo.
Ni los años.
Porque lo que está destinado a florecer bajo Su voluntad siempre encuentra la estación correcta para hacerlo.
DD🤍✨
Preparación para convertirnos en quienes debemos ser.
Para sanar.
Para crecer.
Para aprender.
Para que, si algún día llega el momento, podamos encontrarnos de verdad.
ambién sé que hubo miedo.
Miedo al amor.
Miedo al tiempo.
Miedo a todo lo que habría cambiado si nos hubiéramos atrevido.
Y quizá por eso nuestros pasos nunca coincidieron del todo.
Sé que ambos hemos sentido lo mismo.
Ese extraño reconocimiento.
Esa sensación de llegar a casa cuando nuestras almas se encuentran, aunque sea por un instante.
Nos hemos equivocado.
Nos hemos alejado.
La vida nos ha llevado por caminos distintos una y otra vez.
Pero hay algo que nunca logró desaparecer:
la certeza de que nuestra historia aún no encuentra su última página.
Este año se cumplen diez años.
Diez años desde que la vida cruzó nuestros caminos por primera vez.
Y después de todo este tiempo, sigo sintiendo que nuestra historia nunca ha sido una despedida, sino una pausa.
Nunca fuimos.
Y, sin embargo, siempre existimos.
Como una melodía que acompaña el corazón aunque nadie más pueda escucharla.
Como una oración que se repite en silencio durante años.
Hay amores que nacen en las manos.
El nuestro nació en el alma.
Antes de las promesas.
Antes de los planes.
Antes incluso de saber lo que significábamos el uno para el otro.