Si soy capaz de criarme a mí mismo, voy a ser capaz de criar a un hijo, aunque, de hecho, jamás lo haga. Porque no es necesario hacer algo de hecho para ser capaz de hacerlo. A la inversa, por supuesto, es imposible hacer algo de hecho cuando no se es capaz de ello.
Adentro mío hay un niño así. No puedo evadir sus berrinches, porque son los míos. Tengo que validar su frustración, y ser paciente con ella, dure lo que dure, grite lo que grite. Porque no es lícito que tenga lo que quiere. Con el tiempo, se va a calmar. Pero con el tiempo...
Cuando veo a un niño berrinchudo y caprichoso, me lleno de desagrado. Es algo odioso. Pero sé que necesita límites amorosos, que se lo consuele en su llanto, aunque sin complacerlo. Que se lo acompañe a entender que es válido lo que quiere, pero no es lícito que lo tenga.