De niño me apareció el asma. “Doctor, le dije al médico, cuando corro y subo escalas, me falta la respiración”. -Pues quédese quieto fue su frase lapidaria. Demoledora. La declaración del Ministro de Salud sobre Kevin, el niño hemofílico, es decepcionante. Primero como médico. Cuando la ciencia tiene respuesta profiláctica, la idea es afectar al paciente lo
menos posible. Hay aquí un problema de ��tica médica. Como gobernante: la EPS manejada por el
Estado no le brindó atención suficiente y oportuna. El deterioro del sistema de salud es evidente. Había problemas pero la solución pretendida, llena de prejuicios ideológicos, resultó peor.
Restaurar el prestigio del país.
En un mundo en el que el derecho internacional ha sido suspendido, el prestigio es un recurso de poder accionable, concreto y vital.
El prestigio es la función de fuerza + legitimidad. Hace unos años Colombia exportaba su modelo de cooperación y asistencia en seguridad a otros países. Una reputación establecida entre otras agencias de inteligencia que reconocían y respetaban nuestras capacidades.
Hoy exportamos mercenarios, la inteligencia está desmantelada y la incompetencia - otra forma de corrupción- se volvió norma. Nuestra vocación de potencia regional se marchitó sin florecer.
Un Estado sin vocación de prestigio, es decir sin fuerza ni legitimidad, no es un Estado, es una ONG.
Este librito de Porter es una de las miradas más agudas y mórbidas para quienes quieran profundizar en el tema…
Frase de Monseñor Rueda para enmarcar: “se necesita mucha valentía para mantener el ejercicio de la actividad política y de gobierno dentro de los límites de la nobleza y la decencia”. No es tibieza.