Vivir a 45 minutos en bus del trabajo, en una casa compartida con otros dos, ganando 30000€ al año después de haber estudiado una de las mejores carreras del mundo y con tu familia a hora y media de ti en un tren que se rompe no es el peak de la calidad española que creéis.
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Hay una ciudad en el Caribe colombiano donde la historia no se conserva en vitrinas ni se limita a los archivos escritos. Allí, la memoria baila, canta y viste. Barranquilla es el escenario de una de las manifestaciones culturales más complejas, vivas y significativas de América Latina: el #CarnavalDeBarranquilla. 🇨🇴
Lejos de ser una postal del pasado, hoy se proyecta como una plataforma cultural contemporánea, abierta a nuevas narrativas artísticas y lenguajes visuales actuales. El Carnaval no se explica del todo. El Carnaval se vive. ✨
Vogue se adentra en una de las industrias creativas y culturales más importantes de Colombia. 🤩
When you realize that job you once fought so hard to get is unfair, chaotic, overworking you, under paying you, and management play favorites (not you).
Every shift absolutely drains you.
Here is your permission slip to leave.
I read a quote that said, “You can be the prettiest shade of green, but you’ll never be enough for someone whose favorite color is blue,” and it really stuck with me.
Mi mayor decepción laboral fue entender que no basta con hacer bien tu trabajo, con amar lo que haces, con querer estar en ese lugar. Si no encajas, no caes bien o no te alineas con el ego de quien te lidera, vas perdiendo. Aunque seas competente, aunque des tu mayor esfuerzo, aunque tengas sentido de pertenencia, aunque cumplas con todo NO será suficiente.. 🤫🤫
The banana empire "Chiquita" massacred up to 2000 striking Colombian banana pickers on this day in 1928. But the bloodbath is just one chapter in Chiquita's long, bloodstained history. 🧵
A los Colombianos en el exterior,
A ustedes les tocó irse. Empacar la vida en dos maletas, decirle adiós al aeropuerto tragándose las lágrimas y empezar de cero en un país que no era el suyo. Y aun así, cada mes mandan plata, sostienen familias completas, pagan arriendos, mercados, estudios. Colombia duerme más tranquila porque ustedes no dejaron caer a los suyos.
Pero hay algo que casi nadie les dice: no solo son remesas, son poder político. Hoy son 2 millones de colombianos habilitados para votar en el exterior. Si en Colombia votan 20 millones de personas para Congreso, ustedes son el 10 % de toda la elección. No son un pie de página. No son un “agradecimiento especial”. Son una fuerza capaz de cambiar un resultado.
Cada vez que marcan un tarjetón en un consulado, ese voto pesa exactamente igual que el de cualquier mesa en Bogotá, Medellín o Cali. La diferencia es que el de ustedes viene cargado de algo más: viene con las horas extra, con la nostalgia, con la ausencia en los cumpleaños, con el “algún día vuelvo”. Ese voto tiene memoria y tiene dignidad.
Por eso este mensaje es para ustedes: no se queden solo mandando dinero. Manden también una señal clara con su voto. No acepten que los traten como cajero automático y foto de Navidad. Ustedes pueden decidir quién gobierna Colombia, incluso desde otro país.